Charcas que no se secan: la nueva apuesta para salvar al ganado de la sequía en Castilla y León

La dehesa de Castilla y León probará charcas conectadas a aguas subterráneas para garantizar agua al ganado durante los periodos de sequía

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Charcas que no se secan: la nueva apuesta para salvar al ganado de la sequía en Castilla y León
Charca
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.

La falta de agua empieza a cambiar la forma de gestionar el ganado en las zonas de dehesa. Ante unos periodos secos cada vez más prolongados, un proyecto europeo prepara una solución que busca mantener los abrevaderos activos incluso cuando el verano aprieta: crear charcas artificiales conectadas con las aguas subterráneas.

La iniciativa forma parte de DRYAD, un proyecto financiado por Horizonte Europa que estudia distintas soluciones basadas en la naturaleza para mejorar la resistencia de los ecosistemas agro-silvo-pastorales mediterráneos frente al cambio climático. Una de las zonas donde está previsto aplicar esta experiencia es Sardón, en Castilla y León, después de una primera fase desarrollada en el Alentejo portugués.

La idea parte de un problema sencillo, pero cada vez más difícil de resolver: las balsas convencionales pueden quedarse sin agua precisamente cuando más la necesita el ganado. La alternativa que estudian los investigadores consiste en construir charcas en puntos donde exista una conexión estable con el nivel freático o con manantiales activos. De esta manera, el agua subterránea actuaría como reserva natural, permitiendo mantener el suministro durante más tiempo que una balsa alimentada únicamente por las precipitaciones. La necesidad es especialmente importante para la ganadería extensiva. Una vaca puede llegar a consumir entre 100 y 150 litros de agua al día, por lo que una sequía prolongada puede convertir el abastecimiento en uno de los principales problemas para las explotaciones.

El trabajo está siendo desarrollado por investigadores de la Universidade da Coruña, el Laboratorio Nacional de Energía y Geología de Portugal y la Universidad de Twente, en Países Bajos.

Tecnología para encontrar el lugar adecuado

Antes de excavar una sola charca será necesario determinar dónde puede funcionar mejor. Para ello, DRYAD recurrirá a una combinación de herramientas tecnológicas que permitirá localizar los puntos con mayor potencial. El proyecto utilizará inteligencia artificial, imágenes de satélite, sensores terrestres conectados mediante LoRaWAN y modelos hidrológicos para estudiar cómo se relacionan el suelo, la vegetación y las aguas subterráneas. El objetivo es encontrar emplazamientos en los que la infraestructura pueda disponer de agua incluso cuando las precipitaciones sean escasas.

El ganado no beberá directamente 

La propuesta incluye otro cambio importante respecto a las balsas tradicionales. Aunque el agua se almacenará en las charcas, los animales tendrán acceso a ella mediante abrevaderos situados fuera de la masa de agua. Estos puntos podrán recibir el agua por gravedad o mediante bombas alimentadas con energía solar. Así se pretende evitar que el ganado entre directamente en las charcas y reducir problemas como la contaminación del agua, la erosión de las orillas o el deterioro del ecosistema.

El diseño contempla además medidas para conservar el agua durante los meses más cálidos. Entre ellas se encuentran estructuras de sombreado, posibles instalaciones fotovoltaicas y barreras vegetales capaces de reducir el efecto del viento y, con ello, la evaporación.

La experiencia que se desarrolla en Portugal servirá como referencia para su posterior aplicación en Sardón. La intención no es únicamente garantizar agua para los animales, sino comprobar si estas infraestructuras pueden convertirse en una herramienta de adaptación de la dehesa al nuevo escenario climático. Si el sistema funciona, podría aportar una fuente de agua más estable para la ganadería extensiva y, al mismo tiempo, contribuir a conservar la biodiversidad asociada a estos paisajes y a mantener una actividad económica estrechamente ligada al medio rural.

DRYAD plantea precisamente trasladar las soluciones que demuestren su eficacia entre diferentes territorios mediterráneos. El proyecto reúne experiencias de España, Portugal, Italia y Grecia con una meta común: encontrar fórmulas que permitan a los ecosistemas agroforestales afrontar mejor las sequías y otros efectos del cambio climático.

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