En imágenes: El infierno azul rugió en Würzburg, pero Parks silenció la noche mágica

Con una marea azul entregada y un pabellón vibrando hasta el último segundo, aunque el acierto final de las griegas dejó sin recompensa a Salamanca.

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Fotos: Arai Santana
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 2 min.
Última actualización: 

Perfumerías Avenida tenía este jueves otra de esas citas que convierten el pabellón de Würzburg en un escenario especial. La vuelta de los cuartos de final de la Eurocup ante el Athinaikos era mucho más que un partido: era una noche señalada, de las que exigen emoción, carácter y el aliento incondicional de una grada que nunca falla. Y no falló.

Desde mucho antes del salto inicial, el Würzburg Silvia Domínguez presentaba ese ambiente reconocible, eléctrico, que acompaña las grandes ocasiones. La afición azulona volvió a responder, tiñendo de azul las gradas y aportando esa energía que empuja cuando las piernas pesan y el acierto no acompaña. Entre los asistentes, rostros conocidos del deporte salmantino, como el jugador de Unionistas Carlos de la Nava, quisieron sumarse a una noche europea que prometía emociones fuertes.

La marea azul volvió a hacer de las suyas. Rugió, presionó y sostuvo al equipo cuando más lo necesitó. Porque si algo tiene este pabellón es esa capacidad de sumar. También hubo espacio para la indignación. Un arbitraje nuevamente discutido encendió a la afición, que no dudó en mostrar su descontento en varias decisiones que calentaron aún más el ambiente. El partido se jugaba en la pista, pero también en las emociones que recorrían las gradas.

Sobre el parqué, las jugadoras de Avenida sintieron ese respaldo constante. Cada defensa intensa, cada rebote peleado, cada canasta encontraba una respuesta inmediata en el público. Salamanca vibraba con el baloncesto, demostrando una vez más su pasión y su compromiso con el equipo en las grandes noches europeas.

Era una de esas veladas que parecían destinadas a engrosar la historia dorada del club. Sin embargo, el desenlace fue cruel. Athinaikos se sostuvo durante muchos minutos gracias a los tiros libres, un recurso que le permitió mantenerse en el partido cuando Avenida parecía tener el control aunque le faltó rematar cuando tuvo la oportunidad. Ahí faltó oficio. Y cuando ya no tenía nada que perder, apareció el talento sin miedo.

Jugadoras como Prince o Parks asumieron la responsabilidad sin titubeos. De esas que no dudan, que lanzan desde cualquier posición y en cualquier circunstancia, conscientes de que el error forma parte del riesgo. Y cuando aciertan, castigan con dureza.

Fue Parks quien apagó el infierno azul. Sus triples desde más allá del 6,75 cayeron como martillos en los instantes decisivos, cuando el reloj ya apenas dejaba margen para la reacción. Cada lanzamiento convertido fue un golpe seco al corazón de un pabellón que había creído hasta el final.

 

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