Emeterio Berrocal y Eva Castillo han trabajado juntos durante años para lograr la demolición de un edificio que no ha dejado de causar problemas
La pelea de los vecinos de Chamberí pone fin a la fábrica de lanas: "Hay que seguir luchando en este barrio"
Emeterio Berrocal y Eva Castillo han trabajado juntos durante años para lograr la demolición de un edificio que no ha dejado de causar problemas
Hablar de la antigua fábrica de lanas de Chamberí es hablar de problemas y de lucha vecinal. Tras cerrar sus puertas en el año 1984, el estado de las infraestructuras no ha dejado de empeorar. Años de abandono que se tradujeron en caída de cascotes en el interior, peligro de derrumbes y jóvenes que accedían para hacer botellón, fiestas o pintar grafitis. Por ello, desde que se construyó el bloque de edificios de los números 63-69 la voz de Emeterio Berrocal encontró más aliados.
Berrocal es uno de los rostros más emblemáticos del barrio. Antiguo presidente de la Asociación de Vecinos de Chamberí y actual miembro de la Asociación de Mayores del barrio, ha sido una de las figuras incansables que han estado al pie del cañón para ir mejorando este barrio de la capital. Si bien con los nuevos vecinos encontró en Eva Berrocal a una aliada, a alguien con quien formó un equipo "formidable" como él mismo reconoce, de esos que a pesar de ser dos parecen contar con "diez o doce personas", su lucha arrancó antes.
La antigua fábrica de lanas provocaba inseguridad y problemas de salubridad a los vecinos, además de que por otro lado ha sido un auténtico obstáculo para la movilidad en el acceso a la Calle Mayor. Por ello, en busca de ensanchar las aceras y evitar posibles lesiones, Emeterio Berrocal estuvo años abanderando esta reclamación. Una de las muchas que ha llevado a cabo y que finalmente se está haciendo realidad, ya que tras la demolición se ha planteado aumentar la extensión de las zonas de paso y facilitar que cualquier persona pueda circular.

Estado de la acera en el acceso a la Calle Mayor.
"Llevamos 77 años con ese embudo en la entrada de la Calle Mayor", recalca a Tribuna Salamanca, insistiendo en que no hay que quedarse aquí porque "hay que seguir luchando en este barrio, hace falta que se mejore bastante". Una muestra más de lo que siempre ha sido, un luchador incansable por uno de los barrios más 'olvidados' de la capital salmantina.
Junto a él en esta lucha ha estado Eva Castillo, vecina del bloque colindante a la antigua fábrica y que, incluso en los últimos días, se ha topado con que los trabajos han acabado derribando el muro que separaba las dos infraestructuras. Un golpe más, ese que espera que sea el último y que dé por finalizada la pelea que han tenido desde que los propietarios adquirieron estas viviendas. "Llevamos desde el 2017 enviando instancias al Ayuntamiento sin vuelta de información absolutamente de nada. Y cuando conocí a Emeterio y nos dimos cuenta que cada uno estaba luchando por un lado y que juntos a lo mejor podíamos aunar fuerzas y conseguir más cosas, me puse de voluntaria".
Las tareas de retirada de amianto y de demolición arrancaron el pasado 4 de marzo. Ese día quedará para el recuerdo como "un triunfo" para su comunidad de vecinos, un grupo de salmantinos que necesitaban "poder disfrutar de las zonas comunes con seguridad". "Mis hijos tienen 15 años y no saben lo que es estar una tarde tranquila aquí porque ha habido de todo y ha pasado de todo. Aquí ha entrado gente, ha entrado... Bueno, el caso es que ya lo importante es que se ha solucionado", recalca con una sonrisa.
"Hemos tenido serpientes silvestres, invasión de gente"
Pero no olvida todos estos años en los que han convivido con el miedo a un derrumbe o a posibles daños estructurales. "El muro ha estado agujereado, ha estado cortada la valla, aquí hemos tenido serpientes silvestres, invasión de gente, hemos tenido que contratar a una empresa de plagas para que nos desraticen, que nos tengan controlado la instalación de las mallas, los gatos, que al final nos han ayudado porque es que mantenían controlada toda la fauna aquí, pero no deja de ser para nosotros una inversión que era dinero perdido". Situaciones que parece que quedarán atrás a partir del próximo 4 de abril, fecha marcada por la empresa que está realizando la obra como el fin de la misma.
"Sabemos que es una obra complicada, que nos están facilitando las cosas ellos, que tenemos comunicación con el técnico arquitecto de la obra que es una persona muy amable que cuando ha sucedido algún incidente ha venido rápidamente y hemos podido contactar con él", aclara Eva, quien está a la espera de que lleguen esos primeros días de abril para poner fin a una pesadilla con la que han convivido durante años y a la que ha hecho frente junto a Emeterio para mejorar el barrio de Chamberí y sus propias vidas.
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