Los ganaderos salmantinos apenas ingresan por la lana mientras el coste del esquileo supera con creces los beneficios en el ovino de Castilla y León
La lana que no abriga las cuentas: esquilar ovejas sale caro en Salamanca
Los ganaderos salmantinos apenas ingresan por la lana mientras el coste del esquileo supera con creces los beneficios en el ovino de Castilla y León
La esquila de ovejas se ha convertido en un negocio claramente deficitario para los ganaderos de Salamanca. Lejos de ser una fuente de ingresos, la lana se ha transformado en un subproducto casi sin valor en el mercado, hasta el punto de que los ingresos apenas cubren un 8% del coste del esquileo.
Según los datos aportados por la organización agraria Asaja, la situación es especialmente complicada en explotaciones de razas no merinas, mayoritarias en la provincia salmantina. En estos casos, el precio de la lana ronda los cinco céntimos por kilo, mientras que esquilar cada oveja cuesta de media 1,5 euros.
Para una explotación media de unas 500 ovejas, habitual en Salamanca, el coste total del esquileo asciende a unos 800 euros, frente a unos ingresos prácticamente simbólicos por la venta de la lana. Este desequilibrio convierte una tarea necesaria para el bienestar animal en una carga económica más para el ganadero.
En el conjunto de Castilla y León, donde se concentra una de las mayores cabañas de ovino del país, la campaña de esquila dejará cifras contundentes: 4,6 millones de kilos de lana recogidos con un coste total que supera los 3,1 millones de euros.
La provincia salmantina mantiene un peso relevante en el sector, con alrededor de 288.000 cabezas de ganado ovino, situándose entre las más importantes de la Comunidad. Sin embargo, al igual que en el resto del territorio, tanto el número de explotaciones como de animales sigue una tendencia descendente.
El problema de la lana se suma así a una lista de dificultades que afectan al sector, donde los márgenes son cada vez más ajustados pese a momentos puntuales de mejora en el precio del cordero.
Desde Asaja señalan que no toda la lana tiene el mismo valor. La procedente de ovejas merinas, de mayor calidad, sí encuentra salida en mercados textiles más exigentes, aunque su producción es minoritaria en Salamanca.
El gran reto está en la lana de razas lecheras o cárnicas, como la Assaf, la castellana o la churra, predominantes en la provincia. Para este tipo de lana, las posibilidades pasan por buscar nuevos usos, desde la bioconstrucción y materiales aislantes hasta la regeneración de suelos.
Los ganaderos reclaman un cambio de enfoque: dejar de considerar la lana como un residuo y empezar a valorarla como un recurso con potencial. En un contexto de creciente interés global por materiales sostenibles, ven necesario el apoyo de las administraciones para impulsar su reutilización.
Porque, más allá de los números, el futuro del ovino en Salamanca depende también de resolver problemas como este. Cuando esquilar cuesta más de lo que se ingresa, la viabilidad del sector queda en entredicho.
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