Diego Ventura corta cuatro orejas, mientras Guillermo Hermoso de Mendoza cierra la tarde con dos orejas en una corrida de rejones marcada por el ambiente y el toreo a caballo
La maestría de Ventura y la raza de Guillermo Hermoso triunfan en La Glorieta
Diego Ventura corta cuatro orejas, mientras Guillermo Hermoso de Mendoza cierra la tarde con dos orejas en una corrida de rejones marcada por el ambiente y el toreo a caballo
La Glorieta vivió una tarde de ambiente de feria con el rejoneo como protagonista. Los tendidos fueron tomando color antes de que los clarines anunciaran el comienzo de un festejo que reunía a tres nombres de referencia de esta disciplina: Rui Fernandes, Diego Ventura y Guillermo Hermoso de Mendoza. Sobre la arena, los toros de Hros. de Sánchez y Sánchez, de encaste Murube-Urquijo, esperaban a caballo y jinete para una tarde en la que la doma, el temple y la capacidad de los rejoneadores iban a ser fundamentales.
Abrió la tarde 'Bailador', herrado con el número 125 y con 553 kilos de peso. Negro, hondo y bonito de hechuras, fue parado por Rui Fernandes a lomos de Coqueto, con el que intentó encelarlo, aunque no estuvo muy acertado con los rejones de castigo. Cambió de montura y, a lomos de Qdorado, un bonito tordo rodado, dejó varios pares al quiebro, de poder a poder.
El de Sánchez y Sánchez lo puso muy difícil, manseando, pegado a tablas y dando fuertes arreones que descomponían a las cabalgaduras. Para el último tercio salió Iceberg, caballo de pelo isabelino, con el que puso las cortas. Después llegó Marro, el caballo de muerte, para afrontar el tramo final de la actuación. Una labor de voluntad y desaciertos que terminó con silencio para Rui Fernandes.

El segundo de la tarde fue 'Ranito', herrado con el número 80 y con 550 kilos de peso. Negro y muy parejo al anterior, al que paró Diego Ventura con Querido, encelándolo en un palmo de terreno y dejando dos rejones de castigo al quiebro que calentaron a La Glorieta.
El toro acusó una falta de celo, manseando desde su salida y refugiándose en tablas. Pero eso no le importó a Diego Ventura, que, montando a Quirico, le formó la mundial, encelándolo, llevándolo de costado y clavando al sesgo, con un mérito terrible por la mala condición del toro. Con Lío, la formó en todos los aspectos. No hay adjetivos para este monstruo del rejoneo, que hizo bueno a un toro malo y lo cuajó de principio a fin. Rejonazo en todo lo alto.
Una lección de maestría intachable que puso a La Glorieta en pie y se saldó con dos orejas.

El tercero de la tarde fue 'Bailador I', herrado con el número 91 y con 583 kilos de peso. Negro, bajo de manos, rabicorto y hondo, lo recibió Guillermo Hermoso de Mendoza con Alquimista, un lusitano negro de enorme belleza, con el que dejó dos rejones de castigo de elegante ejecución. Con Navegante, un tordo vinoso, ajustó un toreo de costado, llevando al toro cosido a la cola de su caballo y clavando al quiebro en la misma boca de riego. Fue el más potable dentro de las dificultades que estaban presentando los de Sánchez y Sánchez.
Ecuador, un tordo rodado, una lámina de animal, salió en la recta final de la faena para protagonizar una buena labor, de pocos tiempos muertos y muy meritoria. Marro, con los aceros, puso el punto final a la actuación. Silencio.

Hizo cuarto 'Bailador II', herrado con el número 94 y con 568 kilos de peso. Muy hondo, negro, atacado de kilos y acapachado de cuerna, salió muy suelto, mirando al tendido, y terminó saltando al callejón. Rits fue el encargado de pararlo, guiado por el portugués, un bello luso-árabe palomino.
En banderillas, montando a Hquiebro, tordo de su propio hierro, toreó de costado, clavando al sesgo y saliendo airoso del embroque a cambios al tranco. Mistral, una estrella de la cuadra del portugués, llega a la cara de los toros andando para clavar de poder a poder, haciendo unas piruetas en la misma cara del toro que levantaron al público de los asientos.
Volvió al ruedo Iceberg para las cortas, dejándose llegar al toro a los pechos y esperando para clavar. Su cabaleiro, pinchazo y rejonazo de efecto fulminante. Oreja.

El quinto de la tarde fue 'Zapatero', herrado con el número 112 y con 622 kilos de peso. Negro y atacado de kilos, lo que se dice en el argot taurino, un tío. Lo paró Diego Ventura con Trianero, un luso-árabe de su hierro, castaño careto y calvo.
Volvió el maestro de La Puebla a lomos de Oro Negro para dar dos vueltas a La Glorieta con el toro pegado al estribo y clavando al quiebro, levantando al público de los asientos y poniendo todo patas arriba. ¡Qué recital de doma, conocimiento de los terrenos, poder y conexión con los tendidos!
Con Bronce, sin cabezada, acabó de levantar a los tendidos, entre gritos de "¡torero, torero!". Dio paso al último tercio montando a Guadiana, para poner tres cortas al violín y darle un rejonazo que hizo rodar al toro sin puntilla. Dos orejas y vuelta al ruedo al toro.

Cerró la tarde de rejones 'Aldeano', herrado con el número 84 y con 581 kilos de peso. Negro, muy parejo al quinto en hechuras y algo más cornalón, salió al ruedo con Nómada, ataviado con lazos blancos y rojos. Guillermo Hermoso de Mendoza le brindó el toro al ganadero Justo Hernández. Se fue a portagayola y, en un palmo de terreno, enceló al toro para clavar un solo rejón de castigo.
A lomos de su caballo estrella, Berlín, un bello luso-genevriano, cuajó un tercio de toreo de costado con bellos remates y las hermosinas, suerte creada por su padre, el gran maestro navarro. También hay que destacar la colaboración del astado, de enorme ritmo y muy colaborador.
Quinientos, lusitano tordo rodado de una belleza digna de ser pintada, elevó la temperatura de la faena en un ejercicio de toreo de raza. Torero, que fue el encargado de culminar la faena, puso el broche con un rejonazo en todo lo alto. Dos orejas.
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