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El virus de Crimea-Congo ya circulaba en el entorno de Salamanca antes del último caso
Una investigación detectó el virus en garrapatas de Cáceres, considerada una zona endémica, mientras Salamanca suma varios casos en los últimos años
La confirmación de un caso de fiebre hemorrágica de Crimea-Congo (FHCC) en Salamanca ha vuelto a poner el foco sobre una enfermedad emergente cuya presencia en el oeste peninsular ya había sido advertida por la comunidad científica. Un reciente estudio español concluyó que el virus circula de forma sostenida en garrapatas del centro y sur de Cáceres, una de las zonas consideradas endémicas para esta patología y limítrofe con la provincia salmantina.
El caso confirmado por la Junta de Castilla y León corresponde a un varón de 68 años que acudió al Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA) con un cuadro clínico compatible con la enfermedad tras sufrir una picadura de garrapata. Posteriormente fue trasladado al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla de Madrid, centro de referencia para este tipo de patologías, donde permanece estable, aunque bajo las medidas de aislamiento y control que requiere esta infección.
La investigación, publicada este año en la revista científica Frontiers in Veterinary Science, fue liderada por especialistas del Instituto de Salud Carlos III, junto a investigadores de varias universidades y centros de investigación españoles. El trabajo analizó 3.183 garrapatas recogidas en 65 localizaciones del centro y sur de Cáceres entre 2017 y 2024.
Los resultados confirmaron la presencia del virus exclusivamente en garrapatas de la especie Hyalomma lusitanicum, considerada uno de los principales vectores de transmisión. Los investigadores recordaron además que el virus fue detectado por primera vez en España en 2010, precisamente en garrapatas recogidas de ciervos rojos en el suroeste de Cáceres, una zona que desde entonces permanece bajo vigilancia científica.
El estudio concluye que el virus mantiene una circulación estable en la fauna silvestre, especialmente asociada a ungulados como ciervos y jabalíes, y destaca el papel clave de las garrapatas en el mantenimiento de la enfermedad en el medio natural.
Los autores subrayan la necesidad de reforzar la vigilancia epidemiológica y veterinaria para detectar precozmente posibles riesgos para la salud humana. Entre las medidas recomendadas figuran los cribados serológicos en animales, el control de garrapatas, una mayor vigilancia en explotaciones ganaderas y el impulso de nuevas investigaciones.
La preocupación no es menor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo puede provocar brotes graves y alcanzar tasas de letalidad de hasta el 40%, aunque la mortalidad media asociada a la enfermedad se sitúa en torno al 30%. Además, actualmente no existe una vacuna disponible ni para personas ni para animales.
Los expertos recuerdan que el contagio se produce principalmente por la picadura de garrapatas infectadas, aunque también puede transmitirse por contacto con sangre o tejidos de animales infectados durante labores ganaderas o de sacrificio. Asimismo, existe riesgo de transmisión entre personas mediante el contacto estrecho con fluidos corporales de pacientes infectados.
Los datos del Centro Nacional de Epidemiología reflejan que entre 2016 y 2025 se notificaron 19 casos confirmados en España, todos ellos autóctonos y no importados. De ellos, seis terminaron en fallecimiento, lo que supone una letalidad del 31,6%.
Los casos se han registrado de forma continuada durante las últimas temporadas. Solo en 2024 se notificaron cuatro afectados en Salamanca, Toledo, Córdoba y Cáceres, mientras que en 2025 se confirmaron otros tres casos, dos de ellos nuevamente en Salamanca y uno en Toledo.
Los especialistas destacan que la mayoría de los afectados han sido hombres adultos y que los contagios asociados a picaduras de garrapata suelen producirse entre los meses de abril y agosto, coincidiendo con la época de mayor actividad de estos parásitos.
La aparición de un nuevo caso en Salamanca y la evidencia científica sobre la circulación sostenida del virus en zonas próximas refuerzan la importancia de extremar las medidas de prevención durante las actividades al aire libre, especialmente en entornos rurales y forestales donde las garrapatas encuentran las condiciones idóneas para su desarrollo.
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