"Salvad lo vuestro, que lo nuestro ya está todo quemado": 365 días del incendio que tintó todo de negro

En la pequeña localidad salmantina de Cipérez arrancaron unas llamas que días más tarde terminaron afectando a un total de 10.500 hectáreas

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El autor esManel Pacho
Manel Pacho
Lectura estimada: 5 min.

"Salvad lo vuestro, que lo nuestro ya está todo quemado". Esa frase escuchó Mari Carmen Martín en una llamada con una amiga de Cipérez en el mes de agosto de 2025. El día 13 comenzó un incendio -a cuenta de un rayo- en la localidad de Cipérez que pareció estar cerca de extinguirse, pero que dos días después se descontroló por completo hasta convertirse en el más grande de la historia de la provincia de Salamanca. Un total de 10.500 hectáreas que acabaron afectadas por unas llamas que sacudieron la vida de miles de personas de la zona, dejando incluso localidades evacuadas como las de Villaseco de los Reyes, Cerezal de Puertas, Groó o Gejo de los Reyes.

Mari Carmen recuerda aquellos días en la tienda que regenta en Villar de Peralonso, una de las localidades afectadas donde, afortunadamente, las llamas no llegaron a las viviendas. Fueron días de "muchísima tensión y muchísimo miedo", una preocupación acuciante que todavía le eriza la piel al recordarlo. "No tenías nada con qué luchar ni con qué apagar", resalta, recordando que "las fincas de Pedernal y Tremedal, todo eso que está alrededor, se quemó, menos nosotros", un respiro que les permitió "salvar los camiones" de la empresa familiar.

"No tenías nada con qué luchar ni con qué apagar"

Pero no todos tuvieron tanta suerte. Ernesto Melgar, más conocido en la zona como 'Tito', fue una de las personas afectadas por las llamadas. El fuego arrasó con su nave y con años de trabajo en la finca del Pedernal, daños materiales que sigue tratando de dejar atrás. "Se ha ido recuperando el campo, pero luego todas estas cosas, hasta que no van llegando las ayudas, pues no se puede hacer nada porque hay que adelantar antes el dinero y estamos esperando a ver", recalca Tito, dejando claro otro de los problemas que pueden afrontar algunos afectados al tener que pedir un préstamo para hacer frente a la situación.

Imagen del incendio desde Villar del Peralonso.

Esas ayudas, además, no acaban de cubrir todos los desperfectos. Preguntado por cuánto ha podido perder a consecuencia de las llamas, Melgar lo resume de manera tajante: "Mucho más dinero del que nos han dado, eso está claro". Ese es su caso, destaca, lamentando que "hay otras personas que se le han quemado cinco hectáreas y le han dado lo mismo que a mí -con 100 hectáreas- entre la Junta de Castilla y León y lo que daba el Estado. Le han dado lo mismo al que se le han quemado cinco hectáreas que al que se le ha quemado todo".

Estos problemas no se quedan únicamente en las cuantías de las construcciones, sino también en casos de las alambradas. Tito no ha recibido ayudas para reponer unas estructuras que quedaron calcinadas, aunque asegura que "hay gente que le han dado 11.000 euros y no es suyo el terreno". Problemas de parte de la administración para los que no ha encontrado respuesta. "No he recibido ninguna justificación de que a unos tengan que darle tanto y a otros tengan que darle nada. A mí es que se me quemó todo".

"Hasta que no van llegando las ayudas, pues no se puede hacer nada"

Sin embargo, tanto Mari Carmen como Tito se quedan con la 'cara bonita' de aquellos días. Jornadas interminables en las que no faltaron las manos tendidas de personas de diferentes pueblos que se volcaron en ayudar de una u otra manera. El propio Tito ha enviado dinero a los afectados por los incendios de la comarca zamorana de Sayago durante este verano, personas que le mandaron comida para los animales o trataron de colaborar con él dentro de sus posibilidades.

También lo recuerda así Mari Carmen, quien echa la vista atrás y recuerda como hasta Villar de Peralonso acudieron vecinos de Sobradillo y "de pueblos de bastante lejos" para "ayudarte" durante todo el día.

Daños sufridos en un vehículo a consencuencia de las llamas.

En el propio Villar de Peralonso uno se puede encontrar también con Salvador y Amaro, dos vecinos de la localidad que vivieron con preocupación aquellas jornadas. El primero de ellos tiene que utilizar una bomba de oxígeno en algunos momentos del día, por lo que el humo le obligó a encerrarse en casa en muchos momentos para evitar problemas. "Como me dé, tengo que estar luego a lo mejor dos o tres minutos tosiendo", recalca, explicando que pasaron "miedo".

La preocupación no fue tanto por los daños materiales, ya que el viento permitió que esta localidad no fuese de las más afectadas, sino por la sensación de que de no ser por la fecha en la que sucedió, todo pudo ser muy diferente. "Si es en otro mes cualquiera del año, veríamos a ver lo que hubiera ocurrido", lamenta, explicando que afortunadamente la cantidad de personas que llegan a pasar estos días del verano permitió contar con más efectivos. "Hasta mi nieto, con 14 años, y una bicicletilla que tiene ahí en una cochera tirada, estuvo llevando botellas de agua congeladas".

Por su parte, Amaro recuerda que "había gente de por aquí con tractores" que colaboraron con los servicios de extinción. Durante aquellos días no faltaron los helicópteros ni los camiones de bomberos, todos ellos coordinados desde el puesto de mando instalado en la gasolinera de Villar de Peralonso. Un lugar que se convirtió en el cuartel general para tratar de combatir el fuego.

Días de angustia y de acongojamiento donde la mayor esperanza llegaba por parte de los vecinos. "Aquí el que más trabajo hizo fue un chico que vive aquí, que se fue al taller, cogió una pala que tienen, una retro e hizo un cortafuegos de 100 metros alrededor, y como no había prácticamente vegetación, lo poco que había lo arrancó con la pala, porque estaba al fuego a 500 metros", señala Salvador, a su vez que Amaro recalca que "chavales de aquí que no tenían nada, estuvieron toda la noche pendientes, porque aquí no vino el fuego y pasó y ya está. Aquí se reprodujo por lo menos tres o cuatro veces, porque pasó deprisa, prácticamente se iba apagando y la gente iba marchando hasta que lo llevaron de cara al embalse, pero luego brotaba por aquí y era más peligroso".

Y es que hace justo un año que las llamas aparecieron en Cipérez y, tras darse casi por extinguido, se reavivaron hasta arrasar 10.500 hectáreas donde muchos perdieron gran parte de su sustento, encontrando un brazo tendido de vecinos que no dudaron en coger el coche para ayudar. Unas llamas que terminaron por darse por controladas once días más tarde y que, por desgracia, quedarán para siempre en el recuerdo de una comarca que vivió el peor incendio registrado en Salamanca.

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