Miguel Santamaría autor de 'La guerra que cambió España: Efemérides de la Guerra Civil' apuesta por una narración cronológica y humana del conflicto
"Lealtad geográfica": cuando el arte cambió de chaqueta para sobrevivir a la Guerra Civil
El libro 'Cómicos en guerra' analiza las vivencias de actores y músicos durante la Guerra Civil y cómo les tocó adaptarse al bando que ocupaba su ciudad
El espectáculo sostuvo el ánimo de la población durante la Guerra Civil y la posguerra en España, pero esos años tuvieron un "brutal" impacto en este mundo, usado a menudo como propaganda y que sufrió la llamada "lealtad geográfica": adaptarse a la ideología del bando ganador en el lugar donde se representaba.
El periodista, político e historiador Pedro Corral, especializado en la Guerra Civil española, desgrana en su libro 'Cómicos en guerra' las vivencias de dramaturgos, actores, cantantes y bailarines en los años del plomo y la metralla, y cree que el impacto de la contienda en el mundo del espectáculo fue "brutal".
El término 'cómico' se usaba "como genérico para toda persona que se dedicaba al espectáculo o al cine", explica este escritor y diputado popular en la Asamblea de Madrid en una entrevista con EFE. En el mundo de la farándula también hubo "lealtad geográfica" y, en ambas zonas, los artistas "tuvieron que adecuarse a quien había ganado en su ciudad".
En el bando nacional "se respetó la propiedad privada de los teatros", aunque trataron de involucrarlos en la propaganda franquista. Mientras, en el bando republicano "se incautaron todos los teatros" madrileños para ponerlos al servicio de la causa.
Un caso destacado: Rafaela Aparicio, una actriz "entrañable, de derechas", se incorpora al Teatro de la Comedia, cuyo gerente, Carlos Oca, contrataba a actores derechistas para "que pudieran comer, en un gesto de humanidad".
En la zona republicana se consideraba el teatro "un sector derechista, reaccionario y burgués", que había que "limpiar" en favor del "teatro revolucionario", asegura a EFE.
Curiosamente, el público "dio la espalda al teatro de propaganda, querían divertirse, evadirse de la pesadumbre de la guerra". La cartelera en Madrid al finalizar la contienda "es idéntica a la del comienzo. La gente quería escapismo". Triunfaban las revistas, vodeviles y sainetes.
Los sindicatos tuvieron "mucho poder", manejaban los teatros incautados en un momento de crisis por el auge del cine. En zona republicana había que sindicarse para trabajar y en la nacional, hacerse de Falange.
Jacinto Benavente
Es un caso de lealtad geográfica y "muy trágico". El escritor defiende la causa republicana y ve "cómo su yerno, que era dueño del Cine Europa, es asesinado por milicias del Frente Popular, dejando a su hija viuda con tres hijos".
Cuando ganan los nacionales, Benavente enseguida "cambia de chaqueta". Como era un premio Nobel y una figura muy reconocida, "Franco no ajusta cuentas con él, perdona su postura prorepublicana durante la guerra".
Muñoz Seca y García Lorca
Tanto Pedro Muñoz Seca como García Lorca "no pudieron elegir bando, eligieron sus verdugos por ellos". Quedaron identificados, uno como del bando franquista y el otro del bando republicano, "pero eligieron sus bandos quienes los mataron".
Pese a sus grandes talentos, "fueron víctimas de la indolencia o indiferencia de las autoridades respectivas. La tristeza es que nadie movió un dedo para salvarlos, todo lo contrario".
Familia Aragón
"Descubrí una fotografía del 37, de unos payasos actuando en Casa de Campo ante combatientes republicanos. Me conmovió, porque estaban a unos centenares de metros del frente" divirtiendo a la tropa, haciéndoles reír. Refleja "la humanidad de unos cómicos" que quisieron "con su compromiso artístico, dar alivio a los soldados".
Eran Pompoff, Theddy y Emig, que pasaron tres meses detenidos, y luego originaron la saga de los Aragón: eran los tíos y el padre de Gabi, Fofó y Miliki, los "payasos de la tele".
Choque de dos mundos
El impacto de la guerra en el mundo del espectáculo es "el más grave que se pueda imaginar. El espectáculo es todo lo contrario al mundo de la violencia, la furia, del odio, del fanatismo. El teatro nos enseña a vivir con una sonrisa. Nos muestra las emociones del alma humana".
Es un "choque brutal, que he tratado de retratar sin juicios de valor", contando historias de quienes vivieron su "compromiso artístico atropellados por la guerra. Es un ilustrativo retablo de lo que fue la contienda en este mundo de la diversión, del entretenimiento".
Los actores de la zona republicana "en gran parte pasaron luego por la maquinaria represiva" franquista, pero hubo "una luz de esperanza, gente que pudo seguir cuando la guerra quedó atrás".
Es el caso de Antonio del Amo, comunista, y Rafael Gil, de derechas. Dos amigos apasionados del cine que "protegieron uno al otro". Eran realizadores de documentales republicanos y luego fueron "grandes directores" en el franquismo.
Historias más sonadas
A la cantante Celia Gámez "le pilla la guerra en el Parador de Gredos". Al final la conducen a Salamanca y "ella no duda en mostrar su adhesión al franquismo", mientras su primer bailarín, Arsenio Becerra, introductor del charlestón en España, quedó atrapado en Madrid.
Estrellita Castro es otro caso de "lealtad geográfica". Participa en eventos prorepublicanos y luego actúa en la zona franquista. Incluso hizo "películas en la Alemania nazi y actuó ante Hitler en la cancillería. Es chocante".
La compañía La Barraca, creada por Lorca, también ameniza el descanso de los soldados republicanos. Pero "la persona encargada de trasladar la compañía de un frente a otro era un colaborador de la quinta columna franquista" (Falange clandestina en zona republicana).
Como retrata 'Ay Carmela' de Carlos Saura, actores y bailarines "quedan de pronto en un paisaje desolador" pero reaccionan a la destrucción y la barbarie porque "el espectáculo debe continuar", concluye Corral.
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