En imágenes: Salamanca corre por una buena causa en la IV Carrera Solidaria de la Guardia Civil
Cita de corredores y andarines en una mañana de deporte y convivencia, con salida desde la Comandancia para apoyar a las familias con enfermedades raras
Echarse a la calle un domingo para correr y caminar por una buena causa siempre es un buen plan y este domingo Salamanca ha sido testigo de ello. La IV Carrera Solidaria de la Guardia Civil volvió a reunir a cientos de personas en una mañana en la que el deporte compartió protagonismo con la solidaridad. Desde primera hora, la Comandancia fue punto de encuentro para participantes de distintas edades, grupos de amigos, familias y corredores habituales que se sumaron a una cita en la que el resultado quedaba en un segundo plano.
A las 10:30 horas se dio la salida a la carrera competitiva, con un recorrido de 10,482 kilómetros, y cinco minutos después arrancó la marcha popular de cinco kilómetros. Dos maneras de participar en una misma iniciativa, con ritmos y objetivos diferentes, pero con un motivo común: colaborar con la Asociación de Enfermedades Raras de Castilla y León (AERSCYL), destinataria de la recaudación de esta edición.
El ambiente acompañó desde los primeros metros. Entre los corredores que buscaban completar la prueba a buen ritmo y quienes afrontaban el recorrido sin mirar el reloj, se mezclaron las conversaciones, los saludos y los ánimos
El trazado llevó a los deportistas desde la Comandancia hacia la ribera del río Tormes, con el paso por lugares tan reconocibles como el Puente Romano. Salamanca ofreció así uno de sus escenarios más habituales para disfrutar del deporte al aire libre. A lo largo del recorrido, los participantes fueron avanzando entre tramos para correr con intensidad y otros en los que lo importante era seguir caminando, compartir el esfuerzo y disfrutar de la mañana.
La marcha popular volvió a demostrar que no hace falta competir para formar parte de una carrera. Familias, grupos de amigos y participantes de distintas generaciones encontraron en los cinco kilómetros una oportunidad para colaborar y disfrutar juntos. En muchos casos, el objetivo era tan sencillo como llegar a la meta con una sonrisa y saber que cada paso contribuía a una causa solidaria.
Detrás de la prueba estuvo también el trabajo de los voluntarios, pendientes de que todo transcurriera con normalidad y de atender a los participantes durante la jornada. Los avituallamientos ayudaron a recuperar fuerzas y, al terminar, la bolsa del corredor, la camiseta conmemorativa y los obsequios pusieron el broche a la experiencia. Pequeños detalles de una organización que necesita muchas manos para que corredores y andarines puedan centrarse en disfrutar.
Esta cuarta edición se celebró dentro de los actos vinculados a la festividad de la Virgen del Pilar y mantuvo el espíritu con el que nació la iniciativa: aprovechar el deporte para ayudar a quienes más lo necesitan. La Guardia Civil se había marcado el reto de alcanzar los 1.250 participantes, por encima de las cerca de 900 personas que tomaron parte en la edición anterior. También se ofreció la posibilidad de colaborar mediante el dorsal cero, destinado a quienes quisieran contribuir sin realizar el recorrido.
En esta ocasión, el apoyo se dirigió a AERSCYL, una asociación que acompaña a cerca de 150 familias de Castilla y León que conviven con enfermedades poco frecuentes. Su labor incluye orientación, apoyo social, actividades inclusivas y ayuda para acceder a terapias que no siempre cuentan con financiación pública. La carrera sirvió así para dar visibilidad a una realidad que muchas familias afrontan en su día a día y para recordar que la solidaridad también puede expresarse con unas zapatillas y un dorsal porque correr juntos puede servir para llegar mucho más lejos que la propia línea de llegada.








