Tres décadas salvando arte: Uffizzi desvela los retos ocultos de restaurar el patrimonio en Salamanca

Tras 30 años de oficio, el equipo defiende el valor del patrimonio frente a las dificultades para conservarlo

imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
imagen
El equipo de Uffizzi conservación y restauración de bienes culturales en Salamanca (Fotos: Arai Santana)
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 6 min.

El estudio Uffizzi de Salamanca, responsable de la restauración del lienzo La Ascensión de la Virgen de Vitigudino, afronta un nuevo reto técnico mientras repasa más de 30 años dedicados a la conservación del patrimonio histórico en España. Un trabajo necesario, irremplazable, y poco reconocido pero con el peso de sostener buena parte de la memoria artística de varias generaciones.

María Luisa López Ávila, una de las responsables junto a David Rodrigo Rodríguez, recuerda que la empresa nació en 1994, tras finalizar su formación en restauración en la Universidad de Sevilla. "Fue una aventura de ver qué pasaba al terminar la facultad y empezar a trabajar", explica. Aquel inicio, casi a ciegas pero cargado de vocación, derivó en la creación formal de la sociedad en el año 2000, con una trayectoria centrada principalmente en trabajos para la administración pública.

El propio nombre refleja ese origen. "Le pusimos Uffizzi, con dos efes y dos zetas, inspirándonos en Italia y en la teoría de la restauración que estudiábamos entonces", señala. Un nombre que, reconoce, ha generado confusión durante años, pero que ya forma parte de su identidad profesional y de su historia.

Desde entonces, el equipo ha intervenido en espacios de gran relevancia como las catedrales de Salamanca, León, Sigüenza o Tarazona, además de numerosos templos de Castilla y León y Extremadura. Entre sus trabajos más destacados figuran también actuaciones en la Catedral Vieja de Salamanca, donde restauraron tablas de Francisco Gallego y Fernando Gallego, así como múltiples piezas de escultura y pintura que forman parte del patrimonio cotidiano, ese que muchas veces pasa desapercibido.

Su huella se extiende igualmente a la Semana Santa salmantina. "Hemos tratado obras importantísimas como el Cristo de la Agonía Redentora, el Nazareno de San Julián o el paso de las Cañas", destaca López Ávila. También han participado en proyectos singulares como el traslado del mural del Vía Crucis del antiguo Hospital Clínico o el descubrimiento de un retablo pintado del siglo XVI oculto bajo capas de cal en Llerena, una imagen que había permanecido invisible durante siglos y que volvió a la luz gracias a su intervención.

Además, su trabajo no se limita a la restauración clásica. Han participado en intervenciones arqueológicas, traslado de mosaicos, conservación de documento gráfico y tasaciones de obras de arte, muchas de ellas ligadas a herencias familiares, historias privadas y piezas que guardan memoria íntima. "Hay que diferenciar entre el valor de una obra y su precio de mercado", explica, advirtiendo de que tras la crisis económica muchas piezas se han vendido por debajo de su valor real, a veces sin que quienes las poseen sean plenamente conscientes de lo que tienen. A ello se suman colaboraciones con museos de arte contemporáneo e intervenciones en piezas de distintos soportes, así como labores de apoyo y organización de exposiciones, como la muestra de fotografía actual celebrada el año pasado en la estación de Metro de Chamartín.

Actualmente, trabajan en la restauración del lienzo de Vitigudino,una obra de grandes dimensiones que ha llegado en condiciones extremas y cuya intervención cuenta con una ayuda de la Fundación Inés Luna Terrero, presidida por la Subdelegación del Gobierno. "La pintura se estaba cayendo literalmente", relata. Los trabajos, que llevan a cabo las restauradoras Mar Rodríguez García y Flor González Santos, están permitiendo recuperar colores y detalles originales, aunque también han revelado daños irreversibles y decisiones tomadas en intervenciones anteriores, huellas del paso del tiempo y de otras manos.

 

 

"Está cortada, le falta tela, y creemos que puede haber personajes desaparecidos en la composición", afirma. El equipo también ha detectado reutilización de fragmentos de otras pinturas para reparar daños, así como antiguos reentelados que modificaron la estructura original. Cada hallazgo abre nuevas preguntas, casi como si el propio lienzo fuera contando su historia capa a capa.

 

"Un presupuesto es solo una declaración de intenciones, nunca sabes lo que te vas a encontrar"

 

El proceso de restauración es largo y minucioso. Antes de intervenir, los especialistas realizan estudios previos documentales y materiales, con análisis técnicos, fotografías con distintas fuentes de luz y toma de muestras para laboratorio. "Ahora es tan importante lo que se le hace a la pieza como documentar todo lo que se le ha hecho", subraya. Nada se deja al azar en un trabajo donde cada decisión es irreversible.

La intervención incluye la retirada de barnices antiguos -algunos de gran dureza-, la limpieza progresiva, el estucado de lagunas y la reintegración cromática con materiales reversibles. "Hasta llegar al resultado final pueden pasar meses de trabajo", explica. Meses de paciencia, precisión y una mirada entrenada para reconstruir sin borrar la historia.

En paralelo, continúa el estudio sobre la autoría. Aunque inicialmente se ha vinculado a Juan Martín Cabezalero, desde Uffizzi advierten de que existen diferencias que obligan a seguir investigando. "Hay que profundizar en si esa atribución es fiable o hay que reconsiderarla". Porque restaurar también es, en parte, investigar.

Más allá del caso concreto, López Ávila insiste en la complejidad de la profesión. "No es buscar trabajo, es encontrarlo", resume. La restauración no es un proceso industrial, sino un trabajo manual altamente especializado en el que cada obra plantea incógnitas. "Un presupuesto es solo una declaración de intenciones, nunca sabes lo que te vas a encontrar", señala.

La responsable del estudio también advierte de los riesgos del actual sistema de contratación pública. "En muchos casos se adjudica al más barato, y eso va en detrimento de la restauración", señala, recordando que se trata de un trabajo especializado que no permite ajustar costes como en otros sectores.

 

 

"Cada obra es un tesoro"

 

En este sentido, denuncia cambios recientes en los procesos de licitación. "Se están suprimiendo los criterios técnicos en algunas administraciones, lo que hace que el peso recaiga casi exclusivamente en la oferta económica", explica.

Además, subraya la situación en Castilla y León: "Ahora mismo no hay licitación pública en restauración de bienes muebles por parte de la Junta", afirma. Según detalla, el modelo ha virado hacia subvenciones a instituciones, lo que obliga a pequeñas empresas a depender de contrataciones indirectas. "Conseguir trabajo es mucho más difícil que antes", resume.

El estudio funciona además con equipos distribuidos por distintos puntos del país. López Ávila y Rodrigo Rodríguez supervisan de forma directa estos trabajos, coordinando intervenciones que se desarrollan de manera simultánea en diferentes localizaciones, en un equilibrio constante entre gestión, técnica y presencia sobre el terreno.

El sector atraviesa un momento complicado, marcado por la falta de regulación y la inestabilidad en la contratación. "Es una profesión liberal que no está regulada, no tenemos un colegio oficial ni honorarios establecidos", lamenta. A ello se suma la caída de licitaciones en los últimos años, lo que ha obligado a reinventarse y a adaptarse continuamente.

"Hemos hecho absolutamente de todo, desde grandes retablos hasta piezas domésticas", recuerda, evocando etapas especialmente duras tras la crisis económica y la pandemia, cuando el trabajo prácticamente desapareció y hubo que volver a empezar casi desde cero.

 

 

Pese a ello, la vocación sigue siendo el motor. "Para nosotros cada obra no es un cliente, es un tesoro", afirma, reivindicando el cuidado extremo que requiere cada intervención y el respeto por cada pieza, independientemente de su valor económico.

La responsable también lanza una reflexión sobre el futuro del patrimonio y su transmisión. "Si no conocemos una obra de arte, no la podemos apreciar; y si no la apreciamos, no la vamos a conservar", advierte.

"Hay jóvenes que terminan sus estudios sin haber entrado en la Catedral de Salamanca", lamenta, insistiendo en la necesidad de trabajar la identidad cultural desde edades tempranas y de acercar el patrimonio a la vida cotidiana.

Mientras avanzan los trabajos en el lienzo de Vitigudino, el equipo de Uffizzi continúa enfrentándose a nuevos desafíos, combinando conocimiento técnico, experiencia y vocación para garantizar que un patrimonio frágil, y muchas veces olvidado, no se pierda con el paso del tiempo.

 

 

0 Comentarios

* Los comentarios sin iniciar sesión estarán a la espera de aprobación
Mobile App
X

Descarga la app de Grupo Tribuna

y estarás más cerca de toda nuestra actualidad.

Mobile App