Rincón desconocido de la semana en Salamanca: De guardar la cal de la Catedral a dar cobijo a los caminantes
En el edificio que hoy abre sus puertas a los peregrinos del Camino de Santiago que arriban a la capital del Tormes también hubo una antigua imprenta de la Universidad
En pleno casco histórico de Salamanca, muy cerca de un lugar tan literario como el Huerto de Calixto y Melibea, la calle del Arcediano custodia un edificio cuya fachada de piedra esconde más de quinientos años de historia. Hoy en día, los caminantes cruzan su umbral buscando cobijo; sin embargo, pocos sospechan que el actual albergue municipal de peregrinos de la Vía de la Plata guarda un origen estrechamente ligado al monumento más imponente de la ciudad. En esta ocasión, desgranamos la historia de este singular y desconocido rincón de Salamanca, y que hoy en día sigue siendo conocido como la Casa de la Calera.
Para entender la esencia de este enclave hay que remontarse a 1513, año en el que arrancaron los trabajos de construcción de la Catedral Nueva, y que se prolongarían hasta 1733. En aquellos tiempos la edificación funcionó como un almacén de obras. Allí se custodiaba la cal necesaria para alzar los muros del templo catedralicio, un uso crucial que acabó por bautizar la edificación para la posteridad con el nombre de la Casa de la Calera.

Con el discurrir del tiempo, las paredes de la antigua Calera cambiaron el polvo de la mampostería por el olor a tinta, al transformarse en una imprenta de la Universidad de Salamanca. No obstante, el destino de este rincón dio un nuevo giro en 2004, cuando abrió sus puertas reconfigurado como un moderno albergue para los caminantes del Camino de Santiago.
Desde su inauguración, este espacio se ha consolidado como una infraestructura básica para la recuperación, dinamización y puesta en valor de la mítica Vía de la Plata.

Descubrir hoy la Casa de la Calera es adentrarse en un viaje fascinante a través de los siglos. Es la oportunidad de pisar el antiguo almacén que contribuyó a la construcción de la Catedral, la imprenta que difundió el saber universitario y, en definitiva, el remanso de paz que sigue acogiendo con generosidad a quienes recorren la historia a pie.
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