Rincón desconocido de la semana en Salamanca: la casa que acogió a dos mujeres adelantadas a su tiempo

Fue propiedad de la familia Ovalle y aquí vivieron Santa Teresa de Jesús, siendo este lugar inspirador de sus famosos versos, y siglos más tarde la canonizada Madre Bonifacia

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Rincón desconocido de la semana en Salamanca: la casa que acogió a dos mujeres adelantadas a su tiempo
Patio de la Casa de Santa Teresa. (Foto: Ical)
El autor esIsabel  Rodríguez
Isabel Rodríguez
Lectura estimada: 2 min.

Una casa en apariencia modesta pero que tras sus puertas el visitante descubre un lugar repleto de historia. De hecho, constituye uno de los uno de los espacios más emblemáticos del patrimonio teresiano en Salamanca. En esta ocasión nos acercamos a descubrir -o redescubrir- la Casa de Santa Teresa -también conocida como la Casa de los Ovalle-, ubicada en la calle Condes de Crespo Rascón. Traspasar el arco de medio punto de su fachada es un viaje en el tiempo al siglo XV. La casa fue propiedad de la familia Ovalle, perteneciente al bando nobiliario de Santo Tomé. 

Fue aquí donde la mística y escritora llegó un frío 31 de octubre de 1570 y donde llevaría a cabo la séptima fundación de sus Carmelitas Descalzas. Aquella primera Noche de Ánimas no fue fácil. Tal y como recordaría Santa Teresa de Jesús en su 'Libro de las Fundaciones', la casa era "muy grande, húmeda y con muchos desvanes". Con un argamento de paja para improvisar camas y dos mantas prestadas por las monjas de Las Isabeles, se instaló junto a siete hermanas en un edificio que, aunque señorial por fuera, era gélido por dentro.

Patio del interior de la casa que fue propiedad de la familia Ovalle y se remonta al siglo XV. (Foto: Ical)

A pesar de las incomodidades de un caserón que terminarían abandonando por el frío, los tres años que Teresa de Jesús pasó entre estos muros cambiaron la historia de la literatura y la espiritualidad.

Uno de los tesoros de este edificio es la celda original donde descansaba la Santa, hoy convertida en una capilla. En este espacio, durante el Domingo de Resurrección de 1571, la escritora experimentó un profundo éxtasis místico que la inspiró a plasmar sus versos más universales: "Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero".

Una casa que bien puede considerarse un refugio de espiritualidad femenina. Y es que, siglos más tarde, el edificio pasó a manos de la Madre Bonifacia, fundadora de las Siervas de San José (actuales propietarias del inmueble) y primera santa salmantina, canonizada en 2011.

Visitarla hoy es descubrir un edificio que conserva gran parte de su mobiliario original, un taller de costura donde las religiosas enseñaban el oficio a jóvenes sin recursos y un fresco y tranquilo patio ajardinado. Una parada imprescindible en la capital del Tormes para descubrir las huellas de dos mujeres adelantadas a su tiempo.

 

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