Cuando el día se hizo noche, los animales cambiaron: las pistas que dejó el eclipse

Investigadores de Salamanca y Zaragoza analizan cómo reaccionaron distintas especies, gallinas, équidos y ovejas, al eclipse total de Sol del 12 de agosto de 2026

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Cuando el día se hizo noche, los animales cambiaron: las pistas que dejó el eclipse
Acelerómetros y sensores fisiológicos instalados en animales
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 4 min.

El eclipse total de Sol del pasado 12 de agosto no solo convirtió el día en noche durante unos minutos. También alteró, al menos temporalmente, el comportamiento de algunos animales que fueron observados durante el fenómeno. Ovejas, gallinas y équidos modificaron sus patrones habituales de actividad, aunque las respuestas fueron diferentes según la especie e incluso entre individuos.

Es una de las primeras conclusiones que empiezan a extraer los investigadores de las universidades de Salamanca y Zaragoza a partir de los datos recogidos durante el eclipse. Para estudiar qué ocurrió exactamente, los equipos utilizaron acelerómetros y pequeños dispositivos conocidos como biologgers, capaces de registrar durante horas o días diferentes variables del comportamiento y, en determinados animales, también parámetros fisiológicos.

La investigación se desarrolló en tres escenarios: la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, varias granjas de Barbadillos del Mercado, en Burgos, y el Humedal del Cañizar, en Teruel. En el trabajo desarrollado en Burgos participa Carlos Palacios, profesor del Área de Producción Animal de la Facultad de Ciencias Agrarias y Ambientales de la Universidad de Salamanca.

Las gallinas lo 'vieron' venir

Uno de los resultados más llamativos aparece precisamente en las aves estudiadas en Burgos. De las seis gallinas monitorizadas mediante acelerómetros, cinco adelantaron entre unos 40 y 60 minutos la transición hacia un patrón de actividad similar al nocturno. El cambio no terminó con la fase de totalidad. Entre las 20:45 y las 21:19, las seis aves registraron una actividad inferior a la que era habitual para esa franja horaria en condiciones normales.

Los investigadores también pudieron observar qué ocurría en el organismo de las gallinas gracias a otros sensores. Los primeros análisis apuntan a una desaceleración de la frecuencia cardiaca después del eclipse en las seis aves estudiadas, con una reducción más intensa y prolongada el 12 de agosto. La importancia de este dato está ahora en comparación. El equipo quiere comprobar hasta qué punto esa respuesta se aparta de la evolución normal de una tarde sin eclipse.

Las ovejas redujeron su actividad

En Zaragoza, el comportamiento del rebaño ofreció otra pista. Diez ovejas fueron monitorizadas durante seis días mediante acelerómetros, lo que permitió comparar lo ocurrido durante el eclipse con las mismas horas de otras jornadas.

El resultado fue bastante claro a nivel colectivo. La actividad del grupo cayó alrededor de un 40% entre las 20:24 y las 20:28, coincidiendo con los minutos próximos a la fase de totalidad. Nueve de las diez ovejas continuaban menos activas de lo habitual durante los minutos posteriores.

Sin embargo, cuando los investigadores dejaron de observar al grupo y analizaron lo que ocurría dentro de cada animal, la imagen fue mucho menos uniforme. Cinco ovejas llevaban biologgers capaces de registrar la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca y su variabilidad. Algunas redujeron sus pulsaciones y otras las aumentaron, sin que apareciera tampoco un patrón térmico común. El rebaño pareció responder de una manera relativamente coordinada, mientras que la reacción fisiológica fue mucho más individual. Ese contraste es uno de los aspectos que más interés despierta en los primeros análisis del estudio.

En la Facultad de Veterinaria de Zaragoza se siguió además a otras 16 gallinas mediante acelerómetros. En este caso, los investigadores no encontraron una reducción de la actividad total del día, pero sí una modificación importante de su distribución.

Después de la totalidad, las aves redujeron temporalmente sus movimientos, especialmente entre las 20:40 y las 20:59. También adelantaron aproximadamente 18 minutos la transición hacia ese comportamiento asociado habitualmente con la llegada de la noche. Posteriormente recuperaron su actividad, aunque más tarde de lo que era habitual. El dato resulta importante porque apunta a que el eclipse no provocó simplemente que las gallinas estuvieran menos activas. Lo que parece haber cambiado fue el momento en el que organizaron determinadas conductas, como si su reloj biológico hubiera recibido una señal ambiental excepcional.

Respuesta bastante desigual en los équidos

La reacción observada en el Humedal del Cañizar, en Teruel, introduce una nueva variable. Cinco équidos -yeguas, un mulo y una burra- fueron monitorizados durante el eclipse y comparados con nueve días de referencia.

Justo después de la totalidad hubo respuestas contrapuestas: algunos animales incrementaron su actividad y otros la redujeron. Sin embargo, posteriormente apareció un patrón común. Entre las 21:20 y las 21:39, los cinco animales registraron menos actividad de la habitual para esa misma franja horaria, con una reducción media del 18,6%.

Uno de los casos que permite observar con mayor detalle qué pudo ocurrir es el de una burra que llevaba simultáneamente un acelerómetro y un biologger. El dispositivo permitió relacionar su comportamiento con algunos cambios fisiológicos.

Antes de la totalidad redujo momentáneamente su actividad, pero después volvió a moverse e incluso superó sus niveles habituales. Al mismo tiempo, su frecuencia cardiaca pasó de 46 latidos por minuto a las 20:25 a valores próximos a 60-63 latidos por minuto durante y después de la totalidad. La temperatura corporal, en cambio, apenas experimentó cambios.

Los primeros datos dibujan así un escenario bastante más complejo que la idea de que los animales simplemente confundieron el eclipse con la llegada de la noche. En algunas especies se produjo una reducción de actividad; en otras, lo más llamativo fue que adelantaron o reorganizaron determinados comportamientos. Además, la reacción no fue necesariamente igual entre animales de la misma especie.

Los investigadores son prudentes a la hora de interpretar estos resultados. El eclipse provocó un cambio extraordinariamente rápido de la luminosidad, pero también coincidió con un momento muy próximo al anochecer natural. Por ello, todavía es necesario determinar qué señales ambientales desencadenaron las respuestas observadas. Ahí reside precisamente el valor de los biologgers y los acelerómetros. En lugar de limitarse a observar qué hace un animal durante los minutos de oscuridad, los investigadores pueden comparar su comportamiento antes, durante y después del eclipse con lo que ocurrió en las mismas horas de otros días.

El objetivo de los equipos de Salamanca y Zaragoza es ahora integrar todos esos datos para averiguar si, detrás de respuestas aparentemente diferentes, existe un patrón común.

Fuente: Comunicación USAL

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