Play-off, descenso y clasificación final: Unionistas acaba en zona de Copa en una Primera Federación ya decidida
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El Reina Sofía volvió a ser lo que casi siempre es cuando Unionistas juega en casa: un lugar donde el fútbol se mezcla con algo más. En la última jornada de la temporada, con la Copa del Rey como premio en juego y el recuerdo del año pasado todavía reciente -cuando la pelea era simplemente la supervivencia-, el ambiente fue el de una cita importante, pero también el de un final inevitable. Había más ilusión que ansiedad, más esperanza que presión. Porque esta vez el objetivo no era sobrevivir, sino aspirar a algo que en Salamanca se vive como un premio especial, casi un regalo: volver a la Copa del Rey. Un torneo que para Unionistas siempre tiene un significado diferente, casi fundacional.
Desde horas antes del inicio, el ambiente ya estaba marcado. El recibimiento a la expedición del equipo volvió a demostrar la fidelidad de una afición que rara vez falla, especialmente en los días señalados. Banderas, cánticos y ese ruido reconocible que convierte la llegada del autobús en un ritual más que en una simple previa.
Y en medio de todo, un detalle que sobrevolaba el ambiente: el olor a despedida.
No hacía falta decirlo en voz alta. Era la última jornada y muchos sabían que el punto final de la temporada también puede ser el punto final de varias etapas. Jugadores que han dejado huella, otros que han crecido en silencio y algunos que probablemente no vuelvan a vestir la camiseta blanquinegra. Todo eso se percibía en el ambiente, entre abrazos, fotos y miradas que duran un segundo más de lo normal.
El fútbol fue poniendo su parte, pero el foco estaba también fuera del césped. El homenaje previo a Carlos de la Nava, reconocido como MVP de la temporada, sirvió como antesala emocional de lo que venía después. Un premio que en realidad resumía el esfuerzo colectivo de un equipo que ha vuelto a pelear hasta el final. Durante el partido, el ambiente se fue calentando con los goles y con la sensación de que Unionistas, con más o menos brillo, había hecho lo que tenía que hacer. Pero la tarde también se jugaba en la grada y en los gestos.

Especialmente en los cambios. La 'doble J', Jota y Juanje, se marcharon entre una ovación cerrada. También Mounir, uno de esos jugadores que ha convivido con la exigencia y la irregularidad, pero que siempre ha encontrado reconocimiento en el esfuerzo. Y, por supuesto, Álvaro Gómez, protagonista en el césped y símbolo en la grada, con sus goles sosteniendo el pulso del sueño copero.
El partido fue avanzando hacia su final con esa mezcla tan reconocible de tensión deportiva y emoción contenida. Y cuando el árbitro señaló el final, el foco cambió por completo. El equipo se reunió con su afición y el Reina Sofía vivió uno de esos momentos que ya forman parte de su identidad reciente: el manteo a Mario Simón.
El técnico, que llegó para aportar calma, ordenar el rumbo y estabilizar un equipo que buscaba claridad, fue lanzado al aire como reconocimiento a un trabajo que ha llevado a Unionistas a pelear por algo que no siempre estuvo en el horizonte. Más allá del resultado, más allá de los goles, el gesto resumía la sensación general: el equipo ha competido, ha crecido y ha vuelto a enganchar a su gente.
Y todo ello, una vez más, con más de 3.000 fieles en las gradas. Una cifra que en Unionistas no es solo un dato, sino una constante. Porque el club puede cambiar de jugadores, de entrenadores o de objetivos, pero la respuesta en el Reina Sofía se mantiene como una de sus señas de identidad más firmes.
La temporada se cierra así, entre la emoción y la incertidumbre, entre el aplauso y la despedida, y con la sensación de que, pase lo que pase, Unionistas ha vuelto a encontrar un lugar en el que creer.
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