"Una segunda oportunidad gracias a la donación": siete años y medio de vida tras un trasplante de pulmón

Dolores Nieto recibió un trasplante de pulmón hace siete años y medio tras sufrir una fibrosis pulmonar familiar. Hoy comparte su experiencia y reclama una atención hospitalaria más humana

"Una segunda oportunidad gracias a la donación": siete años y medio de vida tras un trasplante de pulmón
Imagen de grupo APUCYL en Salamanca
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 6 min.

Hay momentos en la vida que dejan una huella imposible de borrar. Dolores Nieto, salmantina, conoce bien esa sensación. Hace años estuvo al lado de su hermana cuando le diagnosticaron fibrosis pulmonar y tuvo que someterse a un trasplante de pulmón. La acompañó en el hospital, la cuidó durante la recuperación y vio cómo aquella operación le devolvía las ganas de vivir. Lo que entonces no imaginaba era que, con el paso del tiempo, ella misma tendría que enfrentarse a la misma enfermedad y necesitaría un trasplante para seguir adelante.

Todo empezó con unas señales que, al principio, no parecían anunciar algo tan grave. Dolores comenzó a notar cambios en sus manos, especialmente en las uñas, que presentaban una curvatura conocida como acropaquia. Recordó entonces lo que había sucedido con su hermana y decidió acudir al médico. Una primera radiografía y otras pruebas más exhaustivas terminaron confirmando sus sospechas: también padecía fibrosis pulmonar idiopática.

En su familia, la enfermedad no era algo desconocido. Los médicos determinaron que se trataba de una fibrosis pulmonar familiar, ya que otro miembro de la familia también la padecía. El pronóstico no era esperanzador. Le explicaron que, probablemente, en unos tres años necesitaría un trasplante.

Pero la enfermedad avanzó mucho más deprisa de lo previsto.

En enero de 2019 todavía se encontraba relativamente bien. En abril estaba ingresada, apenas podía moverse y dependía por completo del oxígeno. Su situación se había complicado hasta el punto de necesitar una máquina para poder seguir adelante.

"Llegué a un punto en el que estaba en una cama tumbada, que no podía ni moverme y conectada a una máquina", recuerda.

La situación era tan delicada que tuvo que entrar en urgencia cero, la máxima prioridad para recibir un órgano. Había entrado en lista de espera en febrero y el 1 de abril fue ingresada. Apenas 25 días después, el 26 de abril, llegó el momento que podía cambiar su vida. Los pulmones aparecieron en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid, donde entonces se realizaban los trasplantes pulmonares que necesitaba.

La operación salió adelante. Después de tantos días de incertidumbre, Dolores tenía una nueva oportunidad. "La vida me cambió por completo", resume.

Volver a empezar, esta vez respirando

Sin embargo, recibir unos pulmones nuevos no significaba que todo hubiera terminado. Quedaba por delante una recuperación larga y complicada. Dolores había pasado semanas prácticamente inmóvil, había perdido gran parte de su masa muscular y se encontraba muy débil después de una operación de enorme envergadura.

Cuando parecía que empezaba a recuperar fuerzas, llegó otro golpe: tuvo tuberculosis como consecuencia de la inmunosupresión y necesitó dos años de tratamiento. A eso se sumaron cuatro episodios de rechazo que tuvo que ir superando.

Y todavía quedaba algo más. Poco después del trasplante llegó la pandemia. Para una persona trasplantada, con las defensas especialmente bajas por la medicación, aquello supuso un aislamiento especialmente duro. Dolores tuvo que permanecer sola en casa, sin poder recibir visitas ni mantener el contacto físico con sus seres queridos.

En medio de todo aquello, el apoyo psicológico fue decisivo. Antes de la operación, un profesional vinculado a una asociación de trasplantados de Madrid comenzó a ayudarla y a prepararla para lo que estaba por venir. Después continuó con las sesiones por videollamada durante un par de años.

"Con ayuda del psicólogo, si no, imposible", reconoce.

Cuando recuerda aquellos meses, hay una etapa que destaca por encima de todas las demás. La UCI fue, sin duda, lo más duro de todo el proceso. "Fue durísimo. Es algo que no quiero volver a repetir", confiesa. Aunque estuvo allí unas semanas, para ella el tiempo parecía no avanzar.

Hoy, siete años y medio después del trasplante, Dolores puede hablar de todo aquello con la tranquilidad de quien ha conseguido salir adelante. Ha recuperado su autonomía y lleva una vida prácticamente normal, aunque sabe que debe mantener unas precauciones que ya forman parte de su rutina.

Hay algo que puede parecer sencillo para cualquiera, pero que para ella tiene un valor especial: volver a salir sola a la calle sin depender del oxígeno.

"Mereció la pena el trasplante totalmente", asegura.

Eso sí, vivir con unos pulmones trasplantados exige cuidados constantes. La higiene, la alimentación y evitar los lugares muy concurridos son algunas de las precauciones que debe mantener. Ha recuperado buena parte de su normalidad, pero nunca puede bajar la guardia.

Una vida que continúa gracias a la donación

Hay algo que Dolores tiene muy presente cada día: su segunda oportunidad ha sido posible gracias a la donación de órganos. Detrás de esos pulmones hay una persona y una familia que, en uno de los momentos más difíciles de sus vidas, hicieron posible que alguien como ella pudiera seguir viviendo.

Por eso, quiere expresar su más sincero agradecimiento a la persona que hizo posible su trasplante y a su familia. También tiene palabras de reconocimiento para todo el personal sanitario que la atendió durante el proceso, tanto en el Hospital Clínico de Salamanca como en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid. "Sin ellos hubiera sido imposible seguir aquí", señala.

Por eso, siempre que tiene ocasión, habla de la importancia de donar. Participa en actividades de concienciación y trata de transmitir un mensaje que conoce de primera mano: cualquiera puede necesitar algún día un órgano.

"Todos podemos ser donantes, pero también podemos ser receptores en algún momento de nuestra vida. Nadie está libre de nada", explica.

No habla desde la teoría, sino desde su propia experiencia. Sabe lo que significa esperar una llamada que puede cambiarlo todo y también lo que supone que esa llamada llegue a tiempo. Por eso insiste en la necesidad de concienciar a la sociedad, especialmente a los más jóvenes, sobre la importancia de la donación.

En este camino, las asociaciones de pacientes han ocupado un lugar importante. Dolores encontró en APUCYL, en Salamanca, un espacio donde compartir experiencias, sentirse comprendida y conocer a personas que han pasado por situaciones parecidas.

Porque hay miedos que cuesta explicar a quien nunca ha vivido una enfermedad pulmonar. El temor a una operación, la incertidumbre de una lista de espera o la angustia de una recaída son situaciones que se afrontan de otra manera cuando al lado tienes a alguien que sabe exactamente de qué estás hablando.

Ahora ella también quiere ser ese apoyo para quienes llegan a la asociación con miedo y muchas preguntas. Especialmente para las personas que están a punto de recibir un trasplante y necesitan comprobar que después de todo ese proceso existe una vida posible.

"Que busque una asociación de su enfermedad. Allí encuentras gente que está en la misma situación que tú. Te ayudan, te apoyan y ves que se puede salir", aconseja.

Dolores sabe lo que significa encontrar ese respaldo. Cuando descubrió la asociación, reconoce que le ayudó muchísimo. Por eso considera que estos espacios son necesarios para cualquier persona que atraviese una enfermedad, ya sea pulmonar, oncológica o de cualquier otro tipo.

A veces, escuchar a alguien que ha pasado por lo mismo es una forma de recuperar la esperanza.

"No eres un número, eres una persona"

Si hay algo que Dolores quiere reivindicar después de tantos años de hospitales, tratamientos e ingresos, es la necesidad de humanizar la atención sanitaria.

Hace poco, unas enfermeras de la Universidad de Tarragona contactaron con ella para conocer su experiencia como paciente con una enfermedad crónica y trasplantada. Le preguntaron qué consejo daría a los profesionales sanitarios y su respuesta fue clara: más humanidad.

"La humanización es parte de la curación. Tú no eres un número, eres una persona con una vida detrás", defiende.

Dolores quiere señalar que, en su caso, tuvo mucha suerte en este aspecto. Tanto en el Hospital Clínico de Salamanca como en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid recibió una atención que recuerda con agradecimiento. Los profesionales de ambos centros la acompañaron durante un proceso especialmente complicado y, asegura, se sintió bien atendida en los dos hospitales.

Y quizá esa frase resuma buena parte de todo lo que ha vivido. Porque detrás de cada diagnóstico hay una persona con sus miedos, sus preocupaciones, su familia y sus ganas de seguir adelante. Alguien que necesita atención médica, pero también comprensión, cercanía y que le miren a los ojos.

Dolores recibió unos pulmones que le permitieron continuar con su vida. Hoy, siete años y medio después, quiere que su historia sirva para algo más que recordar lo que pasó: para animar a otras personas que atraviesan una situación parecida, para recordar la importancia de donar órganos y para pedir que nunca se olvide que detrás de cada paciente hay una vida.

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