La Sierra de Francia busca cómo devolver la vida al suelo tras los grandes incendios

La Junta estudia cómo los hongos y las bacterias ayudan a recuperar los terrenos quemados y mejorar las posibilidades de éxito de las reforestaciones en Salamanca y otras zonas de Castilla y León

La Sierra de Francia busca cómo devolver la vida al suelo tras los grandes incendios
Imágenes de las columnas de humo desde Ciudad Rodrigo y El Maillo
El autor esTamara Navarro
Tamara Navarro
Lectura estimada: 3 min.

La Sierra de Francia, en Salamanca, es una de las zonas de Castilla y León en las que la Junta ha estudiado cómo se recupera la vida del suelo después de un gran incendio forestal. El proyecto, desarrollado durante un año, analiza por primera vez cómo las obras de emergencia y restauración influyen en los microorganismos que habitan bajo tierra y que resultan fundamentales para la recuperación de los montes.

Los resultados muestran que las zonas en las que se ha intervenido presentan una mayor diversidad de hongos y mantienen una elevada riqueza bacteriana. Ambos elementos permiten conocer cómo evoluciona el terreno tras el fuego y en qué medida las actuaciones contribuyen a restablecer sus condiciones biológicas.

Los hongos y las bacterias participan en procesos esenciales para la vegetación, ya que facilitan el acceso al agua y a los nutrientes y contribuyen al equilibrio biológico del suelo. Por ello, cuanto más diversa y equilibrada sea la microbiota, mejores serán las condiciones para que vuelva a crecer la vegetación y mayores las posibilidades de éxito de las reforestaciones.

El estudio también identifica los diferentes efectos de las medidas aplicadas para recuperar los terrenos afectados por los incendios. El acolchado con paja y la trituración de madera quemada ayudan a controlar la erosión, aportan materia orgánica y favorecen la actividad de los microorganismos descomponedores.

Por su parte, las albarradas, estructuras destinadas a retener el suelo y la humedad, pueden acumular sedimentos con una elevada diversidad de hongos procedentes de las zonas situadas aguas arriba.

Hasta ahora, la evolución de los trabajos de restauración se había evaluado principalmente mediante la observación de la recuperación de la vegetación, el crecimiento de las plantas y el control de la erosión. Este proyecto incorpora el análisis de lo que sucede bajo la superficie y utiliza la microbiota como un indicador complementario para comprobar la efectividad de las intervenciones.

De esta forma, el estudio permite avanzar hacia restauraciones más precisas, adaptadas a las características de cada zona. El objetivo es conocer el estado del suelo, comprobar su respuesta a los distintos tratamientos y utilizar esa información para decidir dónde y cómo actuar.

Los resultados servirán de base para elaborar un manual de buenas prácticas para restaurar terrenos afectados por incendios forestales, que incorporará la biodiversidad y la salud del suelo como indicadores para planificar y evaluar las actuaciones.

Un estudio en cinco zonas de Castilla y León

Los trabajos se han desarrollado durante un año junto a las empresas IDForest, Zenit Ingeniería y Consultoría y Air Medio Ambiente. Además de la Sierra de Francia, en Salamanca, el proyecto ha incluido zonas afectadas por grandes incendios forestales en la Sierra de la Culebra, en Zamora; la Sierra de la Paramera, en Ávila; Quintanilla del Coco y el Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla, en Burgos.

Microorganismos para ayudar a los árboles a crecer

La Junta de Castilla y León también ha desarrollado en Burgos una experiencia piloto basada en la inoculación de microorganismos locales beneficiosos en nuevas plantaciones de encina (Quercus ilex) y sabina albar (Juniperus thurifera).

En concreto, se han aplicado hongos micorrícicos, Trichoderma y bacterias beneficiosas, microorganismos que actúan como aliados de las plantas. Los hongos micorrícicos facilitan el acceso de las raíces al agua y a determinados nutrientes, mientras que Trichoderma y algunas bacterias ayudan a limitar los efectos de plagas y enfermedades forestales.

Una de las claves de esta experiencia es el uso de microorganismos locales, adaptados al suelo, al clima y a la vegetación de cada zona. Estos se extraen del entorno para reproducirlos en laboratorio y, posteriormente, incorporarlos a las raíces de los árboles.

Este procedimiento mejora la capacidad de las plantas para nutrirse y contribuye a crear un suelo biológicamente más equilibrado, lo que favorece que los árboles puedan hacer frente a plagas y enfermedades.

La iniciativa pone así el foco en la importancia de la vida que se desarrolla bajo tierra para recuperar los bosques afectados por el fuego: un suelo más sano y equilibrado contribuye a reducir la vulnerabilidad del bosque.

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