Un cráter de 79 kilómetros de diámetro ubicado en el sureste de la Luna lleva el nombre del astrónomo salmantino Abraham Zacut
Un viaje desde el siglo XIX: los ilustres personajes que reposan en el cementerio de Salamanca
La historia que descubre el visitante en la visita guiada por panteones y personalidades de la sociedad salmantina cuyos restos reposan en el cementerio de San Carlos Borromeo
Entre ilustres personajes, panteones y otros elementos arquitectónicos del cementerio de San Carlos Borromeo se escribe una de las páginas más singulares de la historia de Salamanca. Una página que los visitantes tienen la oportunidad de leer -o releer- en un recorrido didáctico y respetuoso con el lugar al que se accede a través del programa de visitas guiadas 'Ecos de una ciudad'.
Un viaje con nombres propios que arranca dos siglos atrás, en el año 1832, fecha del primer enterramiento en el cementerio más antiguo de Salamanca y enclavado en lo que fueron los terrenos de la Huerta de Villa Sendín, antigua propiedad de los Jesuitas. En una mañana de cielo azul y el frío propio del mes de marzo, traspasamos las puertas del siglo XIX para recorrer este sagrado lugar en el que reposan numerosas personalidades de la sociedad salmantina a lo largo de los últimos siglos, para descubrir quiénes eran, cuál fue su historia y el papel que desempeñaron en su tiempo.

Y es que, junto a nombres que no necesitan presentacion, como Filiberto Villalobos, Miguel de Unamuno, Iscar Peyra o Rafael Farina, en este cementerio también están enterrados otros hombres y mujeres cuyas historias merecen ser rescatadas del olvido porque en su momento tuvieron una gran relevancia social. ¿Sabes quién era 'La Corneja'? Aunque así es como se la conocía a esta mujer aristocrática y terrateniente de mediados del siglo XIX, su nombre era Teresa de Zúñiga y Cornejo, y sus restos reposan en uno de los panteones familiares más imponentes del cementerio y cuyo diseño rememora una iglesia medieval. La historia relata el famoso pleito que mantuvo con el Ayuntamiento de Salamanca para defender su casa, ubicada en lo que hoy es la Rúa. Un panteón rodeado en su perímetro por una valla para evitar la entrada de curiosos.

Otra mujer cuya historia también merece una especial mención y a la que se conocía como 'La Pollita de Oro'. Su nombre, Gonzala Santana, mujer de gran fortuna y filántropa que dedicó gran parte de su vida a mejorar la vida de los más desfavorecidos, con becas para los hijos de familias más pobres al apoyo a las cofradías como la de la Vera Cruz.
También está enterrado en Salamanca, en su panteón, el que fuera XI Marqués de Albayda, es decir, Jacinto de Orellana-Pizarro y Avecía, ganadero, terrateniente y grande de España a principios del siglo XX. Llegó a ser senador por la provincia salmantina en los años 1914 y 1915.

Los panteones más antiguos datan del mediados del siglo XIX y, sin duda, son todo un ejemplo de arquitectura funeraria. Al principio eran panteones abiertos, como el de Fernando Iscar, el del Marqués de Villalcázar o el Antonia Carabias, que data de 1875 y que destaca por el medallón con su busto. Lógicamente, el coste de los panteones era mayor que el de las tumbas, así que era algo reservado para la aristocracia terraniente de Salamanca de aquella época. Pero ya a finales del siglo XIX, la burguesía comercial de la ciudad comenzó a construirse también sus panteones, en este caso los denominados panteones cerrados.
El de 'La Corneja' es uno de los panteones familiares más imponentes del cementerio y cuyo diseño rememora una iglesia medieval
¿Y quién fue Bonificio Diego García? Dueño de una fábrica de curtidos, lanas y pieles que estaba ubicada en la calle San Pablo, es uno de los personajes salmantinos del siglo XX que se construyó uno de los grandes panteones del cementerio, todo un ejemplo de arquitectura funeraria neogótica.
Uno de los panteones más singulares en el de la familia Lamamie de Clairac, al igual que el de Laureana Ramos Sanz o el de los Marqueses de Villa Alcázar, mandado construir en 1869 por Francisco González de la Riva y Mallo, propietario de la fábrica de harinas de Tejares, además de pianista y senador durante el Sexenio Revolucionario.

Destaca, por la sencillez de la tumba en la que resposan sus restos, la de Pedro Dorado Montero, una de las grandes figuras de la historia de Salamanca de finales del siglo XIX y principios del XX, pese a los intentos del Obispo Padre Cámara de silenciar su labor e incluso de excomulgarlo y de prohibir que fuera enterrado en el entonces cementerio católico -de hecho reposa en la parte civil-. Afortunadamente no lo consiguió, y de hecho hoy da nombre a una calle de la capital salmantina y a un aula del Edificio Histórico de la Universidad de Salamanca. Pionero en la enseñanza de la criminología en la Universidad de Salamanca, comprometido con la justicia y defensor de la rehabilitación de los que, por sus circunstancias sociales y personales, habian caído en la delincuencia. Ideas que toparon con el clero más conservador.
A buen seguro que el nombre de Villar y Macías resulta familiar para cualquier salmantino, a quien la ciudad también dedica una calle. De nombre Manuel, se dedicó a la literatura, al periodismo y a la historia, siendo su obra cumbre la 'Historia de Salamanca'. Fue conservador del Museo Provincial, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando desde 1866 y de la Real Academia de la Historia por Salamanca desde 1880, entre otros cargos.
En este cementerio también reposan los restos del director de cine Basilio Martín Patino, del escultor Agustín Casillas o del fotógrafo José Núñez Larraz
Del funeral multitudinario de Villalobos a la letra de Unamuno en la lápida de su mujer
En este recorrido tampoco faltan las curiosidades, como que el funeral de Filiberto Villalobos -filántropo y médico salmantino que introdujo los rayos X en Salamanca y que también fue concejal, diputado en Cortes durante la II República y ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes- fue uno de los más multitudinarios que se recuerdan en Salamanca o que la inscripción que aparece en la lápida de la Concha Lizárraga, fallecida en Salamanca en 1934, es de puño y letra de quien fuera su marido, Miguel de Unamuno, el escritor, filósofo y exrector de la Universidad de Salamanca cuyos restos también reposan en el cementerio de Salamanca.
Todo esto, y mucho más, es lo que descubrirán los visitantes del cementerio de San Carlos Borromeo en un recorrido que también hace parada en la capilla, el crucero de San Cebrián, en la cruz de los Irlandeses y en el llamado Ángel de la Muerte.

Esta singular ruta cuenta con 39 puntos de interés señalizados mediante paneles informativos y también se ha creado un tríptico con la información esencial y recomendaciones para la visita.
Las próximas visitas guiadas -en dos pases, a las 11 y a las 12.30 horas- tendrán lugar los días 12 y 26 de abril, 10 y 24 de mayo, 7 y 21 de junio. La reserva de plazas se realiza a través de la web https://salamancaymas.es/
El Ayuntamiento calcula que Salamanca dispone de unas 6.300 plazas para dejar el coche, ya sea en aparcamiento públicos o de gestión privada
La historia que descubre el visitante en la visita guiada por panteones y personalidades de la sociedad salmantina cuyos restos reposan en el cementerio de San Carlos Borromeo
Cientos de personas abarrotan el centro para escoltar a la única procesión del Miércoles Santo en su salida desde la Clerecía








