En un año marcado por el eclipse solar de agosto, la bóveda de Fernando Gallego vuelve a poner el foco en una de las representaciones astronómicas más fascinantes del Renacimiento
El Cielo de Salamanca: arte y astronomía en la bóveda de la antigua Biblioteca Universitaria
En un año marcado por el eclipse solar de agosto, la bóveda de Fernando Gallego vuelve a poner el foco en una de las representaciones astronómicas más fascinantes del Renacimiento
En pleno corazón de la ciudad, junto al lugar donde los visitantes elevan su mirada en busca de la rana, la Universidad de Salamanca conserva un firmamento detenido en el tiempo y que invita al visitante a alzar la mirada también a un cielo muy particular. Sobre la bóveda de la antigua Biblioteca Universitaria, Fernando Gallego pintó a finales del siglo XV una singular representación del cosmos conocida como 'El Cielo de Salamanca', una obra en la que el arte y la astronomía se unen para mostrar cómo el ser humano ha mirado al cielo desde hace siglos.
En un año marcado por la expectación ante el eclipse solar de agosto, esta pintura adquiere un significado especial. Mucho antes de los telescopios modernos, de las retransmisiones científicas en directo y de las imágenes del firmamento y sus planetas en alta resolución, los astrónomos y sabios del Renacimiento ya observaban los movimientos de los astros con fascinación y rigor.
'El Cielo de Salamanca', hoy conservado en el Patio de Escuelas Menores, es un cuarto de esfera con un fondo azul sobre el que se han pintado cuatro cabezas que representan los vientos (Céfiro, Austro, Euro y Bóreas); cinco signos del zodiaco (Leo, Virgo, Libra, Escorpio y Sagitario); seis constelaciones australes, (Hidra, Cráter, Corvus, Centauro, Ara y Corona Austral); las constelaciones boreales de Boyero, Hércules y Serpentario; y dos planetas ptolemaicos: el Sol, representado sobre una cuadriga tirada por caballos; y Mercurio, representado por el dios romano sobre un carro tirado por dos águilas. También aparece junto a Hidra un árbol como elemento decorativo.

La pintura original, realizada entre 1483 y 1486, debía contener los siete planetas, incluyendo el Sol y la Luna, los 12 signos zodiacales, a un lado 21 constelaciones boreales y, al otro, 15 constelaciones australes. Sin embargo, hasta nuestros días apenas ha llegado un tercio de la obra de Fernando Gallego.
La pintura decoraba la bóveda de la primera biblioteca de la Universidad de Salamanca, ubicada en el lugar que hoy ocupa la capilla de San Jerónimo, en las Escuelas Mayores. Los dos tercios de la obra que faltan se derrumbaron en una reforma en el siglo XVIII y durante las obras de restauración posteriores la parte conservada quedó oculta bajo un falso techo. No sería hasta 1901 cuando fue redescubierta por el profesor García Boiza.
Hoy en día la pintura se conserva en una sala del claustro de las Escuelas Menores, donde fueron instaladas en 1953 tras ser retiradas de su ubicación original y restauradas.
Su funcionalidad y las imágenes representadas siempre han dado lugar a numerosas especulaciones por el misterio que las rodea. Hasta ahora, la más aceptada aseguraba que se trataba de una representación de la bóveda celeste de una noche de agosto de 1475. Sin embargo, los investigadores José Guillermo Sánchez León y Pablo Recio Sánchez, de la Universidad de Salamanca y la Universidad Politécnica de Valencia, respectivamente, publicaron en 2024 un trabajo en el que demostraban que "la pintura no es una representación de un cielo real de agosto de 1475. Se trata de una iconográfica, seguramente basada en la edición de 1482 del libro Poeticon Astronomicon, de Higino", explicaron en su momento.
Y es que en tras la creación en 1460 de la Cátedra de Astrología/Astronomía/Matemáticas, asociada a los estudios de Medicina, hombres doctos dieron forma en sus aulas a proyectos que asentarían las bases para la reforma del calendario gregoriano e impulsarían el conocimiento sobre la concepción del sistema cosmológico en la antesala de la revolución copernicana y la navegación transoceánica.

Por ello, según los investigadores, la bóveda "cumpliría una doble función decorativa y didáctica donde los planetas están en sus casas o domicilios según el Tetrabiblos de Ptolomeo. El error de suponer que lo representado por la pintura es un cielo real de la segunda quincena de agosto de 1475 es una idea reciente, de 1992, donde el autor calculó las posiciones de los planetas en las constelaciones zodiacales y no en los signos zodiacales, que es como se hacía en el siglo XV. Autores posteriores han arrastrado el error".
La nueva interpretación ofrecida por estos investigadores es coherente con las enseñanzas que se impartían en la Universidad de Salamanca en el s. XV. "La pintura se realizó cuando el catedrático de Astrología de la Universidad era Diego de Torres, quien probablemente asesoró al pintor Fernando Gallego en la elaboración del mural. En sus apuntes de clase, Diego de Torres incluía ejemplos explicativos de cómo se realizaban los cálculos astrológicos/astronómicos recurriendo a las tablas que el judío salmantino Abraham Zacut acababa de inventar y recogería en su primer libro de astronomía, el Hibbur", explicaron los investigadores.

Para desentrañar el misterio de esta bóveda, los autores proponen una explicación que encajaría con la distribución de la bóveda original. "En 'El Cielo de Salamanca' la posición de los planetas en los signos zodiacales se ajusta a los domicilios astrológicos recogidos en el Tetrabiblos, de Ptolomeo, y en el Tratado breve de las influencias del cielo, de Zacut". Una explicación que "es coherente con lo que el catedrático de astrología enseñaba en su cátedra y formaba parte de los estudios de medicina, ya que hay constancia de que en la pintura original había inscripciones con frases del Tetrabiblos".
Un 'Cielo de Salamanca' que, aunque lleva ese nombre, establecido por el profesor Laínez Alcalá en 1951, "no significa que se trate de un cielo visto desde Salamanca, pues incluye constelaciones del hemisferio Sur, como Centauro, no visibles desde Salamanca". En cualquier caso, la pintura es un pedazo de la historia de la USAL que forma parte del arte y el patrimonio salmantino y que no deja indiferente a quien levanta la mirada hacia el firmamento.
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