La voz de La Unión despierta la memoria de varias generaciones en Salamanca

Rafa Sánchez, histórico cantante de La Unión, reunió a cientos de personas en la plaza de la Concordia con un recorrido por himnos como Lobo hombre en París, Maracaibo, Más y más o Sildavia

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El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 2 min.

Hay conciertos que se escuchan. Y hay conciertos que se recuerdan incluso antes de que terminen. La Plaza de la Concordia, abarrotada de público, recibió este viernes a Rafa Sánchez, la voz que durante décadas puso banda sonora a miles de historias personales. Bajo el cielo de las fiestas de San Juan de Sahagún, Salamanca no solo asistió a una actuación musical. Asistió a un reencuentro con sus recuerdos.

Poco importó el paso del tiempo cuando comenzaron a sonar los primeros acordes. De repente, los años parecieron encogerse. Entre el público había quienes escucharon aquellas canciones en un radiocasete, quienes las bailaron en una discoteca ya desaparecida y quienes las descubrieron mucho después. Todos acabaron cantando las mismas letras.

Porque algunos temas pertenecen ya a un lugar distinto al de la música. 'Lobo hombre en París', 'Maracaibo', 'Más y más' o 'Sildavia' forman parte de la memoria sentimental de varias generaciones, y anoche volvieron a encontrar refugio en las voces de cientos de salmantinos.

La Plaza de la Concordia apareció repleta mucho antes de la hora prevista. Familias, grupos de amigos y parejas ocuparon cada rincón disponible para asistir a uno de los conciertos más esperados de las fiestas. Cuando Rafa Sánchez apareció sobre el escenario, una larga ovación confirmó que no era una actuación más del programa festivo.

Durante toda la noche, la nostalgia fue la auténtica protagonista. Pero no una nostalgia triste, sino de esas que dibujan sonrisas. La de quienes recuerdan quiénes fueron al escuchar una canción.

Y quizá ahí resida el secreto de artistas como Rafa Sánchez. Sus canciones ya no les pertenecen del todo. Han pasado a formar parte de la vida de quienes las hicieron suyas.

Por eso, cuando las últimas notas se apagaron en la Plaza de la Concordia, el público tardó unos segundos en marcharse. Como si abandonar el recinto significara regresar de golpe al presente.

Porque durante una noche de junio, en pleno corazón de Salamanca, muchos volvieron a encontrarse con una versión más joven de sí mismos.

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