El CIFP Río Tormes imparte un curso especializado de mantenimiento y reparación de drones pionero en España y único en Castilla y León
Drones: el futuro y el presente del empleo se construyen en Salamanca
El CIFP Río Tormes imparte un curso especializado de mantenimiento y reparación de drones pionero en España y único en Castilla y León
Primero fue el coro del teologado salesiano, después una biblioteca y ahora es la 'dronoteca' del CIFP Río Tormes de Salamanca, el aula-taller en el que se forman los alumnos del Curso de Especialización en Aeronaves pilotadas de forma remota-Drones, único de este tipo en Castilla y León y de los "muy poquitos" de España que imparten una formación semejante, explica el director del centro, Miguel Ángel Casanova.
El curso 'aterrizó' hace tres años y está considerado un ciclo de especialización de tipo E, "una enseñanza de carácter universitario, de nivel universitario", aclara Casanova. Se accede con un grado superior porque se considera, por decirlo en pocas palabras "un máster de la FP. Es una especialización para después de haber cursado un ciclo, en este caso de grado superior".

Miguel Ángel Casanova.
El perfil del alumno es una persona que "tiene ciertos conocimientos" sobre drones. "No es un curso al uso de cómo volar o pilotar dones. Sí que los pilotamos y volamos, pero no es un curso de pilotaje" ni de enseñanza de manejo, sino de "mantenimiento y reparación", insiste, de 500 horas de duración y 90 de prácticas en empresas para aplicar los conocimientos adquiridos. ¿Qué tipo de empresas? De fotogrametría, vigilancia de redes eléctricas y molinos, arquitectura, agrícolas ("hay 4 o 5 muy importantes"), rodajes de películas y series...
Detectamos esa necesidad, fuimos pioneros y hemos intentado hacer que en nuestro centro formemos a los profesionales, no del mañana, sino ya de hoy
Las empresas "cada vez empiezan a necesitar más esos profesionales. Igual que con los coches eléctricos. Hasta ahora en los talleres los van arreglando como pueden, pero falta esa especialización. Bueno, pues con los drones pasaba un poco lo mismo. Detectamos esa necesidad, fuimos pioneros y hemos intentado hacer que en nuestro centro formemos a los profesionales, no del mañana, sino ya de hoy, porque empieza a haber esa necesidad".

Dron en un giroscopio.
Hay nichos de mercado en el reparto de productos, entrega de medicamentos, fumigación de fitosanitarios, futuros aerotaxis e incluso aplicaciones militares. Si los alumnos "tienen ganas y se preparan mínimamente, es fácil que se puedan quedar a trabajar en las empresas, precisamente por eso, porque es una cosa muy especializada y que se necesita".
Manos a la obra
La mejor forma de enseñar a reparar y mantener drones es 'trastear' con ellos. "Trabajamos lo que llamamos en aprendizaje colaborativo basado en retos. En lugar de dar clases magistrales y explicarles cosas, damos píldoras formativas" y "planteamos retos" a los alumnos para que los resuelvan en grupos de trabajo.

Acceso a la 'dronoteca'.
Cada reto dura varias semanas. "Tienen que resolver cosas prácticamente como si estuvieran haciendo el trabajo en la empresa". Por ejemplo, les desafían a montar un dron desde cero "con todas sus piezas", fabricar una batería, reparar un dron estropeado e incluso 'adiestrar' un enjambre de estas pequeñas aeronaves para que vuelen acompasadas. "Son retos muy diversos".
Dentro de la 'dronoteca'
La 'dronoteca' es el 'centro de mando' del curso. Allí montan, desmontan y custodian desde drones que caben en la palma de la mano a 'monstruos' de 25 kilos idénticos a los que se emplean para fumigar campos de cultivo. Tiene dos metros de envergadura con las hélices abiertas, transporta hasta 10 kilos de productos fitosanitarios y emplea un GPS para seguir una ruta y dispersar la carga allí donde sea necesario. Miguel Ángel Casanova destaca que "tenemos mucha relación también con el sector agrícola. Tenemos drones agrícolas y colaboramos con empresas donde les enseñamos también un poco temas de mantenimiento de esos drones".

Dron de uso agrícola en una de las zonas de vuelo.
Los profesores del Río Tormes quieren que sus estudiantes "prueben cosas" y demuestren que son capaces de salir de las 'jugarretas' que les planteen. Los alumnos ponen las ganas y el CIFP la tecnología.
Así, el día que toque construir un dron desde cero dispondrán de equipos de soldadura para fijar sus componentes electrónicos, de un túnel de viento para comprobar su aerodinámica y de un giroscopio para calibrar su estabilidad. También contarán con impresoras 3D de resina y filamento para fabricar hélices o protecciones, con una cortadora láser para ajustar los elementos que consideren oportunos (¿un revestimiento de madera? Por qué no) y con otra cortadora de vinilos para matrículas o emblemas.

Turbinas del túnel de viento.
Una vez construido el dron hay que probarlo en alguna de las dos zonas de vuelo del aula. Una está cerrada con redes para evitar sustos y la otra está acotada por ocho vigas metálicas que delimitan un espacio 3D, perfecto para comprobar cómo los enjambres de drones vuelan en formación.
Después de tres años impartiendo este curso la opinión de sus estudiantes es positiva. "Salen muy contentos", explica Casanova, quien insiste en que las posibilidades de los drones se multiplicarán sin parar. "No son profesiones del futuro, son de hoy".
Los docentes del CIFP Río Tormes de Salamanca colaboran con los proyectos Aula Empresa Plus, un programa concebido para "mejorar la calidad de la formación profesional y la empleabilidad a través de una mayor vinculación de los centros docentes con las empresas, entidades empresariales, instituciones y profesionales autónomos del entorno productivo", según recoge la web de la Junta. Explicado grosso modo, "nos asociamos con algunas empresas normalmente de la región y hacemos un intercambio de información entre empresa y aula y así estamos los dos a la última. De esa manera, tenemos la formación la más actualizada posible y en esos proyectos de innovación conseguimos también recursos modernos" para la docencia.
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