Un cortometraje rodado en Pedraza de Alba por Anais Ramos analiza la dificultad de mantener las tradiciones cuando falta un ser querido
"¿Si este año no se muere nadie, podemos celebrarlo?": La mirada de una niña sobre el Lunes de Aguas
Un cortometraje rodado en Pedraza de Alba por Anais Ramos analiza la dificultad de mantener las tradiciones cuando falta un ser querido
Hay tradiciones que no se explican. Se heredan, se viven y se repiten año tras año hasta que, sin previo aviso, algo cambia. En Salamanca, el Lunes de Aguas es una de ellas: una fecha marcada en el calendario que, más allá de su origen histórico, se ha consolidado como un ritual colectivo. Familias y amigos abandonan la ciudad y se reparten por las orillas del Tormes, por los caminos o por cualquier espacio donde quepan una manta, comida compartida y el imprescindible hornazo.
Pero ¿qué ocurre cuando ese día llega y alguien falta? Esa es la pregunta de partida de 'Lunes de Aguas', el cortometraje escrito y dirigido por Anaís Ramos, una joven creadora salmantina que aborda esta celebración desde una perspectiva poco habitual: la de la ausencia. La historia sitúa el foco en Vega, una niña de nueve años para la que esta jornada era, hasta hace poco, uno de los momentos más esperados del año.
En su caso, el vínculo con la tradición no estaba tanto en el hornazo, que detesta, como en la relación con su abuelo, con quien había construido un pequeño ritual propio. Era él quien se comía su ración y quien convertía ese gesto en una complicidad compartida, casi secreta, que daba a la celebración un significado especial.
La muerte del abuelo altera ese equilibrio. Tras un año sin celebración, el regreso al campo, al mismo lugar de siempre, se convierte en un momento cargado de significado para la familia. Especialmente para Vega, que no comprende el duelo en los mismos términos que los adultos, pero sí percibe la ausencia y la sensación de que algo ya no es como antes.
"Para mí era importante contar una de las festividades más representativas de la ciudad", explica Ramos, que asume en el proyecto la dirección, el guion y parte de la producción. "La historia surgió casi de golpe, sin buscarla. Apareció la idea de que en ese día sucediera algo, un pequeño reto visto desde el punto de vista infantil".
Ese "reto" pasa, precisamente, por volver a celebrar. El cortometraje se construye desde la ficción, aunque parte de una realidad reconocible para cualquier salmantino. El rodaje se llevó a cabo en los alrededores de Pedraza de Alba, un entorno ligado a la propia directora, donde su familia ha celebrado tradicionalmente el Lunes de Aguas. "Ahí sí hay algo autobiográfico. He tirado de lo que he vivido y de cómo lo recuerdo", señala.
Esa base personal se traduce en una puesta en escena naturalista, que evita lo artificioso y reproduce con cercanía los elementos habituales de la jornada: el campo, la comida compartida, los juegos de los niños o las conversaciones de los adultos.
Sobre esa cotidianidad se articula el principal conflicto del relato, que se construye a través de dos miradas. Por un lado, la de Vega, que no entiende por qué el año anterior no se celebró el Lunes de Aguas ni por qué resulta tan difícil retomarlo. Por otro, la de los adultos, que afrontan el peso de la pérdida y la dificultad de reconstruir una tradición marcada por la ausencia.
"Los niños no entienden hasta qué punto puede ser complicado para un adulto seguir celebrando algo cuando alguien falta. Ellos se fijan en lo concreto: ‘el año pasado no se hizo, ¿por qué este sí o por qué no?’", explica la directora. Esa lógica infantil se resume en una de las frases clave del cortometraje: "Bueno, y si este año no se muere nadie, ¿podemos hacerlo?". Una pregunta que, sin intención de herir, refleja una forma directa y distinta de entender la realidad.
El trabajo encuentra así su equilibrio entre la inocencia de la mirada infantil y la carga emocional del mundo adulto, abordando temas como el duelo, la memoria y la necesidad de mantener las tradiciones incluso cuando ya no pueden vivirse de la misma manera.
Aunque el Lunes de Aguas es una celebración profundamente local, Ramos reconoce que no siempre resulta fácil trasladar su significado a quienes no la conocen. "La gente de fuera tiene dificultades para entenderlo si no lo ha vivido. Mi pareja es de Córdoba y hasta que no vino, no lo comprendía del todo", apunta.
Más allá de su origen histórico, vinculado al regreso de las prostitutas a la ciudad tras la Cuaresma, la directora subraya que el sentido actual de la festividad ha evolucionado. "Hoy lo importante es reunirse, que un día entre semana todo se detenga y la gente salga al campo a estar junta", explica. Ese carácter colectivo también está presente en el cortometraje, que trasciende el ámbito familiar para reflejar una forma de convivencia compartida.
El proyecto ha contado con el respaldo de la Diputación de Salamanca, dentro de programas de impulso cultural como Provincia Creativa, además de la colaboración de pequeños negocios locales y del propio municipio de Pedraza de Alba.
El rodaje, sin embargo, no estuvo exento de dificultades, especialmente a nivel logístico. El equipo se enfrentó al reto de coordinar a un grupo amplio de personas, con presencia de adultos y niños, en exteriores y en una jornada que pretendía abarcar distintos momentos de la celebración. "Teníamos previsto rodar toda la mañana, comer allí y continuar por la tarde, pero a las doce tuvimos que salir corriendo porque empezó a llover y luego a nevar", recuerda Ramos.
Otra de las escenas más complejas fue la que reunió a una veintena de niños en un aula, un entorno potencialmente caótico que se resolvió con planificación y adaptación al ritmo de los más pequeños. "No fue tan complicado como parecía. Lo estructuramos bien y apenas hubo que repetir", señala.
A ello se suma la implicación de la actriz protagonista, que contaba con una experiencia personal similar en su relación con su abuelo, lo que facilitó la construcción emocional del personaje. El resultado es un cortometraje que apuesta por la sencillez para abordar una historia reconocible y cercana, en la que conviven la celebración y la ausencia.
'Lunes de Aguas', ha iniciado ya su recorrido por festivales, con presencia en citas como Alicante o el certamen de Pelabravo, y con nuevas selecciones previstas. En paralelo, el equipo ha decidido poner la obra a disposición del público a través de su página web, con el objetivo de acercarla a quienes reconocen en ella no solo una historia, sino también una forma de vivir una tradición. Porque, al final, más allá de su origen o de su evolución, el Lunes de Aguas sigue siendo, sobre todo, una manera de reunirse. De compartir. Y, también, de recordar.
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