Junto a María Nuestra Madre en un recorrido que tiene otros momentos esperados como la subida por Tentenecio y la entrada en la Catedral
El Tormes se desborda de vida: su caudal alcanza los 168 metros cúbicos tras las últimas lluvias
En sólo un día, el nivel del río ha subido de 2,22 a 2,56 metros, transformando su cauce en un espectáculo de fuerza y belleza
El Tormes ruge. Su cauce, ensanchado por las lluvias recientes, se abre paso con ímpetu entre los puentes de Salamanca, reclamando su protagonismo en la ciudad. Como un espejo en movimiento, refleja el gris del cielo y el verde intenso de las riberas, despertando la admiración de quienes se detienen a contemplarlo.
Ayer, el río avanzaba con fuerza, con 108,56 metros cúbicos de agua por segundo y un nivel de 2,22 metros. Hoy, su brío se ha multiplicado: 168,38 metros cúbicos por segundo, 2,56 metros de altura, una crecida que transforma su habitual calma en un espectáculo de energía desbordante. La borrasca Jana ha cumplido su promesa, entregando lluvias generosas que, junto al deshielo de las cumbres del Sistema Central, han elevado el pulso del Tormes, dándole voz y presencia.

El agua lame con fervor los muros de piedra, se enreda entre los pilares de los puentes y salta en remolinos impetuosos. Salamanca lo observa, testigo de su furia contenida y su esplendor renovado. El cauce, habitualmente pausado, se torna impetuoso, pero no amenaza; sólo recuerda que está vivo, que la ciudad y el río son uno, que la vida fluye, a veces serena, a veces arrebatada.
Pasear por sus orillas es sumergirse en la esencia de la naturaleza desatada. Los sauces se inclinan, las aguas murmuran secretos antiguos y las miradas se pierden en su danza incesante. El Tormes brilla, vigoroso y majestuoso, en este marzo lluvioso que lo ha despertado con renovado esplendor.

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