El sueño de la final se fue desdibujando en el Príncipe Felipe, pero no sin pelea. Perfumerías Avenida cayó tras un partido de enorme exigencia física ante Casademont Zaragoza, donde el conjunto salmantino volvió a levantarse una y otra vez, empujado por su carácter y por la resistencia de Iyana Martín, aunque el dominio del rebote, el contacto constante y las segundas opciones acabaron inclinando una semifinal que se decidió en los detalles.
Entró bien al partido Perfumerías Avenida con un triple de Laura Spreafico, pero poco a poco el duelo fue cayendo hacia el terreno que más le interesaba a Casademont Zaragoza. Mucha exigencia física, contactos constantes y una sensación permanente de partido incómodo para un Avenida que veía cómo cada ataque exigía un esfuerzo enorme.
Especialmente duro era el peaje para Iyana Martín, perseguida prácticamente en cada acción y mirando incrédula cómo muchos de esos contactos quedaban sin sanción. Avenida se sostuvo inicialmente con otro triple de Virag Kiss, pero cuando el acierto exterior desapareció comenzaron los problemas para el equipo de Anna Montañana, demasiado atascado en circulación para encontrar ventajas ante la movilidad y dureza de la defensa local.
Y ahí apareció el escenario favorito de Zaragoza: recuperación, transición y velocidad. De la mano de Vorackova, Bankole y Mawuli, el conjunto aragonés empezó a abrir la primera brecha seria del partido. Avenida se quedó en apenas diez puntos en el primer cuarto -dos de ellos desde el tiro libre por medio de Abby Meyers- y además concedía demasiadas segundas oportunidades a un rival que cargaba con dureza el rebote ofensivo, cinco capturas en los primeros diez minutos. El 19-10 al final del cuarto reflejaba perfectamente el arranque.
Para colmo visitante, todo lo que no entraba en un lado sí sonreía al otro. Como el triple de Mawuli que rebotó en el aro, salió despedido hacia arriba y acabó cayendo dentro para colocar el +13. Zaragoza jugaba con viento a favor mientras Avenida intentaba mantenerse vivo ejecutando sistemas y buscando espacios dentro de la tela de araña defensiva local. Faltaba acierto, pero no intención.
El marcador fue dando todavía más confianza al conjunto maño, que además de endurecer el partido atrás empezó a encontrar fluidez ofensiva gracias a las segundas opciones y a los emparejamientos favorables cerca del aro. Gueye y Hempe castigaban cada cambio defensivo ante jugadoras más pequeñas y la diferencia ya empezaba a ser preocupante cuando Montañana pidió tiempo muerto (31-16).
Pero Avenida volvió a demostrar que nunca desaparece del todo. A la salida de ese tiempo muerto llegó un triple de Spreafico tras liberar Iyana Martín la doble ayuda que sufría prácticamente en cada posesión. Ahí estaba una de las claves del partido: el asfixiante trabajo defensivo sobre la base asturiana, que aun así seguía resistiéndose a doblar la rodilla. Dos acciones suyas colocaban el 31-21 y, tras otro triple de Spreafico, era el banquillo local el que se veía obligado a parar el partido. El mensaje estaba lanzado: Avenida no iba a rendirse.
Las salmantinas llegaron a colocarse a siete y tuvieron incluso posesión para acercarse más, pero también ahí apareció otra de las constantes de la mañana Cave volvía a encontrarse en la pintura con un nivel de contacto permitido muy difícil de gestionar y, de una posible falta favorable, la acción acabó señalándose en contra. Zaragoza aprovechó los tiros libres y Avenida tuvo que seguir remando hasta el descanso, al que llegó siete abajo (35-28).
Las sensaciones, eso sí, habían cambiado. Y el tercer cuarto confirmó que Avenida seguía dentro del partido. El equipo salmantino arrancó la reanudación con mucho más convencimiento y, esta vez sí, el aro comenzó a devolver parte de lo negado antes. El triple de Andrea Vilaró y dos tiros libres de Marta Hermida colocaban al equipo a solo tres puntos.
Avenida incluso tuvo balón para apretar todavía más el marcador, aunque seguía jugando contra demasiadas cosas a la vez. Otro golpe sobre Cave terminó con la pívot sangrando por una ceja rumbo al banquillo, mientras en el otro lado seguían cayendo faltas y Oma encontraba premio a su insistencia en el rebote. De nuevo, casi de la nada, Zaragoza recuperaba el +10.
Pero quien diera por acabado a este equipo no conoce demasiado bien su carácter. Avenida volvió a levantarse. Con dos pívots en pista, más calma en la circulación y una Iyana Martín jugando prácticamente contra el mundo, las azulonas reaccionaron otra vez. Cinco puntos consecutivos de la base devolvían el miedo al banquillo local, obligado a pedir tiempo muerto con el 51-46.
Y así, agarrado al talento y personalidad de una jugadora de apenas 20 años, vendada y perseguida en cada acción, Avenida llegó vivo al último cuarto.
Otra vez a tres puntos al inicio del parcial definitivo. Otra vez creyendo. Pero ahí empezó a pesar demasiado la realidad del partido. Avenida necesitaba encontrar puntos más allá de Iyana y no consiguió aprovechar un par de acciones claras cerca del aro. Cada esfuerzo sin premio pesaba el doble porque Zaragoza seguía imponiendo músculo, dominando el rebote y encontrando faltas y viajes al tiro libre.
La recta final ya fue una carrera cuesta arriba para un Avenida que siguió buscando lo improbable por marcador, rival y contexto. En Salamanca quizá mereció irse con una renta mayor; en Zaragoza tuvo momentos para cambiar el rumbo de la eliminatoria, pero no consiguió aprovecharlos.
Entre el físico local, las segundas oportunidades y un partido en el que solo Iyana -y por momentos Cave y Kiss-, encontraron continuidad ofensiva, el sueño de la final terminó escapándose. Mucho más cerca, seguramente, de lo que el resultado final puede llegar a contar.