"Más de 400.000 españoles pertenecen a una secta. Es una realidad muy actual"

El investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas Luis Santamaría analiza cómo actúan y se aprovechan estos grupos

"Más de 400.000 españoles pertenecen a una secta. Es una realidad muy actual"
Luis Santamaría. (Foto: Diócesis de Coria y Cáceres)
El autor esDaniel Bajo Peña
Daniel Bajo Peña
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Las sectas no siempre tienen una apariencia religiosa, porque algunas se presentan como propuestas de crecimiento personal, terapias o actividades culturales, pero detrás pueden esconder dinámicas de manipulación y control.

Sobre estas cuestiones habló Luis Santamaría del Río, investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) y consultor de la Comisión de Relaciones Interconfesionales de la Conferencia Episcopal Española, en una entrevista concedida a COPE Salamanca y recogida por el Servicio Diocesano de Comunicación con ocasión de la reciente inauguración del Diploma de Experto en Abuso Psicológico y Sectas de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA). 

Esta formación ha comenzado su primera edición con 17 estudiantes y tuvo a Santamaría como ponente para su conferencia inaugural. Más información sobre el problema de las sectas en Salamanca.

P- ¿Por qué es necesaria una formación específica sobre el abuso psicológico y las sectas?

R- Porque es una realidad muy actual que afecta a muchísimas personas. Se calcula que en torno al 1% de la población española pertenece a una secta. Estamos hablando de más de 400.000 españoles, y esto merece todo un estudio en profundidad, que la Universidad Pontificia de Salamanca ha decidido afrontar con este curso de posgrado, pionero en España y uno de los pocos que hay a nivel mundial.

P- Para situarnos, ¿qué entendemos hoy por secta?

R- Tendríamos que hablar de una realidad que tiene una doble cara: la externa y la interna. La externa es sumamente positiva, atractiva, algo que nos puede interesar, venir bien o solucionar nuestros problemas. Y, la interna es un fenómeno de control y de manipulación de la personalidad. Por eso, me gusta utilizar una definición de secta muy gráfica que inventó Vicente Jara, un compañero de RIES, que dice que una secta es "un grupo depredador que practica el mimetismo y el señuelo".

Es decir, su identidad se caracteriza por captar gente a través de una apariencia de otra cosa. Puede ser una apariencia religiosa o espiritual, pero también cultural, terapéutica, de autoayuda o de crecimiento personal. Y el señuelo es esa salvación, solución a los problemas, crecimiento personal, lo que sea que ofrece a los posibles candidatos.

P- ¿Este fenómeno está más presente en nuestra sociedad de lo que pensamos?

R- Yo diría que está más presente que nunca, porque se trata de un fenómeno en crecimiento y en expansión. Las sectas se nutren de las vulnerabilidades, de las debilidades que todos tenemos. Algo en el fondo de problema, de insatisfacción. Incluso nuestros mayores valores y virtudes pueden ser un elemento en los que se fijen las sectas para proponernos algo.

Y también vivimos, quién lo va a negar, debilidades y vulnerabilidades a nivel social, tantas crisis que nos afectan. Pensemos en la soledad no deseada, en la incertidumbre ante el futuro, en tantos miedos, en el crecimiento de problemas como la ansiedad o la depresión, las rupturas familiares o los desengaños afectivos. Hay tantas cosas que nos hacen ser diana perfecta para las sectas que, por eso, podemos hablar de una realidad que está ahí y que crece.

 P- ¿Cómo consiguen estos grupos que una persona acabe dependiendo de ellos?

R- Las sectas son muy hábiles para captar enganchándonos. Es lo que hacen: engancharnos. Es una especie de adicción. Los psicólogos la definen a veces como una adicción sin sustancias, una adicción comportamental o socioadicción.

Nos enganchan por el lado afectivo, por las emociones. No van nunca a nuestra cabeza para convencernos, sino que es una manipulación que comienza por recibirnos con mucho cariño, abrazarnos en todos los sentidos, hacernos sentir especiales, con un propósito. Y, poco a poco nos van aislando de los que son nuestros referentes: la familia, los amigos, nuestros valores, nuestras creencias,… para plantearnos una vida nueva que parece ideal y que comparten con nosotros con una generosidad absoluta.

P-¿Qué señales pueden alertar a familiares y amigos de que una persona puede estar siendo captada por una secta?

R- Hay que estar atentos a los cambios: en el lenguaje, en las ideas, a lo mejor de forma brusca o quizás progresiva. También a los cambios de hábitos, de horarios y de compañía, sobre todo con la gente con la que andaba y ahora está compartiendo tiempo con otra, de forma física o virtual.

También hay que estar muy atentos a esas personas que cada vez pasan más tiempo delante de la pantalla del móvil, de la tablet o del ordenador. Nos puede parecer inocuo que vea ciertos vídeos, que hagan ciertas lecturas o participen en ciertos chats, pero ahí puede estar el inicio de que le estén engañando por medio de señuelos muy finos, muy invisibles, pero que ahí están. Y todo lo que suponga ese esa separación o distanciamiento con respecto a familia y los amigos hay que tenerlo en cuenta.

P.: Vivimos en una sociedad cada vez más secularizada. ¿Por qué siguen entonces creciendo las sectas y las nuevas formas de espiritualidad?

R.: Sí, parece una contradicción, ¿verdad? Llevamos casi dos siglos oyendo que las religiones van a desaparecer y han ido perdiendo su importancia. Las sectas religiosas últimamente también van perdiendo capacidad de atracción, pero crecen un montón de propuestas en torno a la meditación, el crecimiento personal, el coaching, el sentirse bien con uno mismo o incluso el hacerse rico y tener una vida próspera. Todo esto es muestra de que el ser humano tiene sed de trascendencia, sed de infinito y está siempre en búsqueda. Por eso las sectas siempre van a tener éxito, porque hay necesidades humanas que lo material no puede satisfacer. Es decir, nuestro corazón tiene esa ansia de infinito que no pueden satisfacer las cosas mundanas y, entonces, la trampa espiritual siempre puede estar ahí.

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