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El Zarzoso se queda pequeño para escuchar la historia de un tesoro que acabó en el Prado
La iglesia del monasterio de Santa María de Porta Coeli llenó todo su aforo durante una visita teatralizada sobre Leonor de Velasco y el célebre Tríptico del Nacimiento
La iglesia del monasterio de Santa María de Porta Coeli, en El Zarzoso, vivió una jornada poco habitual. El templo se llenó hasta completar su aforo, con los bancos ocupados y todas las sillas que las hermanas pudieron colocar en los pasillos. Aun así, hubo personas que no pudieron acceder al interior ante la gran afluencia de público.
Una imagen que, según algunos asistentes, recordó a los grandes días de celebración en la localidad, como la festividad del Cristo. Pero en esta ocasión, el motivo de la convocatoria era un viaje varios siglos atrás para recuperar la memoria de una mujer, una familia y una obra de arte que salió del monasterio para terminar, décadas después, en una de las salas del Museo Nacional del Prado.
La encargada de guiar ese recorrido fue Charo García de Arriba, investigadora independiente y divulgadora histórica natural de Tamames, que transformó la visita en una recreación teatralizada. Para ello se metió en la piel de Leonor de Velasco y Mendoza, dama de la alta nobleza castellana estrechamente vinculada a la historia del monasterio.
La viuda que levantó un templo para preservar una memoria
Leonor de Velasco estuvo casada con Francisco de Benavides y Manrique, Mariscal de Castilla y señor de Frómista, Matilla de los Caños y San Muñoz. Tras la muerte de su marido, en 1505, decidió retirarse al monasterio de Santa María de Porta Coeli, una institución que mantenía vínculos con la familia Benavides desde hacía varias generaciones.
Allí impulsó la construcción de la iglesia, concebida también como lugar de enterramiento para ella y su esposo. Todavía hoy pueden contemplarse en el templo los escudos y elementos heráldicos relacionados con las familias Benavides y Velasco.
Para Charo García de Arriba, la iglesia representa mucho más que una construcción religiosa. Se trataría de un auténtico proyecto de memoria promovido por una mujer de la alta nobleza en los primeros años del siglo XVI, en un momento en el que los reinos de Castilla y León acababan de perder a Isabel la Católica. La iniciativa de Leonor habría permitido conservar el recuerdo de su marido y reforzar, al mismo tiempo, la identidad y la memoria de su propio linaje.
El misterio del tríptico que viajó de El Zarzoso al Prado
Uno de los capítulos más llamativos de esta historia tiene como protagonista al conocido como Tríptico del Nacimiento de Jesús, una obra que durante décadas permaneció en el monasterio y que actualmente se expone en el Museo Nacional del Prado.
La investigadora sostiene la hipótesis de que Leonor de Velasco pudo llevar la obra a El Zarzoso como pieza principal de su oratorio personal y que, tras su fallecimiento, acabara formando parte de los bienes destinados al ornato de la iglesia.
La autoría del tríptico ha sido atribuida por la doctora en Historia del Arte Mireia Castaño Martínez a un artista de origen germano conocido como Maestro Felipe. Sin embargo, otra de las incógnitas gira en torno a quién pudo encargar originalmente la obra. La presencia de un escudo cuartelado de la familia Zúñiga-Osorio ha llevado a Charo García de Arriba a plantear que el posible comitente fuera Fernando de Zúñiga y Osorio, hijo de Elvira de Zúñiga y Pedro Álvarez Osorio, I conde de Trastámara. Fernando, fallecido en 1494, fue arcediano de Sevilla y destacó como mecenas artístico. Tras su muerte, sus bienes fueron vendidos, y en ese momento la obra podría haber pasado, según esta hipótesis, a manos de la familia Benavides-Velasco.
La investigadora considera además que el tríptico pudo haber sido encargado como homenaje a la madre de Fernando, fallecida cuando él era todavía niño. Una teoría que se apoya en un detalle significativo: la Virgen María aparece en todas las escenas de la obra y se convierte en su gran protagonista.
De una venta por tres millones de pesetas a una compra millonaria
El destino del tríptico cambió definitivamente en 1965. Ese año, las hermanas del monasterio lo vendieron a un anticuario de Madrid por tres millones de pesetas.
Casi medio siglo después, en 2014, el Estado adquirió la obra a la familia de coleccionistas Várez Fisa por cerca de cuatro millones de euros. Desde entonces, el tríptico forma parte de la colección del Museo Nacional del Prado, donde se expone en la sala 52A y ha sido considerado una de las obras más relevantes del gótico internacional tardío.
Su salida de El Zarzoso, sin embargo, no ha impedido que el monasterio conserve la memoria de la pieza y de quienes pudieron estar relacionados con su llegada al templo. Precisamente, la visita teatralizada forma parte de una iniciativa que busca devolver simbólicamente el tríptico a El Zarzoso mediante la realización de una copia.
El proyecto está siendo posible gracias a la colaboración altruista de Moisés Cristeto, pintor aficionado de Tamames, que tiene ya muy avanzada la reproducción de la obra. El siguiente paso será elaborar una copia del elaborado marco que acompaña al original.
La enorme respuesta del público durante la visita demuestra, además, que la historia del monasterio y de su antiguo tesoro sigue despertando interés. La iglesia se llenó por completo, las sillas ocuparon los espacios disponibles y algunas personas tuvieron que quedarse fuera.
Siglos después de que Leonor de Velasco impulsara aquel templo para preservar una memoria, El Zarzoso volvió a llenarse para escucharla.
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