El psiquiatra en el Complejo Asistencial charro, David González Parra, alerta de que las redes sociales impulsan problemas relacionados con la imagen corporal
Sin casos de tanorexia en el hospital, pero con advertencia: las redes sociales disparan la presión estética
El psiquiatra en el Complejo Asistencial charro, David González Parra, alerta de que las redes sociales impulsan problemas relacionados con la imagen corporal
Cada verano miles de personas buscan el bronceado perfecto. Para la mayoría es una costumbre asociada al ocio, las vacaciones o la estética. Sin embargo, para otras puede convertirse en una necesidad constante que nunca parece suficiente. Esa obsesión por estar siempre moreno recibe popularmente el nombre de tanorexia, un término cada vez más conocido, aunque no figura oficialmente como enfermedad mental.
Así lo explica David González Parra, psiquiatra del Hospital de Salamanca, quien aclara desde el primer momento que la comunidad científica todavía no la reconoce como un trastorno independiente. "Lo primero que tengo que decir es que para la comunidad internacional este problema no está etiquetado oficialmente como un trastorno mental", precisa.
Eso no significa, sin embargo, que no pueda convertirse en un problema psicológico serio. El especialista considera que comparte numerosos rasgos con otros trastornos perfectamente conocidos por la Psiquiatría. "Si nos atendemos al origen terminológico, sería como un apetito o deseo por estar permanentemente moreno. Si lo relacionamos con enfermedades que sí tenemos catalogadas, a lo que más se parece es a la anorexia".
La comparación no es casual. Igual que ocurre con los trastornos de la conducta alimentaria, la persona desarrolla una preocupación creciente por su aspecto físico hasta convertirlo en el centro de su vida. "Sería la obsesión compulsiva por desear estar permanentemente bronceado y las consecuencias físicas y psicológicas que eso puede conllevar".
A pesar de ello, González Parra asegura que, al menos por ahora, no ha tratado ningún caso de este tipo en las consultas de Psiquiatría de Salamanca. Tampoco sus compañeros le han trasladado situaciones similares. Sí reconoce, no obstante, que probablemente Dermatología pueda estar viendo las consecuencias físicas derivadas de una exposición excesiva al sol. "A lo mejor sí que están llegando casos por las consecuencias de estar permanentemente expuesto al sol, pero el sustrato psicológico del problema probablemente no lo estén detectando".
Su experiencia durante quince años dedicada a los trastornos alimentarios le permite identificar patrones comunes. Aunque no existen estudios suficientes para definir un perfil exacto de las personas afectadas por esta obsesión con el bronceado, considera que probablemente seguiría un esquema parecido al de la anorexia nerviosa. "Si nos asemejamos a la anorexia, probablemente el perfil sea el de mujeres jóvenes".

Más allá de la edad o el sexo, existe un patrón psicológico que se repite con frecuencia. "Hablamos de personas con inseguridades respecto a su físico, problemas relacionados con la imagen corporal, baja autoestima y facilidad para engancharse a determinadas conductas".
Precisamente ahí aparece otro de los elementos que más preocupa al especialista. Para él, la tanorexia no se limita únicamente a una obsesión estética. "Está un poco a caballo entre un cuadro obsesivo y una conducta adictiva", explica.
El mecanismo es muy similar al de cualquier dependencia. "Al final es buscar permanentemente estar expuesto al sol. Cada vez necesito pasar más horas y nunca me veo lo suficientemente bronceado". Esa necesidad creciente recuerda al fenómeno de la tolerancia que aparece en las adicciones. "Nunca es suficiente. Cada vez tengo que exponerme más".
En ese proceso, las redes sociales desempeñan un papel decisivo. González Parra no tiene dudas al respecto. "La influencia de las redes sociales está siendo tremenda". El psiquiatra observa cada día cómo las plataformas digitales alimentan problemas relacionados con la imagen corporal y la autoestima, especialmente entre adolescentes.
"Tenemos un modelo de acceso a la información que ha cambiado completamente. Hay muchísima información y muchas veces muy poco filtrada sobre lo que es cada cosa." Ese bombardeo constante de imágenes idealizadas termina afectando especialmente a quienes ya presentan alguna vulnerabilidad previa. "Si eso se une a una persona con baja autoestima o problemas con su imagen corporal, es el caldo de cultivo perfecto para que aparezcan problemas como este".
Aunque la tanorexia no sea un trastorno reconocido, González Parra explica que, si una persona llegara a desarrollar una auténtica dependencia que afectara a su vida cotidiana, el abordaje sería muy similar al de otros trastornos obsesivos o adictivos.
El primer paso siempre sería ayudar al paciente a comprender el problema. "Lo más difícil es que la persona reconozca que esa conducta le está perjudicando, porque uno no cambia un comportamiento si no ve que le está afectando".
A partir de ahí, la herramienta principal sería la terapia psicológica. "La que más evidencia tiene es la terapia cognitivo-conductual, que intenta modificar pensamientos, hábitos y conductas". Si además aparecen síntomas asociados, como ansiedad, alteraciones del sueño o bajo estado de ánimo, podrían incorporarse tratamientos farmacológicos.
El entorno también juega un papel fundamental. El especialista insiste en que resulta imprescindible trabajar con las familias y educar en un uso saludable de las redes sociales. "Si el problema nace porque continuamente me comparo con personas extremadamente bronceadas, habrá que intentar desconectar de ese tipo de contenidos que no hacen más que alimentar la obsesión".
Precisamente el impacto de Internet y las redes sociales es una de las cuestiones que más preocupan actualmente al equipo de Salud Mental Infantil y Juvenil del Hospital de Salamanca.
González Parra reconoce que en los últimos años la realidad asistencial ha cambiado profundamente. "Estamos más concienciados, pero también hay cada vez más casos". Uno de los cambios más llamativos afecta a la edad de aparición de los trastornos alimentarios. "Antes la anorexia aparecía fundamentalmente entre los 14 y los 16 años. Desde la pandemia estamos detectando casos en niñas de 9, 10 u 11 años".
El psiquiatra relaciona este fenómeno con el acceso cada vez más precoz a teléfonos móviles y redes sociales. "Hoy el regalo de comunión muchas veces es un smartphone con conexión a Internet y, en muchos casos, sin un control parental adecuado".
El problema, explica, es que esa información llega a cerebros que todavía están desarrollándose. "Estamos hablando de un cerebro inmaduro, que no sabe procesar toda la información que recibe y las consecuencias emocionales que puede tener". Las consultas reflejan ya esa transformación. En la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria atienden actualmente alrededor de 600 pacientes, entre niños y adultos, afectados por anorexia, bulimia o trastorno por atracón.
En Salud Mental Infantil y Juvenil la cifra supera los mil menores en seguimiento. Las patologías más frecuentes ya no son únicamente los trastornos del neurodesarrollo. "Lo que más vemos son desregulación emocional, autolesiones y problemas de conducta". A pesar de este aumento de casos, González Parra cree que la sociedad está empezando a comprender la importancia de cuidar la salud mental. "Cada vez existe más conciencia y también los recursos han aumentado".
Recuerda que recientemente se ha creado incluso la especialidad específica de Psiquiatría Infantil y del Adolescente, cuyos primeros especialistas comenzarán a incorporarse en los próximos años. Sin embargo, considera que todavía queda mucho camino por recorrer para acabar con el estigma. "Sigue costando asumir que una persona vaya al psiquiatra o al psicólogo".
Para el especialista, la comparación debería ser tan sencilla como cualquier otra enfermedad médica. "Igual que puedes tener un problema de riñón o diabetes, también puedes tener un problema emocional en un momento de tu vida". Vivimos, afirma, en una sociedad cada vez más exigente. "La sociedad evoluciona a una velocidad enorme, pero el cerebro humano no cambia al mismo ritmo. Esa presión hace que muchas personas no sean capaces de gestionar determinadas situaciones". Por eso defiende normalizar la atención psicológica y psiquiátrica, igual que ocurre en otros países. "En muchos lugares del mundo tener un terapeuta de referencia está completamente normalizado".
Como mensaje final, González Parra lanza una llamada a la prudencia frente a la información que circula por Internet. "Tenemos que ser muy críticos con lo que consumimos. Hay muchas personas con gran impacto en redes sociales que difunden mensajes que no están suficientemente respaldados por la evidencia científica". Pero, sobre todo, pide proteger a los más pequeños. "El mundo digital nos ha permitido avanzar muchísimo, pero debemos proteger a los menores de la información que reciben para evitar problemas psicológicos en el futuro".
Porque detrás de una simple búsqueda del bronceado perfecto puede esconderse algo mucho más profundo: una relación dañina con la propia imagen que, alimentada por la comparación constante, puede terminar convirtiéndose en un problema de salud mental.
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