El recorrido reunirá algunas de las escenas más representativas de la Pasión en una cita inédita que transformará el centro histórico en un gran relato cofrade
Una a una: las imágenes que recorrerán Salamanca en la procesión más inédita de su Semana Santa
El recorrido reunirá algunas de las escenas más representativas de la Pasión en una cita inédita que transformará el centro histórico en un gran relato cofrade
Salamanca se prepara para mirarse a sí misma a través de su Semana Santa. El próximo 26 de septiembre, la ciudad vivirá una procesión extraordinaria inédita, un recorrido que no será solo un desfile de imágenes, sino una narración completa y viva de la Pasión, Muerte y Resurrección.
Antes, entre el 19 y el 26 de septiembre, ese mismo relato se podrá contemplar en silencio, bajo las bóvedas de la Catedral, en la exposición 'Vía Áurea'. Después, tomará las calles. Y entonces, la piedra dorada, la luz y la emoción harán el resto.
Porque esta vez, Salamanca no verá pasar una cofradía. Las verá todas.
El inicio: la cruz y la entrada
Todo comienza con la Cruz, con el Santísimo Cristo de la Humildad, como si el recorrido necesitara primero detenerse, tomar aire, marcar el sentido.
A partir de ahí, la historia se pone en marcha. Jesús entra en Jerusalén, en la escena de La Borriquilla, rodeado de ese aire de celebración que ya anuncia, sin saberlo, el desenlace.
Pero pronto llega el silencio del huerto. Jesús ora en los Olivos, y la ciudad entra en ese instante de soledad que precede a todo. Apenas un paso después, la tensión se rompe: Jesús es prendido en Getsemaní.
El dolor que avanza
El relato se vuelve físico. La flagelación, la corona de espinas, la humillación convertida en imagen. No hay pausa. No la hubo entonces, tampoco la habrá en el recorrido.
Hasta que llega la sentencia: Jesús es condenado a muerte.
Y entonces, el peso.
Jesús carga con la cruz, y en ese caminar aparece una de las escenas más humanas de todo el recorrido: María se encuentra con su hijo camino del Calvario. No hay palabras, pero todo se entiende.
Después, el despojo. Jesús es despojado de sus vestiduras. Ya no queda nada más que el cuerpo y el destino.
La cruz
El centro de todo.
Jesús en la cruz ofrece su perdón, suspendido entre el cielo y la tierra. Y poco después, Jesús muere en la cruz, en una de las imágenes más sobrecogedoras del conjunto.
A sus pies, la Virgen permanece, contenida, firme. Y después, el momento que detiene el tiempo: María recibe el cuerpo de su hijo. La Piedad.
El silencio
Tras el dolor, llega el vacío.
Jesús es puesto en el sepulcro, y la ciudad entra en otro ritmo. Más lento, más hondo.
Aparece entonces María en la espera, una imagen que no grita, pero pesa. Como pesa también la memoria en la profecía de Simeón, que recuerda que todo estaba escrito.
Y después, la soledad absoluta: María en su soledad.
El final que es principio
Cuando todo parece terminado, el recorrido se abre de nuevo.
Jesús resucitado de entre los muertos cierra el camino. O lo empieza.
Una ciudad que se cuenta a sí misma
Cada una de estas imágenes no solo representa un episodio. Es también una forma de contar Salamanca: su historia, su fe, su manera de entender el tiempo y la tradición.
Primero será en el interior de la Catedral, donde el silencio permitirá mirar de cerca cada detalle. Después, en la calle, donde el sonido, la luz y el movimiento transformarán ese mismo relato en algo colectivo.
Ese día, el 26 de septiembre, Salamanca no asistirá a una procesión. Se reconocerá en ella.
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