Un centenar de personajes de Star Wars desfilan por el centro histórico en una cita benéfica que convirtió la ciudad en un inesperado escenario interplanetario
Salamanca, tomada por la Fuerza: una tarde galáctica entre turistas, sables láser y solidaridad
Un centenar de personajes de Star Wars desfilan por el centro histórico en una cita benéfica que convirtió la ciudad en un inesperado escenario interplanetario
La tarde había comenzado como cualquier otro sábado de primavera en Salamanca. Pese a los chaparrones recurrentes, las terrazas llenas, turistas buscando la mejor fotografía de la Plaza Mayor, familias paseando sin prisa y grupos de estudiantes celebrando graduaciones con bandas al viento. Y entonces aparecieron ellos.
Stormtroopers cruzando la calle Compañía con precisión militar. Jedi saludando a niños desde la plaza de Anaya. Darth Vader caminando solemne bajo la mirada sorprendida de quienes, apenas unos minutos antes, buscaban un helado o un lugar para tomar algo. Salamanca dejó de ser Salamanca por un instante para convertirse en una pequeña capital galáctica.
Un centenar de integrantes de distintos clanes y asociaciones vinculadas al universo Star Wars desfilaron por el centro histórico en una cita llamativa y solidaria. Los seguidores de la saga esperaban móviles en alto desde ntes del inicio del recorrido. Otros, simplemente, se toparon con la escena por casualidad y tardaron unos segundos en entender qué estaba ocurriendo. Hubo turistas preguntando si se trataba de un rodaje, niños preguntando a R2-D2 y hasta graduados que cambiaron las fotos tradicionales por improvisadas imágenes junto a soldados imperiales.

La solemnidad monumental de Salamanca convivía con espadas láser de colores imposibles, criaturas del desierto de Tatooine y mandalorianos posando frente a fachadas platerescas. En las terrazas, más de uno dejó a medias la conversación para girarse al escuchar: "Que la Fuerza te acompañe".
Pero detrás del espectáculo había algo mucho más importante que la nostalgia cinematográfica. Recaudar fondos para ayudar al Movimiento Burujú en su propósito de apadrinar una habitación en la Casa Ronald McDonald de Madrid, donde se alojan familias con menores gravemente enfermos durante sus tratamientos médicos.
Cuando el desfile terminó y los photocalls comenzaron a llenarse en la plaza de las Úrsulas, como si la Fuerza hubiera encontrado refugio entre las calles de piedra dorada de la ciudad.
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