Vuelta al ruedo para Castaño en un desastroso y vacío 'Desafío ganadero' en Madrid

El diestro salmantino los escasos momentos de cierta brillantez con la muleta

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Vuelta al ruedo para Castaño en un desastroso y vacío 'Desafío ganadero' en Madrid
Damián Castaño
Paco Aguado
Lectura estimada: 2 min.

El diestro salmantino Damián Castaño logró dar hoy en Las Ventas la única vuelta al ruedo a lo largo de las casi tres horas que duró el que fue un desastroso 'Desafío ganadero', entre un vacío de casta generalizado y con la salida de hasta tres impropios sobreros que no ayudaron tampoco a solventar el pésimo resultado de la corrida.

De la quema puede salvarse, si acaso, la manejable nobleza y la bella lámina de los de Partido de Resina, muy en el tipo de los antiguos "pablorromeros" a los que recordaron y de los que el que mejor y con más entrega acudió al caballo de picar fue el quinto, segundo de Damián Castaño, a quien correspondió el único lote de ciertas opciones.

Con ellos logró el diestro salmantino los escasos momentos de cierta brillantez con la muleta, siempre muy jaleados por el sector "torista" de la Monumental, aunque sin que ambos ejemplares le dejaran concretarlos más y mejor, por lo que casi siempre se trató de naturales o derechazos con buen trazo pero sin posible ligazón.

A su primero, un serio sobrero de Veiga Teixeira al que sólo faltaban diez días para cumplir seis años, Castaño le robó alguno de esos buenos pases al tiempo que el astado se salía rajado y desentendido de las suertes, pero aun así se le pidió efusivamente una oreja que no fue concedida.
 Muy similar fue su faena al quinto, ese cárdeno de Partido de Resina que, tal vez por emplearse tanto en el peto, al que acudió galopando con clase en tres entradas, llegó casi sin fondo al último tercio, con nobleza pero sin acabar de emplearse.

Aun así fue suficiente para que Castaño se gustara en manojos de pases templados, aunque cortos y espaciados, antes de pincharlo reiteradamente.

También cabría rescatar del desastre el buen oficio con que afrontó la tarde el mexicano Fermín Rivera, torero dinástico que confirmaba en Madrid la alternativa recibida hace 21 años, en la ceremonia de este tipo más tardía de la historia de la plaza de Las Ventas. Rivera mostró esa dilatada experiencia con un primero de Partido de Resina que, sin gran recorrido, tomó con claridad una muleta que le llevó con temple y el máximo trazo posible, por momentos incluso con ligazón.

El del azteca fue un planteamiento perfecto de faena salvo a la hora de matar, por una fea estocada que le negó la que hubiera sido, al menos, una merecida ovación que ya le fue imposible de provocar con el derrengado cuarto sobrero de San Martín.

En lo que pareció así más una limpieza de corrales que un pretendido "desafío ganadero", emborronado también por la pésima actuación en banderillas de los subalternos, con decenas de injustificadas pasadas para clavar una o ninguna, Gómez del Pilar pasó prácticamente desapercibido con uno de Partido de Resina que se desentendía de los embroques y con otro de escaso fondo de la divisa portuguesa ante el que el madrileño dudó demasiado tiempo.

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