Diosleguarde conquista Madrid sin orejas y deja claro que Salamanca tiene torero para rato

El diestro salmantino confirmó alternativa en Las Ventas con una actuación de enorme firmeza y personalidad ante el lote más complicado de La Quinta

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- El diestro Manuel Diosleguarde (i), que confirma alternativa de manos de Manuel Jesús "El Cid" (d) (EFE)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.

La plaza de Las Ventas no concedió trofeos, pero sí dejó una certeza que vale casi tanto como una puerta grande futura: Manuel Diosleguarde ya es una realidad con proyección en el toreo. El joven matador salmantino confirmó su alternativa en Madrid en una tarde áspera, incómoda y muy poco agradecida, pero salió reforzado gracias a una actuación de enorme verdad, valor y capacidad frente al peor lote de una corrida deslucida de Ganadería La Quinta.

El torero charro afrontaba una cita clave en la feria de San Isidro y lo hacía, además, ante una corrida marcada por el sello de Santa Coloma, un encaste tan exigente como imprevisible. Los toros de La Quinta volvieron a evidenciar falta de raza y escasa humillación, un defecto especialmente problemático en este tipo de sangre. Sin embargo, el panorama todavía se complicó más para Diosleguarde, que tuvo que lidiar con los dos ejemplares más difíciles del envío.

El primero, con el que confirmó la alternativa, desarrolló brusquedades, frenazos y violentos cabezazos defensivos. Lejos de venirse abajo, el salmantino apostó por una faena medida, inteligente y asentada, tirando de firmeza y serenidad para mantenerse en el sitio. No hubo opciones de lucimiento rotundo, pero sí detalles que en Madrid se valoran especialmente: colocación, seguridad y capacidad para no perderle nunca la cara al toro.

Pero fue en el sexto donde Diosleguarde terminó de ganarse el respeto de la plaza. El animal, de comportamiento incierto y peligro soterrado, se movió siempre con un sentido muy acusado, buscando constantemente al torero y ciñéndose de manera amenazante en cada muletazo. Ahí emergió la mejor versión del matador salmantino.

Sin un solo paso atrás, Diosleguarde firmó una labor de enorme entrega, aguantando miradas, parones y derrotes hasta conseguir arrancarle varias tandas de mucho mérito. Especialmente intensa resultó la recta final de la faena, cuando logró ligar derechazos profundos y de gran pulso ante un toro que nunca permitió el más mínimo descuido. Sin embargo, un pinchazo hondo y la imposibilidad posterior de rubricar rápido con el descabello enfriaron la petición. Aun así, la ovación final supo a premio moral para un torero que salió fortalecido de una auténtica prueba de fuego.

En contraste, la tarde tuvo menos contenido para sus compañeros de cartel. El Cid dejó una actuación irregular y desangelada frente a un sobrero de José Manuel Sánchez que apuntó cierta calidad antes de rajarse. Por su parte, Álvaro Lorenzo mostró disposición pero escaso brillo ante un lote desrazado y sin entrega.

Madrid no le dio trofeos, pero sí algo quizá más valioso para un torero que empieza su camino: credibilidad, respeto y la sensación de que Salamanca puede haber encontrado un nuevo nombre importante para el futuro de la tauromaquia.

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