El doctor en el Hospital de Salamanca defiende una medicina personalizada en la que cada paciente y su contexto condicionan la elección del tratamiento
Sánchez-Guijo, jefe de Hematología: "La medicina no es solo tratar la enfermedad, es entender a la persona"
El doctor en el Hospital de Salamanca defiende una medicina personalizada en la que cada paciente y su contexto condicionan la elección del tratamiento
La hematología atraviesa uno de los momentos más revolucionarios de su historia. La llegada de la medicina personalizada, las terapias dirigidas, las mejoras en los resultados del trasplante de médula ósea o la inmunoterapia celular CAR-T ha cambiado el pronóstico de muchas enfermedades oncohematológicas y ha abierto nuevas oportunidades para pacientes que hace apenas unas décadas contaban con opciones muy limitadas. Sin embargo, para Fermín Sánchez-Guijo, jefe del Servicio de Hematología y Hemoterapia del Hospital Universitario de Salamanca y catedrático de la USAL, el verdadero reto no consiste únicamente en curar más, sino en hacerlo sin perder de vista a la persona que hay detrás del diagnóstico.
El especialista insiste en que la atención sanitaria debe contemplar mucho más que los datos clínicos o biológicos de la enfermedad. Por eso, desde el momento en que un paciente llega a consulta, el equipo trata de conocer no solo su enfermedad, sino también su realidad personal. La situación familiar, el apoyo social, la profesión, el lugar de residencia o las circunstancias particulares de cada persona pueden ser determinantes a la hora de elegir un tratamiento. "Dos pacientes pueden tener una enfermedad muy parecida y, sin embargo, necesitar abordajes diferentes", explica.
La clave, asegura, está en compartir la toma de decisiones y permitir que el paciente participe activamente en el proceso. "Muchas veces no hay un único camino. Tenemos varias opciones y nos gusta recorrer esa ruta junto al paciente, con información rigurosa y ayudándole a elegir". Para Sánchez-Guijo, el enfermo no debe ser un mero receptor de tratamientos, sino una parte activa de las decisiones que afectan a su salud y a su calidad de vida.
Esa filosofía también explica una de las reflexiones que más repite y que atribuye a Gregorio Marañón. Cuando al prestigioso médico le preguntaron en su día cuál había sido el mayor avance de la medicina, respondió que la silla. Una respuesta aparentemente sencilla que, para el hematólogo salmantino, sigue teniendo plena vigencia. "La silla te permite sentarte junto al paciente, conectar visualmente, escuchar y conversar con él", señala. En un contexto marcado por las agendas ajustadas y la presencia constante de ordenadores y pantallas en las consultas, considera fundamental no perder el contacto humano. Escuchar permite al paciente sentirse acompañado y ser protagonista, pero también ayuda al médico a comprender mejor sus necesidades y circunstancias. "Solo así podemos elegir conjuntamente el mejor tratamiento para cada persona".
Salamanca se ha convertido en uno de los grandes referentes nacionales en hematología. El servicio que dirige atiende no solo a pacientes de la provincia, sino a personas procedentes de toda Castilla y León y en ocasiones de otras zonas de España, especialmente en procedimientos complejos como los trasplantes de médula ósea, la terapia CAR-T o los ensayos clínicos. "Tenemos profesionales muy especializados en cada enfermedad y eso genera confianza en los pacientes", explica.
Además, el servicio trabaja para que cada persona tenga un profesional de referencia durante todo el proceso, aunque el trabajo siempre es en equipo. "Intentamos que sepan quién lleva su caso y que siempre tengan cerca a alguien que conoce perfectamente su enfermedad y sus detalles sociosanitarios", señala. Esa continuidad asistencial, unida a la especialización de los distintos grupos de trabajo, permite que cada paciente sea atendido por profesionales con amplia experiencia en patologías muy concretas. A ello se suma el trabajo coordinado con los hospitales de toda Castilla y León para garantizar que cualquier persona pueda acceder a tratamientos avanzados independientemente de dónde viva. "Llevamos décadas trabajando en red y eso permite ofrecer las mismas oportunidades a cualquier paciente de la comunidad".
Los avances científicos han permitido que enfermedades que hace años tenían un pronóstico muy complicado presenten hoy perspectivas completamente distintas. Uno de los ejemplos más claros es la leucemia mieloide crónica, una patología para la que existen tratamientos orales dirigidos capaces de ofrecer una esperanza de vida similar a la de la población general cuando se diagnostica en fases iniciales. "Hace años la situación era completamente diferente", recuerda.
Según explica Sánchez-Guijo, el conocimiento cada vez más profundo de las alteraciones genéticas que originan las enfermedades hematológicas ha permitido desarrollar tratamientos más eficaces y menos tóxicos, sustituyendo progresivamente parte de la quimioterapia convencional por terapias capaces de actuar específicamente sobre las células tumorales. "Cada vez tratamos menos una enfermedad en general y más un subtipo concreto de enfermedad, atacando a la célula neoplásica y respetando al resto. Ello reduce los efectos adversos y mejora notablemente los resultados", resume.
A esta transformación se ha sumado en los últimos años la llegada de la terapia CAR-T, una de las grandes revoluciones de la medicina moderna. Salamanca fue uno de los ocho primeros centros españoles autorizados para administrarla en pacientes adultos, consolidando aún más su posición de referencia en este ámbito. Aun así, el hematólogo recuerda que todavía existen enfermedades complejas, como algunas leucemias agudas, en las que es necesario seguir investigando para mejorar las tasas de curación.
Pero los cambios no solo afectan a los tratamientos. También está evolucionando la forma de atender a los pacientes. Una de las iniciativas que más ha crecido en los últimos años es la hospitalización domiciliaria, una apuesta que permite realizar determinados procesos asistenciales en el hogar cuando las condiciones lo permiten.
"El paciente donde mejor está es en su casa", resume. La experiencia desarrollada en Salamanca por parte del Servicio de Hematología ha demostrado beneficios importantes, como una menor incidencia de infecciones, una mejor capacidad física y una mayor calidad de vida durante el tratamiento. "Los pacientes están más activos en casa que en una habitación hospitalaria y eso repercute positivamente en su recuperación". El objetivo es avanzar hacia una medicina cada vez más ambulatoria, acercando la asistencia al entorno habitual del enfermo siempre que sea posible.
En esta visión integral de la enfermedad también ocupa un lugar fundamental la figura del cuidador. Los tratamientos hematológicos suelen implicar ingresos prolongados, desplazamientos frecuentes y cambios profundos en la organización familiar. Por eso, Sánchez-Guijo considera imprescindible prestar atención a quienes acompañan al paciente durante todo el proceso.
"Muchas veces hablamos del enfermo y olvidamos a quien está a su lado sosteniendo gran parte de la carga emocional y organizativa", señala. En este sentido, destaca la labor de entidades como ASCOL o la Asociación Española Contra el Cáncer, que ofrecen apoyo psicológico, social y práctico tanto a los afectados como a sus familias. "Cuidar al que cuida también forma parte del tratamiento".
La dimensión humana de la medicina también se pone a prueba en los momentos más difíciles. Dar una mala noticia forma parte del trabajo diario de muchos profesionales sanitarios y, aunque la experiencia ayuda, reconoce que nunca deja de ser una situación delicada. "Empatizamos muchísimo con los pacientes y con sus familias", explica. A su juicio, tan importante como la información que se transmite es la forma en que se hace. Cada persona necesita tiempos diferentes y una manera distinta de afrontar el diagnóstico. "Hay que saber cuándo y cómo dar la información, adaptándola siempre a cada paciente".
Después de décadas de profesión, algunas historias permanecen grabadas para siempre. Hace apenas unos días recibió una carta de una paciente que había superado un trasplante de médula ósea hacía 25 años. El mensaje era un agradecimiento al equipo que la atendió cuando apenas comenzaba su carrera profesional.
Sánchez-Guijo decidió llamarla personalmente. Durante la conversación recordaron los momentos difíciles que atravesó y cómo había conseguido reconstruir su vida. Entonces le hizo una propuesta: participar en futuros encuentros con pacientes para compartir su experiencia. "Es importante que quienes están pasando ahora por la enfermedad vean a personas que, años después, han recuperado su vida", explica. Para el hematólogo, estos testimonios representan una fuente de esperanza tan valiosa como muchos tratamientos.
Lejos de considerarse únicamente un médico que aprende y enseña, reconoce que gran parte de su aprendizaje procede precisamente de los pacientes. "Aprendemos muchísimo de ellos, de cómo afrontan la adversidad y de la fortaleza que muestran en situaciones extremadamente difíciles". Una experiencia que, asegura, también ayuda a relativizar muchos de los problemas cotidianos y a mantener la motivación para seguir mejorando.
Sánchez-Guijo insiste en que esa atención no sería posible sin el trabajo coordinado de todos los profesionales que forman parte del Servicio de Hematología. Más allá de médicos y enfermeras, destaca la labor de auxiliares, investigadores, técnicos de laboratorio, celadores, personal administrativo y otros trabajadores que acompañan al paciente en diferentes momentos del proceso asistencial. "Hasta la persona que atiende una llamada telefónica desde la secretaría del Servicio puede desempeñar un papel fundamental", afirma. A su juicio, uno de los pilares del servicio es precisamente el ambiente de colaboración existente entre todos sus integrantes, una filosofía compartida que repercute directamente en la atención que reciben los pacientes y sus familias.
Aunque los avances han sido enormes, todavía quedan retos importantes. Existen enfermedades para las que es necesario desarrollar nuevos tratamientos y mejorar las tasas de curación. Sin embargo, el objetivo ya no es únicamente prolongar la supervivencia.
"Queremos que los pacientes recuperen su autonomía, sus actividades, su vida social y todo aquello que hacían antes del diagnóstico", afirma. La fisioterapia, la nutrición, el ejercicio físico y el bienestar emocional forman parte cada vez más de una estrategia global orientada a que las personas vuelvan a sentirse dueñas de su vida.
Mientras la investigación continúa avanzando y la hematología sigue incorporando nuevas herramientas diagnósticas y terapéuticas, Sánchez-Guijo mantiene intacta una convicción que considera esencial. La medicina del futuro estará marcada por la innovación y la tecnología, pero seguirá necesitando algo tan sencillo como sentarse frente a un paciente, escucharle y entender qué necesita para seguir adelante.
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