Salamanca, escenario de una nueva vida: Zakia dona un riñón a su hermano con solo 23 años

La familia, originaria de Marruecos y afincada en Valladolid, encontró en el Hospital de Salamanca y en el apoyo de ALCER una segunda oportunidad

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Salamanca, escenario de una nueva vida: Zakia dona un riñón a su hermano con solo 23 años
Zakia Ftaine junto a su hermano ingresado en el Hospital de Salamanca
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 3 min.

Hay decisiones que nacen del miedo. Otras, del amor. La de Zakia Ftaine, una joven de 23 años que vive en Valladolid junto a su familia, nació de ambas cosas al mismo tiempo. Su hermano Bilal tenía solo 15 años cuando todo cambió de golpe. La familia aún vivía en Marruecos cuando el joven empezó a encontrarse mal. Hasta entonces no había señales. "Estaba bien, fue de repente", recuerda Zakia. Pero aquel día llegó una noticia imposible de olvidar: sus dos riñones habían dejado de funcionar.

Desde entonces, la vida de Bilal pasó a estar marcada por la diálisis, las visitas médicas y la espera. Cinco años después, con apenas 20 años, seguía pendiente de un trasplante. "Como es joven, hay pocos riñones de jóvenes", explica su hermana. Durante mucho tiempo logró mantenerse estable dentro de la gravedad, pero el último año fue especialmente duro. Los dolores aumentaron, el cansancio empezó a apagarle poco a poco y caminar se convirtió en un esfuerzo constante. "Cada vez que le veía, estaba peor. No podía caminar ni nada", cuenta Zakia.

Fue entonces cuando tomó una decisión que llevaba tiempo creciendo dentro de ella. "Como no podía verlo así más, dije: le voy a dar un riñón y ya está". Lo cuenta con una naturalidad que emociona. Como si no hubiera otra opción posible. Porque para ella no la había.

Zakia habló con la nefróloga de su hermano y pidió iniciar el proceso para convertirse en donante viva. Comenzaron las pruebas, las consultas y los viajes al Hospital de Salamanca, donde finalmente ambos fueron intervenidos. Primero llegaron semanas de análisis y revisiones para comprobar que la enfermedad no fuera genética y que ella pudiera donar sin riesgos. "Han tardado casi dos meses entre las pruebas y todo eso", explica.

Pero la espera se le hizo eterna. "Yo estaba feliz y esperando que llegara el día de la operación", recuerda. "Pensaba: '¿Cuándo llega este día?' Porque ya quería hacerlo para que mi hermano estuviera mejor".

Bilal, sin embargo, tenía miedo. "Él al principio no quería porque pensaba que me podía pasar algo", explica Zakia. "Me decía que no sabía si algún día el riñón que me quedaba iba a funcionar mal". Pero ella consiguió tranquilizarle. "Le dije que mucha gente vive con un solo riñón y que nada iba a pasar".

La operación se realizó hace apenas unos días en el Hospital de Salamanca. Ella ya ha recibido el alta tras pasar casi cinco días ingresada y asegura que se encuentra bien. "Ahora mismo estoy muy bien, la verdad", dice. Bilal continúa recuperándose poco a poco, todavía ingresado, pero ella ya empieza a verle diferente. "Me siento muy orgullosa de lo que he hecho por mi hermano y siento una felicidad inmensa al verle con una nueva oportunidad de vida. No hay palabras para describir la emoción que siente una hermana cuando sabe que ha podido ayudar a su hermano de esta manera", afirma. 

La historia de esta familia marroquí afincada en Valladolid también tiene otro escenario importante lejos de los quirófanos: uno de los pisos de ALCER Salamanca (Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades de Riñón), la asociación que ayuda a pacientes trasplantados y familiares desplazados ofreciéndoles alojamiento durante su estancia en la ciudad. Allí han encontrado algo más que un lugar donde dormir. "No somos de aquí y un hotel iba a salir muy caro", explica Zakia. "Aquí tenemos todo lo que necesitamos, incluso para cocinar. La verdad es que está muy bien".

En medio del cansancio, las pruebas médicas y la incertidumbre, también encontró apoyo emocional. Habla especialmente de Marga, una de las personas de la asociación, que estuvo pendiente de ella durante esos días difíciles. "Como me veía preocupada por mi hermano, hablaba conmigo", recuerda.

En el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos, Zakia no necesita grandes discursos para explicar lo que significa donar. Su mensaje nace de la experiencia, del miedo y también del alivio de haber podido cambiarle la vida a alguien a quien quiere. "Si alguien puede hacer esto por una persona de su familia, le diría que lo haga", asegura. "Porque la donación puede devolver la esperanza, la salud y la sonrisa a una persona y a toda una familia. Ver a alguien que quieres volver a vivir con ilusión es un regalo que no tiene precio".

Y quizá ahí esté todo. En esa frase sencilla. En la belleza silenciosa de quien decide entregar una parte de sí misma para que otro pueda seguir viviendo.

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