La imagen recorrió el entorno del colegio salesiano acompañada por alumnos, familias, mantillas y trajes charros en una de las citas más emotivas del calendario salesiano
Salamanca abraza a María Auxiliadora en su recorrido por el barrio salesiano
La imagen recorrió el entorno del colegio salesiano acompañada por alumnos, familias, mantillas y trajes charros en una de las citas más emotivas del calendario salesiano
Cuando el sol comenzaba a caer sobre Salamanca y la tarde se teñía de ese ambiente especial que solo acompaña a las grandes celebraciones, las puertas del colegio salesiano Colegio María Auxiliadora se abrieron de par en par para recibir uno de los momentos más esperados del año. Entre aplausos, miradas emocionadas y el sonido de la banda, la imagen de María Auxiliadora inició su tradicional procesión por las calles de la ciudad.
A las 20.00 horas, la Virgen cruzó lentamente el patio del colegio envuelta en un profundo silencio roto solo por las oraciones y los cánticos de los fieles. Vestida con su característico manto celeste y rodeada de flores, María Auxiliadora volvió a encontrarse con su gente en una procesión que cada mayo une generaciones enteras bajo una misma devoción.
La emoción fue especialmente intensa para los alumnos de Segundo de Bachillerato, encargados este año de portar a la Virgen. Para muchos de ellos no era solo una procesión, sino también una despedida. El último mayo en el colegio, el último recorrido junto a quien ha acompañado sus años de infancia y juventud desde las aulas salesianas.

El cortejo avanzó por la Avenida de Portugal y el Paseo de la Estación entre balcones adornados, vecinos que aguardaban el paso de la imagen y familias enteras caminando tras la Virgen. Delante, los niños de Primera Comunión abrían la procesión con nervios e ilusión, lanzando pétalos a cada paso.
No faltaron tampoco las mantillas, los trajes charros ni los bailes tradicionales ofrecidos a la Virgen, estampas que dieron a la tarde un marcado sabor salmantino y convirtieron la procesión en mucho más que un acto religioso: un encuentro de fe, identidad y memoria compartida.
Cada parada del recorrido estuvo acompañada por el rezo del Rosario y por canciones que muchos conocen desde niños. Porque para la familia salesiana, María Auxiliadora no es únicamente una imagen que sale en procesión cada primavera; es refugio, tradición y sentimiento transmitido de padres a hijos.
El instante más conmovedor llegó al final, cuando la Virgen regresó al patio del colegio bajo un cielo ya oscuro. Allí, cientos de voces entonaron juntas el himno a María Auxiliadora en una escena cargada de emoción y recogimiento. Una despedida que, como cada año, dejó lágrimas, abrazos y la sensación de que la Virgen "no solo pasa, sino que se queda en cada corazón".

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