Una procesión sin artificios ni palabras que, desde el silencio y la austeridad, recrea en pleno siglo XXI el duelo más íntimo de la tradición salmantina
La nieve cubre la Peña de Francia y El Portillo, tiñendo la sierra de blanco
Se aconseja el uso de cadenas en caso necesario y mantenerse informado sobre el estado de las vías
La nieve ha cubierto la Peña de Francia y El Portillo, transformando el paisaje en un cuadro invernal de belleza serena. En la carretera SA-203, que serpentea hasta la cima de la Peña, la nieve se acumula sobre el asfalto, envolviendo el santuario en un silencio helado.
Mientras tanto, en la SA-201, que cruza El Portillo a 1.240 metros de altitud rumbo a Las Batuecas, el viento esculpe figuras en la nieve, desdibujando los límites entre el camino y la montaña.

El crujir de la nieve bajo las ruedas y el trabajo incesante de las máquinas quitanieves rompen la quietud del invierno, abriendo paso entre la blancura.
En los bosques, los árboles cargados de nieve inclinan sus ramas como si saludaran al viajero que se aventura en este rincón de la sierra, donde la naturaleza manda y la nieve, fugaz y poderosa, deja su huella imborrable.

La ciudad, tras la ausencia obligada de 2025, recupera su procesión multitudinaria marcada por el silencio, la sobriedad y el regreso a su esencia histórica
La procesión de la Santísima Trinidad, con la imagen del siglo XVII, Nuestra Señora de las Angustias y el Cristo de la Salud revive la penitencia del Viernes Santo
Del recogimiento de la madrugada acompañando a la Soledad y al Cristo de la Liberación a la procesión con el Cristo de la Vela desde el barrio de Pizarrales








