El silencio vuelve a tomar San Martín del Castañar en un Viernes Santo de raíz centenaria

La sobriedad, los cantos tradicionales y la implicación vecinal reafirman una de las procesiones más auténticas de la Sierra de Francia

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Fotos de la procesión de San Martín del Castañar (José Vicente/Ical)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.
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San Martín del Castañar volvió a detener el tiempo este Viernes Santo con la celebración de su procesión más emblemática, un rito que, lejos de transformarse, continúa fiel a una tradición centenaria marcada por el silencio, la piedra y la memoria colectiva.

Desde primeras horas de la tarde, las calles empedradas de esta localidad enclavada en la Sierra de Francia comenzaron a llenarse de vecinos y visitantes que aguardaban el inicio de un desfile penitencial donde la sobriedad sustituye al espectáculo y la emoción se expresa sin estridencias.

El acto partió desde la Iglesia de San Martín de Tours, epicentro espiritual del municipio, donde previamente se celebraron los oficios litúrgicos. A la salida, el silencio se impuso de forma casi absoluta, roto únicamente por el sonido acompasado de los pasos sobre el empedrado y por los primeros acordes del tradicional Miserere, interpretado con una austeridad que estremeció a los asistentes.

El cortejo, de carácter marcadamente comunitario, volvió a reflejar una de las singularidades de esta celebración: la implicación transversal del pueblo. Hombres y mujeres, jóvenes y mayores, participaron en una procesión donde no existen grandes jerarquías, sino una continuidad generacional que garantiza la pervivencia del rito.

Uno de los momentos más sobrecogedores se vivió en las inmediaciones del castillo del siglo XV, hoy convertido en espacio simbólico al albergar el cementerio municipal. Allí, el paso del Santo Sepulcro reforzó la conexión entre la representación de la muerte de Cristo y la memoria de los antepasados de la villa, en un escenario donde historia y espiritualidad se entrelazan de forma natural.

La procesión estuvo precedida por el tradicional Vía Crucis, que recorrió parte del trazado antiguo y consolidó el carácter introspectivo de la jornada. A lo largo del recorrido, los cantos del Calvario y el Miserere volvieron a resonar entre muros de piedra y entramados de madera, confirmando el valor del patrimonio oral como uno de los pilares de esta celebración.

Frente a los modelos urbanos de gran formato, la Semana Santa de San Martín del Castañar reafirma su identidad basada en la sencillez, la autenticidad y la integración con el entorno. La ausencia de grandes bandas musicales o despliegues escenográficos se compensa con una atmósfera única, donde cada elemento -la arquitectura, el paisaje y la participación vecinal- forma parte esencial del rito.

 

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