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El Mariquelo vuelve a desafiar la altura: 39 años de una tradición única que se repite en Salamanca
Ángel Rufino escala la Torre de las Campanas de la Catedral en recuerdo del terremoto de Lisboa y dedicar su ascenso a los que luchan contra el párkinson y el cáncer.
Un año más, el folclorista salmantino Ángel Rufino de Haro, conocido como 'El Mariquelo', ha protagonizado su emblemático ascenso a la torre de las campanas de la Catedral de Salamanca, acompañado de su gaita charra y tamboril. Desde lo alto del reloj, ha marcado simbólicamente 'la hora de la solidaridad', dedicando esta edición a las personas que padecen o conviven con párkinson y cáncer en la provincia.
Esta peculiar, y ahora ya no tan arriesgada ascensión, que se celebra cada 1 de noviembre, conmemora el terremoto de Lisboa de 1755, un seísmo que devastó la capital portuguesa, causó más de 100.000 muertes y dejó también su huella en Salamanca: una grieta vertical aún visible en la torre de la catedral, hoy reforzada, que recuerda aquel suceso.
Con esta subida, 'El Mariquelo' ha completado su trigésimo noveno ascenso, una tradición que combina devoción, folclore y memoria histórica, y que año tras año atrae a cientos de salmantinos y visitantes.
El Mariquelo comenzó su recorrido desde el Puente Romano, avanzando por la Plaza Mayor, la del Corrillo y la calle de la Rúa hasta llegar a la Catedral Nueva, acompañado por grupos folclóricos y público.
Tras subir los 300 escalones que conducen a la campana 'María de la O', el folclorista alcanzó la zona más alta permitida del campanario -ya no asciende hasta la veleta por motivos de seguridad-. Desde allí hizo sonar las campanas en señal de agradecimiento y lanzó su mensaje solidario.
El acto culminó con una charrada tradicional y la suelta de palomas mensajeras, símbolo de paz y esperanza.
LA TRADICIÓN
La tradición del Mariquelo se remonta a los tiempos en que la familia de Los Mariquelos -guardianes de la torre- subía cada año para comprobar su inclinación tras el terremoto de Lisboa. En 1985, Ángel Rufino de Haro decidió recuperar esta costumbre perdida y asumir el papel de heredero espiritual de aquellos vigilantes. Desde entonces, cada 1 de noviembre, repite el ritual como acto de gratitud a la ciudad y sus tradiciones.
Durante años, El Mariquelo trepó hasta la esfera armilar que corona la cúpula, a 110 metros de altura, pero en las últimas ediciones ha limitado su ascenso a la zona de las campanas, debido al deterioro del hierro exterior del campanario.
Casi cuatro décadas después, la figura de El Mariquelo sigue siendo una de las más singulares del folclore salmantino, capaz de unir en un mismo gesto la memoria, la fe, la música y la solidaridad.
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