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Nuevo intento de Basterra para salir de Topas: pide tres días de permiso
El condenado por el asesinato de su hija cumple 18 años de prisión en la cárcel salmantina y esta vez cuenta con el respaldo de la Junta de Tratamiento, a la espera de la decisión del juez
Trece años se cumplen este lunes de la desaparición y posterior hallazgo del cadáver de Asunta Basterra, un caso que forma parte de la crónica negra de España y por el que fueron condenados sus padres, Rosario Porto y Alfonso Basterra. Trece años después, el nombre de la niña vuelve a estar ligado a Salamanca por la situación penitenciaria de su padre, que cumple en Topas la condena de 18 años de cárcel impuesta por el asesinato de su hija.
Basterra ha solicitado ahora un permiso de salida de tres días, una petición que está siendo evaluada por el juez de vigilancia penitenciaria. La solicitud fue presentada en agosto y, en esta ocasión, la Junta de Tratamiento del centro penitenciario de Topas ha votado a favor, por lo que la petición ha sido elevada al juez. En el anterior intento, este órgano se había opuesto por amplia mayoría.
La nueva petición llega después de que la Audiencia de Salamanca estimara el recurso de la Fiscalía el pasado mes de mayo y dejara sin efecto el primer permiso, que había sido concedido inicialmente por el juez de vigilancia penitenciaria. En aquella ocasión se trataba de una salida de cuatro días. La Audiencia consideró que en ese momento no concurrían las condiciones mínimas exigibles para que Basterra pudiera beneficiarse de un permiso ordinario de salida.
La Fiscalía ha confirmado que fijará su posición sobre esta nueva petición cuando el juez de vigilancia penitenciaria resuelva la solicitud.
Basterra fue detenido el 25 de septiembre de 2013 e ingresó en prisión provisional el día 27 de ese mismo mes. Permaneció en esta situación algo más de dos años, hasta que en noviembre de 2015 la Audiencia de A Coruña comunicó la condena que posteriormente confirmaría el Tribunal Supremo.
La condena se impuso después de decenas de periciales, un centenar de interrogatorios y 90 horas de juicio por la muerte de Asunta, una niña de altas capacidades que bailaba, tocaba el piano y el violín y se manejaba con cierta destreza en hasta seis idiomas.
Rosario Porto, abogada y madre de Asunta, se suicidó en 2020 en el penal de Brieva (Ávila), después de haber estado anteriormente en las prisiones de A Lama, en Pontevedra, y Teixeiro, en A Coruña.
Los dos, Porto y Basterra, quedaron condenados en una causa celebrada con jurado popular por la muerte violenta de la menor, que había llegado a España procedente de China cuando era recién nacida y pasó prácticamente toda su corta vida con ellos.
El cadáver de Asunta fue localizado el 22 de septiembre de 2013 por dos viandantes en una cuneta del municipio de Teo, próximo a Santiago de Compostela, después de que el rastro de la niña se perdiera el día anterior.
Las incongruencias en los testimonios de Rosario Porto y Alfonso Basterra y sus teorías, que no pudieron ser probadas, desencadenaron las sospechas y provocaron sus detenciones por homicidio, una calificación inicial que posteriormente se elevó.
En el endurecimiento de la condena tuvieron un papel relevante las pruebas forenses realizadas a la víctima, que revelaron que había sido sedada con Lorazepam, un ansiolítico cuyo registro más alto correspondía al día 21, la jornada en la que Asunta desapareció.
Los análisis mostraron además concentraciones significativas de este tranquilizante durante el mes de julio de aquel año, cuando dos profesoras de música de Asunta detectaron en la alumna un preocupante estado de somnolencia. Su familia atribuyó entonces esa situación a una supuesta condición de alérgica, patología que la pediatra siempre ha negado.
El 19 de noviembre de 2013 se levantó el secreto de sumario y trascendió un auto en el que constaba el convencimiento de que los padres de Asunta tenían un plan acordado para acabar con su vida. Según esa hipótesis, él se encargaría de drogarla hasta dejarla aturdida para facilitar la asfixia que ejecutaría ella.
La instrucción consideró probado que en el domicilio de Alfonso Basterra, que estaba separado de Rosario Porto, se produjo la ingesta del tranquilizante y que existía una autoría material y otra intelectual.
Mientras el juez de vigilancia penitenciaria estudia ahora la nueva solicitud de salida desde Topas, trece años después del crimen continúa sin esclarecerse públicamente el motivo último de la muerte de Asunta.
El recuerdo de la niña que hacía anotaciones de su puño y letra en alemán en los márgenes de un libro de Nietzsche permanece en la pista forestal donde fue encontrada, donde un altar mantiene vivo su recuerdo. Su voz y su inteligencia se apagaron aquel 21 de septiembre de 2013.
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