Los socialistas aseguran que más de 30.000 salmantinos esperan una consulta, una prueba o una intervención y que la provincia encabeza las listas de espera
"Antes veíamos anorexia a los 15 años; ahora llega con 9", el cambio que detecta el Hospital de Salamanca
Más de 1.000 menores reciben atención en Salud Mental Infantil y Juvenil y los especialistas atribuyen este adelanto, en parte, al acceso precoz a las redes sociales
La salud mental infantil y juvenil está cambiando a gran velocidad. Los trastornos que hace apenas unos años aparecían en plena adolescencia se están detectando ahora en niños mucho más pequeños. Esa realidad ya tiene reflejo en las consultas del Hospital de Salamanca, donde más de 1.000 menores reciben actualmente atención en la Unidad de Salud Mental Infantil y Juvenil por diferentes problemas psicológicos y psiquiátricos.
El psiquiatra David González Parra explica que el perfil de los pacientes también ha cambiado en los últimos años. Aunque el servicio atiende trastornos del neurodesarrollo, como el trastorno del espectro autista o casos complejos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, "lo que más vemos son desregulación emocional, autolesiones y problemas de comportamiento y de conducta", asegura.
A esta actividad asistencial se suma la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria, donde actualmente se atiende a alrededor de 600 pacientes, entre niños y adultos, afectados por anorexia, bulimia o trastorno por atracón.
Precisamente es en este ámbito donde los especialistas han detectado uno de los cambios que más preocupa. "Antes la anorexia aparecía fundamentalmente entre los 14 y los 16 años. Desde la pandemia estamos detectando casos en niñas de 9, 10 u 11 años", advierte González Parra.
Para el psiquiatra, el acceso cada vez más precoz a Internet y a las redes sociales tiene mucho que ver con este adelanto de la edad de aparición. "Ahora mismo un niño ya tiene acceso a Internet muchas veces con 9 o 10 años. Estamos hablando de que el regalo de comunión, en muchos casos, es un smartphone con conexión a Internet y, muchas veces, sin un control parental de lo que ese niño ve", explica.
El problema, añade, es que esa información llega a menores cuyo cerebro todavía está desarrollándose. "Estamos hablando de un cerebro inmaduro, que no sabe procesar mucha de la información que recibe y las consecuencias emocionales que esa información puede tener", afirma.
Como consecuencia, aparecen cada vez antes trastornos que hace solo unos años eran mucho menos frecuentes a esas edades. "Al final explota con trastornos emocionales realmente importantes y serios", resume.
González Parra considera que las redes sociales están teniendo un impacto muy importante en la salud mental de niños y adolescentes. "La influencia de las redes sociales está siendo tremenda", asegura.
Según explica, los menores viven expuestos a modelos físicos idealizados y a una comparación constante que afecta especialmente a quienes ya presentan cierta vulnerabilidad emocional. "Tenemos un modelo de acceso a la información que ha cambiado completamente. Hay muchísima información y muchas veces muy poco filtrada sobre lo que es cada cosa", señala.
Esa situación puede convertirse en un factor de riesgo para numerosos problemas psicológicos. "Si eso se une a una persona con baja autoestima o problemas con su imagen corporal, es el caldo de cultivo perfecto para que aparezcan problemas como este y como otros", advierte.
El especialista pone como ejemplo la llamada tanorexia, la obsesión por estar permanentemente moreno. Aunque aclara que no está reconocida oficialmente como un trastorno mental y que no ha llegado a las consultas de Psiquiatría del Hospital de Salamanca, considera que comparte mecanismos muy similares a otros trastornos ya conocidos.
"Sería la obsesión compulsiva por desear estar permanentemente bronceado y las consecuencias físicas y psicológicas que eso puede conllevar", explica. A su juicio, se sitúa "a caballo entre un cuadro obsesivo y una conducta adictiva", ya que la persona necesita exponerse cada vez más tiempo al sol y nunca llega a sentirse suficientemente bronceada.

En caso de que esa conducta llegara a provocar un deterioro importante en la vida del paciente, el tratamiento sería similar al de otros trastornos obsesivos o adictivos. El primer paso, explica, consiste en que la persona sea consciente del problema. "Uno no cambia un comportamiento si no ve que ese comportamiento le está afectando", afirma.
Después, el abordaje pasa por la terapia cognitivo-conductual, orientada a modificar pensamientos y hábitos relacionados con la conducta. Si aparecen síntomas asociados, como ansiedad, alteraciones del sueño o bajo estado de ánimo, también puede recurrirse a tratamiento farmacológico. Además, considera imprescindible implicar a la familia y enseñar un uso saludable de las redes sociales.
Pese al aumento de casos, González Parra cree que la sociedad está más sensibilizada con la salud mental que hace unos años. "Estamos más concienciados, pero también hay cada vez más casos", resume.
Aun así, considera que todavía persiste cierto estigma hacia quienes necesitan ayuda psicológica o psiquiátrica. "Igual que puedes tener un problema de riñón o diabetes, también puedes tener un problema emocional en un momento de tu vida", recuerda.
En su opinión, vivimos en una sociedad que exige cada vez más a las personas. "La sociedad está evolucionando a una velocidad demasiado grande para cómo va desarrollándose el cerebro humano. Esa presión hace que muchas personas no sean capaces de gestionar determinadas situaciones", reflexiona.
Por ello, defiende seguir reforzando los recursos de salud mental y normalizar la atención psicológica desde edades tempranas. Como mensaje final, lanza una recomendación dirigida especialmente a las familias. "Tenemos que ser muy críticos con la información que consumimos. Hay muchas personas con gran impacto en redes sociales que difunden mensajes que no están suficientemente respaldados por la evidencia científica", advierte.
Y concluye con una llamada a proteger a los menores. "El mundo digital nos ha permitido avanzar muchísimo, pero debemos proteger a los niños de la información que reciben para evitar problemas psicológicos en el futuro."
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