El girasol gana terreno en Salamanca con más de 8.500 nuevas hectáreas dedicadas a su cultivo

La superficie dedicada a esta oleaginosa ha aumentado un 40,2 % en 2026 en Castilla y León

El girasol gana terreno en Salamanca con más de 8.500 nuevas hectáreas dedicadas a su cultivo
Siembra de girasol, en una imagen de archivo. | ICAL
Celia Falces
Lectura estimada: 5 min.

El girasol gana protagonismo en el campo de Castilla y León y se consolida como una alternativa cada vez más atractiva para los agricultores, especialmente en las explotaciones de secano. Sus menores costes de producción, la evolución de los precios de la pipa y las ventajas que ofrece dentro de las rotaciones agrícolas han impulsado una expansión que alcanza a las nueve provincias de la Comunidad. Sin embargo, el importante incremento de superficie registrado en 2026 contrasta con una campaña marcada por las elevadas temperaturas estivales, que han condicionado los rendimientos y las expectativas de cosecha.

Los datos provisionales de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental correspondiente a julio de 2026 sitúan la superficie dedicada al girasol en 417.862 hectáreas, frente a las 298.014 contabilizadas en 2025. La diferencia supone un incremento de 119.848 hectáreas equivalente al 40,2 por ciento, que evidencia el creciente interés por una oleaginosa que está ganando terreno frente a cultivos tradicionales como el trigo y la cebada.

Joaquín Ortiz, miembro del Servicio Agronómico y de Cultivos de Acor, explica que el girasol ha adquirido un papel cada vez más relevante en la planificación de las explotaciones agrícolas. "El agricultor cada vez tiene más en cuenta este cultivo dentro de su rotación, sobre todo en secano", señaló, al tiempo que destaca que sus menores necesidades de insumos y la relativa estabilidad de los precios durante los últimos años favorecen su incorporación.

En este sentido, reconoció que el actual contexto económico y una climatología cada vez más irregular están impulsando el aumento de superficie en detrimento de los cereales, especialmente en los secanos. Una tendencia que podría repetirse en 2027, aunque considera que todavía "es pronto para confirmarlo":

Burgos lidera la superficie

La expansión del girasol se extiende por las nueve provincias de Castilla y León, aunque con importantes diferencias territoriales. Burgos mantiene su liderazgo con 93.715 hectáreas en 2026 , frente a las 67.385 del año anterior, lo que supone un incremento del 39,1 por ciento.

Por detrás se sitúa Palencia, que pasa de 46.167 a 65.354 hectáreas, con un aumento del 41,6 por ciento, seguida de Valladolid, donde la superficie alcanza las 60.781 hectáreas frente a las 46.120 de 2025, un 31,8 por ciento más. Entre las tres provincias concentran más de la mitad de la superficie autonómica dedicada a este cultivo.

Soria también registra un avance significativo, al pasar de 35.299 a 55.655 hectáreas, un 57,7 por ciento más. Sin embargo, el mayor crecimiento porcentual corresponde a León donde la superficie aumente un 73,3 por ciento, desde las 12.827 hasta las 22.232 hectáreas.

El incremento se reproduce en Segovia, que alcanza las 41.598 hectáreas frente a las 30.991 del ejercicio anterior; Zamora, que pasa de 32.020 a 40.430; Salamanca, con 29.904 frente a 21.352, y Ávila, que aumenta desde las 5.853 hasta las 8.193 hectáreas.

El calor frena las expectativas

Pese al importante incremento de las hectáreas sembradas, la campaña de 2026 está condicionada por las temperaturas extremas del verano. Ortiz explica que, aunque la recolección continúa y todavía no se dispone de resultados definitivos se observan diferencias importantes entre las parcelas sembradas en distintas fechas. "En principio se observa una diferencia bastante marcada de rendimientos entre las siembras tempranas y las tardías, muy influenciada por las temperaturas estivales", señaló.

Según explicó, las parcelas sembrada a finales de abril y principios de mayo están ofreciendo mejores resultados que aquellas implantadas a finales de mayo o durante junio. Los datos provisionales de julio contemplaban una cosecha de 513.249 toneladas en Castilla y León, frente a las 375.800 toneladas de 2025, lo que representaría un incremento del 36,6 por ciento.

Ortiz consideró que la tendencia general apunta a rendimientos inferiores a los de campañas anteriores, aunque relativamente positivos si se tienen en cuenta las temperaturas extremas soportadas durante el verano.

En este sentido, recordó que, aunque el girasol presenta una importante capacidad de adaptación a la sequía, el agua continua siendo el principal factor limitante de su producción. "Que este cultivo se adapte a la sequía no quiere decir que tenga bajas necesidades hídricas, incluso cuando nos referimos al regadío", advirtió.

Menores costes y precios estables

Uno de los principales factores que explican el avance del girasol es su menor necesidad de insumos frente a otros cultivos extensivos. Ortiz destaca que requiere, en término generales, "una menor utilización de productos fitosanitarios y fertilizantes", hasta el punto de que en numerosas explotaciones de secano no se aplica abonado.

Esta circunstancia permite reducir determinados gastos de producción, aunque el técnico advierte de que también resulta necesario prestar atención a la fertilidad del suelo, puesto que una extracción continuada de nutrientes puede perjudicar a las parcelas si no se gestionan adecuadamente las rotaciones.

A esta ventaja se suma la evolución de los precios de la pipa, que durante los últimos años han favorecido el interés por el girasol frente a cultivos como el cereal. Sin embargo, Ortiz evitó establecer un precio concreto a partir del cual pueda considerarse rentable una hectárea puesto que es "algo subjetivo", ya que depende de las condiciones de cada explotación y del rendimiento finalmente obtenido. 

"Si el rendimiento es menor, el umbral de rentabilidad exigirá precios mucho mayores", explicó. En el caso de los socios de ACOR, destaca que la cooperativa dispone de una política contractual con un precio mínimo garantizado. No obstante, insistió en que el objetivo no debe ser sustituir unos cultivos por otros, sino aprovechar sus características para mejorar los resultados globales de las explotaciones. "No es competir, sino complementarios para mejorar agronómica y económicamente", subrayó.

Una alternativa que mejora las rotaciones

Además de sus ventajas económicas, el girasol desempeña un papel importante en las rotaciones agrícolas. Ortíz destaca su incorporación permite mejorar la estructura del suelo, interrumpir determinados ciclos de plagas y enfermedades y aprovechar nutrientes presentes en capas profundas del terreno. También contribuye a diversificar las explotaciones y facilita el cumplimiento de determinados condicionantes de la Política Agraria Común, factores que refuerzan su atractivo entre los agricultores.

Dentro de este cultivo, las variedades alto oleico representan una oportunidad adicional de rentabilidad. Según explica el técnico de ACOR, "su contenido de ácido oleico, superior al 80 por ciento, proporciona una mayor estabilidad y durabilidad", características especialmente valoradas por la industria agroalimentaria. Además, los agricultores reciben una prima sobre el precio del girasol convencional, cuya cuantía depende de las condiciones del mercado.

Ortiz considera que existe margen para incrementar la producción nacional, puesto que "España continua siendo deficitaria en oleaginosas" y necesita importar importantes cantidades de semillas y aceite para abastecer la industria. "Se necesitaría mucha más producción para cubrir las necesidades de la industria agroalimentaria y que sustituyera esas importaciones", concluyó.

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