La Cabalgata de Reyes Magos ilumina Salamanca

Melchor, Gaspar y Baltasar recorren la ciudad entre luces, caramelos y la ilusión de pequeños y grandes

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La Cabalgata de Reyes Magos ilumina Salamanca
Cabalgata de los Reyes Magos en Salamanca (Fotos: Arai Santana)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.
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La víspera del día de Reyes es un día de nervios generalizados y en este enero también muchos gorros y bufandas aunque nada podía enfriar la emoción que se respiraba en las calles. Desde temprano, llenas de familias, niños con bufandas, gorros y guantes, y adultos que no querían perderse ni un instante de la Cabalgata. Los murmullos se mezclaban con risas nerviosas y la emoción flotaba en el aire: todos esperaban a los verdaderos protagonistas de la tarde, Melchor, Gaspar y Baltasar.

Los niños revisaban sus bolsillos por última vez, por si habían olvidado algún guante, y los adultos, con los ojos brillantes, observaban cómo la ciudad se preparaba para la magia de la tarde. Era uno de esos momentos en los que, aunque todos supieran lo que iba a pasar, nadie quería perderse ni un segundo. A las siete de la tarde, al lado de La Alamedilla Los primeros en aparecer fueron los personajes de Thea, la diosa de la luz, iluminando la noche con trajes de LED. 

Tras ellos llegó Cenicienta en su llegada a Palacio, con sus 3.000 bombillas LED y los coches clásicos que la acompañaban, y el resto la comitiva pero la mirada del público inevitablemente buscaba a los Reyes. Miradas que buscaban sus tronos, imponentes y llenos de luces, que al final del desfile avanzaban lentamente, saludando al público.

Melchor, que ya había reconocido durante la mañana que se sentía muy nervioso ante la jornada que se avecinaba,  levantaba la mano con timidez y los niños gritaban su nombre: "¡Melchor! ¡Melchor!".

Gaspar, se ponía las gafas para ver mejor a todos y con una sonrisa constante, no paraba de lanzar caramelos, y cada vez que alguien lo recibía, la multitud estallaba en aplausos.  Baltasar, emocionado, saludaba a un lado y a otro, inclinándose y sonriendo, como si quisiera mirar a todos los niños a la vez.

En cada rincón un estallido de gritos y risas mientras los Reyes y sus acompañantes lanzaban dulces desde lo alto de sus tronos y saludaban a todos los rincones. Melchor inclinaba la cabeza para saludar a los más pequeños, Gaspar no dejaba de saludar y Baltasar, emocionado, les guiñaba un ojo a los niños que gritaban su nombre.

El desfile continuó por Avenida de Mirat, Puerta Zamora y Paseo de Carmelitas hacia el centro, también a la Plaza Mayor donde ya habían estado por la mañana saludando dede el balcón del Ayuntamiento. Los espectáculos, como Abysses con sus medusas y criaturas luminosas, y Los Lumens con sus gigantes, llenaban la noche de magia, pero los Reyes seguían siendo el centro de todo. Cada gesto suyo provocaba aplausos y gritos.

El Dragón Dralión, con sus 28 metros y 8.000 luces, sorprendía a todos, y la carroza del circo, el Barco Pirata y la Casita de Chocolate mantenían la emoción, mientras los tronos reales avanzaban y todo el mundo volvía a mirar a los Reyes. La magia de la cabalgata no eran solo las luces ni los espectáculos: eran ellos, los Reyes, conectando con cada persona que los veía.

El cierre llegó con el camión escala de los Bomberos, pero incluso entonces, los Reyes seguían saludando y lanzando caramelos hasta el último momento. Las calles de Salamanca quedaron llenas de risas, caras enrojecidas por el frío y manos pegajosas de dulces. Una tarde noche donde todos habían sentido la ilusión de los Reyes de cerca: Melchor, Gaspar y Baltasar no solo pasaron, sino que hicieron que cada niño y cada adulto que los vio se sintiera parte de la magia.

Aquí puedes disfrutar de una amplia galería de imágenes de la visita de los Reyes Magos a la ciudad de Salamanca

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