Ana, la salmantina que da vida a los bebés reborn: "Es un trabajo artesanal que muchos no llegan a entender"

Detrás de cada muñeco hay horas de pintura, paciencia y una historia personal que comenzó hace casi una década

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Ana, la salmantina que da vida a los bebés reborn: "Es un trabajo artesanal que muchos no llegan a entender"
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 3 min.

En un pequeño rincón de Salamanca, entre pinceles, pinturas especiales y piezas delicadas, Ana construye algo más que muñecos: crea emociones. Se dedica, como hobby, al mundo de los llamados bebés reborn, figuras hiperrealistas que imitan con asombroso detalle a un recién nacido y que, en los últimos años, han generado fascinación y también polémica.

Su historia en este universo no comenzó por casualidad. Hace nueve años, tras una etapa personal difícil y después de más de una década sin poder quedarse embarazada a causa del estrés, empezó a acercarse a este mundo casi como un refugio. "Empecé a buscar gente y a conocer este mundo que es muy difícil de entrar, ya que las grandes artistas no querían enseñar a pintar y era muy caro poder hacer cursos", explica.

Lo que encontró fue un ámbito exigente, muy cerrado, donde aprender no era sencillo y donde la técnica se protegía con celo. Aun así, decidió quedarse. Poco a poco, fue formándose hasta dominar un proceso completamente artesanal, donde cada pieza requiere tiempo, paciencia y una enorme precisión.

 

 

Cada bebé reborn parte de kits originales con certificado de autenticidad, adquiridos en tiendas especializadas. A partir de ahí comienza un trabajo minucioso, casi silencioso, en el que se utilizan pinturas especiales, disolventes, esponjas, pinceles y horno. No hay nada improvisado. Todo está medido para lograr el máximo realismo posible.

"Lo principal es renacer a ese bebé como si fuera tuyo", dice Ana. Y en esa frase se condensa buena parte de su forma de trabajar: no se trata solo de técnica, sino de una manera de mirar cada pieza. Cada vena, cada sombra, cada matiz de la piel se construye a mano, con horas de dedicación.

Pero el universo reborn no termina en el taller. Ana habla de quienes los reciben y del vínculo que en muchos casos se genera. Las personas que los compran son muy diversas: coleccionistas, niñas, personas mayores y también quienes los utilizan como terapia.

"Conozco muchas chicas que los tienen como terapia, como si fueran sus hijos. Los quieren igual, hacen mucha unión con el muñeco", cuenta. En otros casos, forman parte del juego infantil, con carritos, mochilas y tardes compartidas entre niñas que los tratan como si fueran bebés reales. También ha visto cómo se convierten en apoyo emocional para personas con discapacidad.

En residencias de mayores, explica, su uso llega a tener un impacto especialmente intenso: "He visto en residencias cómo los usan como apoyo emocional, ya que hay gente con Alzheimer y piensan que son sus hijos. Es impresionante cómo los cuidan".

Pero Ana también observa el fenómeno con cierta distancia crítica. Cree que hay límites que no deberían cruzarse: "Lo de llevarlos a guarderías ya me parece demasiado, es pasar una barrera un poco extraña", reflexiona.

 

 

A pesar de la intensidad emocional que rodea este mundo, ella insiste en una idea: los reborn son arte. "Son muñecos, no son humanos", recuerda, subrayando la importancia de no perder de vista su naturaleza.

Y, sin embargo, también defiende con firmeza el valor de su trabajo. "En Salamanca hay alguna artista, pero la gente no valora el trabajo que tenemos, porque es todo artesanal", lamenta. Detrás de cada pieza hay horas de dedicación, un proceso completamente manual y una técnica que no se improvisa.

Ana define su oficio con una frase sencilla, casi íntima: "Maravillas artesanas pintadas con mucho cariño y amor". Y añade algo que resume lo difícil que le resulta desprenderse de cada creación: cada bebé que termina es único, irrepetible, y siempre deja algo de ella en él.

Lejos del ruido y la polémica, continúa trabajando en silencio, pincelada a pincelada, dando forma a piezas que, para muchos, van más allá de lo estético. Porque en su caso, todo empezó como una búsqueda personal… y terminó convirtiéndose en una forma de dar vida a través del arte.

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