Daniel Cuesta Gómez inaugura la Semana Santa con un discurso que une fe, tradición y emoción, llamando a vivirla como una experiencia que trasciende lo visible
"Salmantinos, llegan los días": un pregón que despierta a la Semana Santa el alma de la ciudad
Daniel Cuesta Gómez inaugura la Semana Santa con un discurso que une fe, tradición y emoción, llamando a vivirla como una experiencia que trasciende lo visible
Aún no huele a incienso en las calles de Salamanca ni resuenan los tambores sobre la piedra, pero la ciudad ya empieza a intuir que la Semana Santa está a punto de desplegarse. Como un telón que se eleva lentamente, el ambiente se llena de expectación y emoción contenida: cada rincón parece prepararse para los días en los que la fe, la tradición y la memoria se entrelazan. Y, como cada año, todo comienza con una voz capaz de dar sentido a lo que está por venir.
Esa voz es la de Daniel Cuesta Gómez, sacerdote jesuita, joven y profundamente vinculado a Salamanca, cuya elección como pregonero simboliza algo más que un acto protocolario. No es solo un anunciador: representa una mirada que une la tradición con la reflexión, la historia con el presente, y que invita a escuchar la Semana Santa no solo como espectáculo o costumbre, sino como una experiencia espiritual viva. Su perfil, marcado por la oración, la fe y la experiencia en la cofradía de Jesús Despojado, anticipa un discurso cargado de significado y cercanía.
Al abrirse las puertas del Teatro Liceo, el murmullo del público se convierte en un silencio expectante antes de que tome la palabra el presidente de la Junta de Semana Santa Francisco Hernández que deja un mensaje claro sobre una Semana Santa de Salamanca que "no solo se anuncia, se siente en la fe que, de generación en generación, trasciende" y recuerda que "pertenecer a una de nuestras cofradías, hermandades o congregaciones no es algo baladí. Es nuestro deber fortalecer la comunión eclesial, renovando la mirada hacia Dios y dando prioridad a la formación cristiana". Ha recordado que en septiembre Salamanca acogerá el Encuentro Nacional de Cofradías "una oportunidad única para compartir, con hermanos, cofrads de otros lugares la fe y la devoción", invitando a participar unidos "no caigamos en el error de nacer en Cuaresma para morir en Pascua".
Tomaban la palabra después los presentadores del pregonero, en este caso Álvaro Gómez, amigo del mismo, y Mateo Gómez, su ahijado. El primero presentaba a Daniel como "cristiano, católico, jesuita, cofrade y un gran amigo". Reiteraba que es "cofrade de los de verdad, de los que hablan de cofradías en pleno verano" y señalaba: "solo quien vive lo que cree puede despertar en otros el deseo de encontrarse con Cristo". Mateo le daba las gracias por "ayudarme a ser mejor cristiano y mejor cofrade".
La luz se atenúa y Daniel Cuesta toma la palabra acompaño en el escenario por Nuestro Padre jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Caridad y del Consuelo, además de una imagen de San Ignacio de Loyola. Tras los saludos, sus primeras frases no buscan el aplauso fácil: avanzan con la cadencia de quien sabe que la Semana Santa no se anuncia, se despierta. Cada palabra está impregnada de fe y de experiencia, de la mirada ignaciana que invita a contemplar la acción y a reconocer a Dios en medio de la realidad cotidiana.
El pregón, titulado 'Vítor glorioso', se despliega como un recorrido íntimo y colectivo a la vez, un diálogo entre tradición y presente, entre cultura y fe. Salamanca, desde sus butacas y sus ojos atentos, empieza a reconocerse en ese relato que une memoria, emoción y espiritualidad. Porque en el Liceo no solo se da la bienvenida a la Semana Santa: se enciende su latido, se recuerda su esencia y se abre la puerta a días donde cada gesto, cada imagen y cada procesión tendrán un sentido renovado.
El pregón avanza entre imágenes reconocibles para cualquier salmantino, hilando escenas que van desde la intimidad de la Eucaristía hasta el eco de las procesiones en la piedra dorada de la ciudad. No es solo relato: es interpelación constante. "Mi reino no es de este mundo y mi Semana Santa tampoco", afirma, invitando a mirar más allá de lo visible y a descubrir el sentido profundo de lo que está por comenzar.
En su recorrido, también hay espacio para la duda contemporánea, para esa pregunta que resuena en las calles: "¿Cómo puede ser que una sociedad laica llene sus calles de nazarenos, cruces, pasos y penitentes?". La respuesta no se impone, se sugiere en el silencio del creyente, en "quienes rezan en silencio, mirando hacia dentro y vibrando como solo vibra un creyente cuando sale en procesión".
Pero el pregón no se queda en la contemplación. Da un paso más, pasea por Salamanca, por sus rincones y también por sus cofradías, hermandades o imágenes y se convierte en llamada personal, directa: "Da un paso al frente, alma cristiana, y haz tú algo por él". Una invitación a implicarse, a no vivir la Semana Santa como espectador, sino como protagonista.
Y entonces tras un repaso con llega el momento culminante, el que rompe definitivamente la espera y convierte la emoción contenida en certeza compartida: "¡Salmantinos, llegan los días! ¡Salmantinos, salid a las calles! ¡Proclamad que Cristo vive!". Una proclamación que no es solo un anuncio, sino una declaración de identidad. Porque, como recuerda el propio pregonero, "no hay nada mayor que un Dios que da la vida y que por eso no hay tiempo más grande que la Semana Santa".
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