El lujurioso origen del Lunes de Aguas, la fiesta que nació del destierro de las prostitutas de Salamanca

Felipe II aspiraba a purificar la ciudad de sus pecados y, sin querer, alumbró una fiesta inmortalizada en poemas: "A la gran borrachera / del Lunes de las Aguas"

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Lunes de Aguas de 2025 junto al Puente Romano. (Foto: Ical)
El autor esDaniel Bajo Peña
Daniel Bajo Peña
Lectura estimada: 3 min.

El Lunes de Aguas nació a orillas del Tormes, a bordo de las barcas que traían a las prostitutas desde el otro lado del río. Lo que hoy es una tarde de convivencia entre hornazos y manteles, comenzó en el siglo XVI como un plan de purificación religiosa, convertido siglos después en la fiesta popular por antonomasía, sin discursos ofiales ni ceremonias.

Su origen, cuenta la leyenda, data del siglo XVI, cuando el rey Felipe II visitó Salamanca y se encontró con Sodoma y Gomorra. Como monarca piadoso y temeroso de dios, ordenó que durante la Cuaresma todas las prostitutas salieran de la ciudad para 'evitar tentaciones' y mantener el rigor pío. Abandonaban la casa de mancebía (ubicada en las inmediaciones del actual Botánico), atravesaban el puente y moraban en una casa de Tejares.

Una vez cumplido ese periodo, las prostitutas regresaban subidas en barcas y la ciudad rompía el ayuno -todos los ayunos- con una fiesta junto al Tormes. El sufrido 'Padre Putas' -piadosamente llamado Padre Lucas durante algunas etapas históricas- se encargaba de velar por ellas y traerlas de vuelta a la ciudad.

Imagen ilustrativa del traslado de las prostitutas, generada con IA.

De aquel peculiar recibimiento deriva el actual Lunes de Aguas. Queda la costumbre de reunirse con las familias y los amigos y merendar a base de hornazo, porque nada mejor que lomo, chorizo y jamón para dejar atrás la cuaresma.

Es la historia que los abuelos salmantinos cuentan a sus nietos y que la costumbre de los años ha terminado por consolidar en el imaginario colectivo. Hoy en día es Fiesta de Interés Turístico y un símbolo de identidad y convivencia para la comunidad salmantina. Pero, ¿realmente sucedió así? ¿Tiene algo de verídico?

Nada de carne, de ningún tipo

Según la web de Turismo de Salamanca "esta celebración tiene un contexto histórico que se dio puntualmente en Salamanca a raíz de la legalización de la prostitución -con un fin sanitario- por parte del hijo de los Reyes Católicos, el príncipe Juan, en 1497 y que la limitaba a las Casas de Mancebía".

Y continúa: "atendiendo a las Ordenanzas que posteriormente Felipe II implantó para el funcionamiento de estas Casas de Mancebía, se tenía que preservar el ayuno y abstinencia carnal en la Cuaresma ('En días de fiesta, Cuaresma, cuatro témporas y vigilias, no estén las dichas mujeres ganando'), y en este contexto se enmarca la celebración del Lunes de Aguas, al ser la exaltación espontánea de celebrar el fin de esta medida en ciudad universitaria de Salamanca". 

La citada web también recoge el testimonio del catedrático de geografía de la Usal, fallecido en 2019, Eugenio García Zarza, quien explica que "durante la Cuaresma, interrumpían su actividad y, antes de reanudarla, venían a Salamanca, el lunes siguiente al de Pascua, Lunes de Aguas, y salían a recibirlas jóvenes con gran jolgorio, cruzando el Tormes en barcas adornadas con ramas. Algunos autores dicen que el nombre de rameras, como sinónimo de prostituta, tiene este origen. Actualmente el Lunes de Aguas es una de las fiestas más populares en Salamanca y la ciudad se despuebla esa tarde para salir a merendar al campo, aunque no lo hacen por el motivo de antes". El trasfondo histórico, por tanto, parece verosímil.

Resacón en Salamanca

Un poema del siglo XVIII constata que 'algo había'. El escritor y magistrado pacense Juan Meléndez Valdés estudió en Salamanca y dedicó al Lunes de Aguas un poema que empieza así: "A la gran borrachera / del Lunes de las Aguas / primer fiesta de Baco / de nuestra Salamanca". Enlace en la biblioteca virtual Miguel de Cervantes.

Los versos dibujan una estampa digna de una bacanal. El poeta relata cómo marchó a la Aldehuela, vio una multitud "de blanco, negro y verde / no sé cómo pintarla" y se unió a la fiesta: "Llégome en fin y veo / multitud de viandas / muchedumbre de juegos / e infinidad de danzas / mas mi afecto entre todo / al baile se pegaba / porque a las niñas tengo / cierta afición innata".

La crónica del desfase alude también a los motes de las prostitutas, como la Chispa y la Cacharra, a las peleas entre grupos de estudiantes por llamar la atención de las rameras, a los pescadores de truchas en el Tormes y a cómo la multitud se disgrega cuando tocan las campanas "porque de amor o vino / todos allí se abrasan". 

El poema termina con Meléndez Valdés confesando la resaca que se llevó a casa. Se despide "Yo, tu amigo, en día aciago / martes por la mañana / siguiente a la gran fiesta / del Lunes de las Aguas". Noches de desenfreno...

Siglos después, Salamanca sigue disfrutando el Lunes de Aguas como ninguna otra fiesta del calendario, ya sea por comer el hornazo, por recordar al sufriente 'Padre Putas' o simplemente por pasar la tarde con los allegados.

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