"Es como un amigo que siempre está ahí": dejar de fumar en plena lucha contra el cáncer de pulmón en Salamanca

La Asociación Española Contra el Cáncer acompaña a pacientes como Juan Jesús con apoyo psicológico para abandonar el tabaco durante el tratamiento

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"Es como un amigo que siempre está ahí": dejar de fumar en plena lucha contra el cáncer de pulmón en Salamanca
Juan Jesús Sierra, afectado de cáncer de pulmón
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 3 min.

Hay vidas que están hechas para no parar. La de Juan Jesús Sierra, salmantino de 60 años, era una de ellas. Topógrafo, acostumbrado a medir terrenos, a levantar proyectos en distintos puntos de España, a enlazar ciudades, obras y responsabilidades. Sevilla, Madrid, Teruel. Movimiento constante. Trabajo exigente. Ritmo alto. Hasta que el cuerpo empezó a decir basta.

Primero fue un aviso leve, casi imperceptible entre el ruido de las máquinas y el polvo de las obras. "Empecé a notar síntomas… luego ya hubo días difíciles", recuerda. El dolor apareció poco a poco, junto a un cansancio que ya no encajaba con su forma de vivir. Aun así, siguió. Como siempre. Pero llegó un momento en el que no pudo más.

"En Teruel ya no dormía… y terminé en urgencias". Allí, en Salamanca, llegó el diagnóstico hace justo un año: cáncer de pulmón. Aunque para él no fue un golpe inesperado. "Yo ya lo sabía… pensaba que era cáncer", dice con una serenidad que impresiona.

Desde entonces, su vida se ha detenido en seco. El hombre que recorría kilómetros por trabajo ahora mide las distancias de otra forma. Vive cerca del hospital, apenas unos minutos andando. Pero ese trayecto se ha convertido en un desafío diario. "Para llegar tengo que parar tres veces"" explica. Respirar. Recuperar fuerzas. Volver a avanzar.

La enfermedad no solo le ha quitado energía, también le ha cambiado el ritmo de vida. "He viajado muchísimo… y ahora lo más lejos que voy es a Zamora". Lo dice sin dramatismo, pero con el peso de quien ha tenido que renunciar a lo que era.

El tratamiento tampoco da tregua. Quimioterapia, medicación, revisiones constantes. Un proceso largo, duro, que desgasta el cuerpo y la mente. "Las quimios son potentes… se pasa bastante mal", admite. Lleva ya más de un año luchando y aún le queda camino. "Son más de dos años de tratamiento… estoy a la mitad".

El cansancio es, quizá, lo más difícil de explicar. "Me fatigo… no hago nada… y yo prefiero estar activo". Para alguien que siempre ha vivido en movimiento, la quietud pesa el doble.

En medio de todo eso, hay otra batalla silenciosa: dejar de fumar. Juan Jesús empezó con 16 años. "Toda la vida", resume. Y ahora, en plena enfermedad, intenta romper con ese hábito que le ha acompañado siempre. Pero no es fácil. Nada fácil.

"Hay noches horribles… y aunque lleves dos días sin fumar, te fumas cuatro porque no aguantas".

Habla del tabaco sin rodeos, sin maquillarlo. "Es como un amigo que tienes ahí siempre… no te critica". Una presencia constante, difícil de apartar incluso cuando sabes que te está haciendo daño.

Por eso decidió buscar ayuda en la Asociación Española Contra el Cáncer en Salamanca. No tanto por lo médico, sino por lo emocional. Por entenderse.

"Lo importante es que te enseñan que si fumas uno no es un fracaso… es un triunfo los que no has fumado", explica. Un cambio de mirada. De exigencia. De lucha interna. No cree en soluciones milagro. "Esto no es magia". Cree en el proceso, en equivocarse y volver a intentarlo. En avanzar poco a poco.

Ha tenido momentos buenos y otros no tanto. "Iba bastante bien y me he caído otra vez un poquito", reconoce. Pero no se detiene. "Voy a volver a empezar".

La enfermedad también le ha obligado a mirarse de otra forma. A aceptar límites que antes no existían. "Me siento un poco tonto… de no hacer nada", dice con crudeza. No por falta de ganas, sino porque el cuerpo ya no responde igual. Y aun así, sigue. Sigue con el tratamiento, con el esfuerzo, con esa pelea diaria que no se ve pero se siente en cada paso, en cada pausa, en cada noche difícil.

Cuando piensa en los demás, en los jóvenes, no necesita grandes discursos. Solo una pregunta sencilla: "¿Para qué vas a empezar?". Porque él sabe lo que cuesta dejarlo. Lo que pesa. Lo que arrastra.

Y mientras tanto, su vida avanza a otro ritmo. Más lento. Más consciente. Más frágil, quizá, pero también más real. "El cuerpo es el que tiene que aguantar todo", dice. Y en esa frase cabe su historia entera.

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