Marea amarilla en Salamanca por las enfermedades raras: lo raro es mirar hacia otro lado

Los salmantinos participan en la IX Marcha Amarilla organizada por Aerscyl para visibilizar a quienes conviven con patologías poco frecuentes

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Marea amarilla en Salamanca (Fotos y video: Arai Santana)
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.
Última actualización: 

Las calles de Salamanca volvieron a llenarse este 22 de febrero de un color con significado. El amarillo, símbolo de luz y visibilidad, fue el gran protagonista de la IX Marcha Amarilla, una cita solidaria impulsada por la asociación Aerscyl para dar voz a las personas con enfermedades raras y a sus familias.

La convocatoria arrancó en la Plaza del Liceo, donde cientos de participantes -muchos con un gorro creado para la ocasión y pañoletas amarillas- se congregaron antes de iniciar un recorrido accesible de dos kilómetros por el centro de la ciudad. La marcha, acompañada por el ritmo festivo de una charanga, avanzó entre aplausos y miradas curiosas hasta llegar al parque Antonio de Nebrija. Allí, el ambiente reivindicativo dio paso a una sesión colectiva de baile y a un sorteo entre los asistentes, poniendo el broche lúdico a una jornada cargada de mensaje.

Más allá del carácter festivo, la Marcha Amarilla volvió a subrayar una idea clara: las enfermedades raras no son invisibles, lo que falta es conciencia social. Miles de personas conviven con patologías poco frecuentes que, en conjunto, afectan a un número significativo de familias. Sin embargo, la falta de información y normalización sigue siendo uno de los principales obstáculos.

El color elegido no es casual. El amarillo representa la necesidad de iluminar una realidad que durante años ha permanecido en la sombra, así como la urgencia de impulsar la investigación y mejorar los recursos asistenciales.

Familias, afectados y voluntarios caminaron juntos para recordar que la inclusión no es una opción, sino una responsabilidad colectiva. Cada paso simbolizaba una reivindicación: más empatía, más apoyo institucional y más inversión en ciencia.

La IX Marcha Amarilla demostró que no se trata únicamente de un evento puntual en el calendario, sino de una llamada permanente a la sociedad. "Lo raro no es quien sufre la enfermedad, sino quien decide no verla", fue el mensaje que flotó en el ambiente durante toda la mañana.

Mientras Salamanca siga tiñéndose de amarillo cada febrero, seguirá creciendo también la conciencia sobre unas patologías que necesitan visibilidad, comprensión y compromiso. Porque cuando la ciudad camina unida, la indiferencia pierde terreno y la esperanza avanza.

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