Morante de la Puebla, Daniel Luque y Marco Pérez protagonizan una cita que reúne a miles de aficionados y a numerosos rostros conocidos en los tendidos
Marco Pérez levanta Salamanca en una tarde de toreo grande
En un festejo donde Morante de la Puebla y Daniel Luque pasearon un trofeo cada uno en una corrida de gran ambiente en San Juan de Sahagún
La tarde cayó despacio sobre Salamanca mientras La Glorieta iba llenándose de ese murmullo inconfundible que solo acompaña a las grandes ocasiones. Bajo un cielo limpio y una temperatura agradable, los tendidos fueron poblándose mucho antes del paseíllo hasta presentar una imagen de auténtico acontecimiento. Había ganas de toros, de fiesta y de emoción en una ciudad que volvió a mirar hacia su plaza en la festividad de San Juan de Sahagún. La Glorieta lució prácticamente llena, vestida de gala para recibir a Morante de la Puebla, Daniel Luque y Marco Pérez en una de las tardes más esperadas por la afición.
Abrió plaza 'Cupletero', herrado con el número 46, de 505 kilos, negro mulato, hondo y tocadito hacia arriba. El ejemplar mostró un comportamiento muy abanto en los primeros compases de la lidia, llegando incluso a desarmar a Morante de la Puebla e impidiendo el lucimiento del torero en el recibo capotero.
Sin embargo, el toro protagonizó un notable tercio de varas, acudiendo al caballo con alegría hasta en tres ocasiones y dejando una de las imágenes destacadas de los primeros compases del festejo.
Ya en la muleta, el astado ofreció nobleza y humillación en sus embestidas, aunque fue perdiendo fuelle de manera progresiva. Morante aprovechó las virtudes del animal para desplegar su amplísimo repertorio taurino. Sonaron los olés en La Glorieta con trincherazos de cartel y tandas sobre la mano derecha en las que el sevillano templó, cargó la suerte y condujo la embestida con la suavidad de quien parece detener el tiempo.
La faena fue creciendo al compás de un público cada vez más entregado. Un ramillete de naturales terminó por encender los tendidos antes de que Morante dejara una estocada entera hasta los gavilanes. El toro rodó sin puntilla y La Glorieta premió la obra con una oreja, primera recompensa de una tarde que prometía emociones fuertes.

En segundo lugar saltó al ruedo 'Malhecho', herrado con el número 63, de 501 kilos, negro y algo escaso de presentación. Lo recibió Daniel Luque a la verónica, dejando pinceladas de temple y rematando el saludo con una media de buen trazo.
El toro mostró bravura en el tercio de varas, arrancándose con prontitud al caballo, levantando la penca del rabo y empujando con fijeza contra el peto en una actuación que fue claramente de menos a más.
Ya con la muleta, Luque brindó al público una faena de enorme conocimiento y magisterio taurino. El sevillano entendió a la perfección las condiciones de un toro con movilidad, pero también con cambios de ritmo y tendencia a soltar la cara al final de los muletazos, circunstancias que exigieron una lidia medida en terrenos, alturas y distancias.
La experiencia, la frescura y la capacidad de mando del diestro fueron imponiéndose poco a poco a las dificultades del astado, construyendo una labor de gran mérito que fue calando en los tendidos de La Glorieta.
Como colofón, Luque echó mano de sus ya características luquecinas, sello inconfundible de la casa, antes de recetar un estoconazo en todo lo alto, en el hoyo de las agujas. El público reconoció su actuación concediéndole una oreja.
En tercer lugar saltó al ruedo 'Alentado', herrado con el número 93, colorado ojo de perdiz y con 518 kilos de peso, un ejemplar bien hecho que permitió el lucimiento de Marco Pérez desde los primeros compases. El salmantino lo recibió con un templado saludo a la verónica, rematado con una media en la misma boca de riego que despertó los primeros olés de la tarde.
El toro pasó prácticamente desapercibido en el tercio de varas, dando paso a un brillante tercio de banderillas protagonizado por Elías Martín, que tuvo que desmonterarse tras una actuación muy celebrada por los tendidos.
Antes de iniciar la faena de muleta, Marco Pérez brindó su actuación al maestro Pedro Gutiérrez Moya 'Niño de la Capea', presente en La Glorieta. El joven torero comenzó de rodillas en los medios, firmando una importante tanda que levantó al público de sus asientos y elevó aún más la temperatura de la tarde.
Bravo y con transmisión se mostró el ejemplar de Domingo Hernández, aunque, al igual que ocurrió con la faena, fue perdiendo intensidad con el paso de los muletazos. Marco Pérez apostó entonces por el terreno de cercanías, metiéndose entre los pitones y dejando ajustadísimos circulares que conectaron con los aficionados.
La obra quedó rubricada con un estoconazo de efecto fulminante, suficiente para que el palco concediera una oreja al torero salmantino, que volvió a dejar muestras de su enorme proyección ante su público.

En cuarto lugar salió 'Esaborío', herrado con el número 71, de 512 kilos, negro listón y perteneciente al hierro de Hermanos García Jiménez. El ejemplar, cornidelantero, remató en tablas durante el recibo capotero, llegando a hacer perder el capote a Morante de la Puebla hasta en dos ocasiones, lo que deslució los primeros compases de la lidia.
El toro volvió a mostrar las virtudes de la corrida en el tercio de varas, acudiendo con prontitud al caballo y empujando con fijeza bajo el peto, siempre con la cara abajo, dejando muestras de bravura.
La faena de muleta no tuvo un inicio sencillo para el sevillano. Morante no terminó de encontrar el acople necesario ante un astado pronto, humillador y con tendencia a colocar muy bien la cara, especialmente por el pitón izquierdo. Sin embargo, conforme avanzó la labor, el torero fue encontrando los tiempos y las distancias hasta alcanzar los momentos más inspirados de la obra.
Fue precisamente sobre la mano izquierda donde llegó lo mejor de la faena. Morante logró ralentizar las embestidas del toro en un puñado de naturales de gran profundidad y empaque que despertaron el reconocimiento de los tendidos de La Glorieta.
La actuación concluyó con una buena estocada, tras la que el público reconoció el esfuerzo y los momentos de calidad del diestro sevillano con una ovación desde los tendidos.
En quinto lugar hizo presencia un ejemplar negro, de 519 kilos, herrado con el número 4 y perteneciente al hierro de Olga Jiménez. Lo paró Daniel Luque con capotazos invertidos de gran estética, para después lancearlo a la verónica con una clase y una elegancia verdaderamente soberbias.
El toro fue llevado al caballo mediante chicuelinas, acudiendo con alegría y prontitud al encuentro del peto, en un inicio de lidia de gran armonía.
El momento que atraviesa el torero sevillano se evidenció de nuevo en una faena de altísimo nivel, donde se quedan cortos los adjetivos para describir la cantidad de recursos, conocimiento, clase y elegancia desplegados. Luque acabó por cuajar a un gran colaborador de Olga Jiménez, un astado con múltiples virtudes al que supo entender desde el primer instante.
Toro y torero terminaron fundidos al compás de una faena que transcurrió como un pasodoble continuo, como un vals interminable que el público parecía no querer que terminase, en una de las obras más completas de la tarde.
Tras una labor de gran redondez, Luque falló con los aceros, lo que dejó el premio en una ovación cerrada desde los tendidos de La Glorieta.
Cerró la tarde el de Carmen Lorenzo, de nombre 'Betunero', herrado con el número 1, de 502 kilos, negro, al que Marco Pérez recibió a porta gayola, aunque el astado salió suelto de los primeros compases del recibo capotero.
El toro resultó muy bueno en el caballo, empujando con entrega en el tercio de varas, aunque posteriormente comenzó a hacer extraños por el pitón izquierdo, arrollando por momentos y colándose en los terrenos del torero, lo que complicó notablemente la lidia.
Brindó la faena al público y construyó una labor que fue creciendo en intensidad y contenido, basada fundamentalmente en la mano diestra, donde el sevillano fue imponiendo su autoridad.
Se trataba de un toro bravísimo, con mucha transmisión, raza y una embestida constante, que no se cansaba de galopar ni de embestir por abajo, provocando el entusiasmo de los tendidos y haciendo las delicias del respetable en el cierre de la tarde.
Lo cuajó el salmantino, llevándolo enganchado en las telas y muy toreado, en una faena en la que el astado fue a más, mostrando una clara codicia por coger los engaños y una duración impropia de un toro de alta nota.
La obra quedó rubricada con un estoconazo, lo que desató la petición y concesión de dos orejas en el cierre de una tarde de gran intensidad en La Glorieta.


Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca. Corrida de toros en honor a San Juan de Sahagún 2026. Toros, por orden de lidia, de Garcigrande, La Ventana del Puerto, Domingo Hernández, Hnos. García Jiménez, Olga Jiménez y Carmen Lorenzo.
Morante de la Puebla, oreja y ovación.
Daniel Luque, oreja y ovación tras aviso.
Marco Pérez, oreja y dos orejas.
Al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio y sonaron los acordes del Himno Nacional de España.
En un festejo donde Morante de la Puebla y Daniel Luque pasearon un trofeo cada uno en una corrida de gran ambiente en San Juan de Sahagún
Honey Anne Haskin, de 72 años, recorre plazas de toda España siguiendo a Morante de la Puebla, de quien se declara admiradora incondicional desde hace una década
Los aficionados recibieron también a Daniel Luque y Marco Pérez en los prolegómenos de la corrida extraordinaria de San Juan de Sahagún
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Plaza de toros de La Glorieta, Salamanca. Corrida de toros en honor a San Juan de Sahagún 2026. Toros, por orden de lidia, de Garcigrande, La Ventana del Puerto, Domingo Hernández, Hnos. García Jiménez, Olga Jiménez y Carmen Lorenzo.
Morante de la Puebla, oreja y ovación.
Daniel Luque, oreja y ovación tras aviso.
Marco Pérez, oreja y dos orejas.
Al finalizar el paseíllo, se guardó un minuto de silencio y sonaron los acordes del Himno Nacional de España.








