La amenaza que avanza entre los pinares de Salamanca y mantiene en alerta a Castilla y León

El nematodo de la madera del pino ya ha dejado más de una treintena de positivos anuales en Lagunilla y obliga a mantener bajo vigilancia casi 128.000 hectáreas

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La amenaza que avanza entre los pinares de Salamanca y mantiene en alerta a Castilla y León
Pinar
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
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Los pinares de Castilla y León tienen uno de sus principales enemigos a miles de ejemplares de distancia, pero con capacidad suficiente para poner en riesgo amplias superficies forestales. Se trata del nematodo de la madera del pino, una plaga considerada prioritaria por la Unión Europea debido al enorme impacto que puede llegar a provocar en los bosques.

Castilla y León mantiene uno de los cuatro focos activos de esta enfermedad detectados actualmente en España. Se encuentra en Lagunilla, en la provincia de Salamanca, donde la presencia del organismo ha obligado a mantener una extensa zona sometida a vigilancia y medidas de control. La situación ha evolucionado desde que el foco fue localizado por primera vez en 2018. Según el análisis publicado en la revista especializada Foresta, los positivos han ido aumentando con el paso de los años hasta superar la treintena anual.

El área demarcada tampoco ha dejado de ser relevante: alcanza ya 127.893 hectáreas, una superficie que se extiende parcialmente hasta territorio extremeño.

Una plaga peligrosa

El problema no está en el tamaño del organismo, sino en las consecuencias que puede provocar. El Bursaphelenchus xylophilus es considerado una de las plagas forestales más peligrosas de Europa porque puede afectar gravemente a los pinos y ocasionar importantes pérdidas ambientales y económicas.

Por esa razón, la normativa europea obliga a mantener sistemas de vigilancia capaces de detectar rápidamente nuevos casos. La prevención resulta especialmente importante en una comunidad como Castilla y León, que cuenta con una de las mayores superficies forestales del país y donde las masas de pinar tienen un destacado valor ambiental y económico.

El nematodo no es, además, el único problema que vigilan los especialistas. El diagnóstico sobre la situación fitosanitaria de los montes de Castilla y León también señala otros organismos y agentes capaces de provocar daños.

Entre ellos aparecen los escolítidos de las coníferas, la chinche de los piñones, el muérdago y la procesionaria del pino, todos ellos incluidos entre las principales amenazas para las masas forestales de la comunidad.

Cortar el avance 

Cuando se confirma la presencia del nematodo, las administraciones aplican diferentes medidas en función de las características de cada foco y de las posibilidades de erradicación o contención.

Entre las actuaciones se encuentran la tala de árboles afectados, la destrucción de restos vegetales infectados, la eliminación de maleza y la instalación de trampas destinadas a controlar a los insectos que pueden actuar como vectores. También pueden utilizarse tratamientos fitosanitarios. El objetivo es evitar que el organismo continúe propagándose y termine alcanzando nuevas masas de pinos. Para ello, la vigilancia no se limita a los árboles en los que ya se ha detectado la plaga, sino que se extiende a amplias zonas alrededor de los focos conocidos.

En España existen actualmente otros tres focos además del salmantino: As Neves, en Pontevedra; Lobios, en Ourense; y Sierra de Malvana, en Cáceres. En todos ellos se aplican medidas de erradicación o contención dependiendo de las circunstancias.

Una amenaza que exige vigilancia constante

La inclusión del nematodo en la lista de plagas prioritarias de la Unión Europea refleja la dimensión del problema. Son organismos considerados de máximo riesgo por su capacidad para provocar consecuencias económicas, ambientales y sociales de gran alcance.

El estudio insiste en que mantener las prospecciones y los sistemas de detección temprana resulta fundamental. Una identificación rápida permite actuar cuando el foco todavía puede mantenerse bajo control y reduce las posibilidades de que la plaga se extienda a otras zonas.

En este escenario, la coordinación entre el Ministerio de Agricultura y las comunidades autónomas adquiere un papel decisivo. La protección de los montes depende tanto de las actuaciones sobre los focos conocidos como de la capacidad para descubrir nuevos casos antes de que puedan convertirse en un problema mayor.

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