El zamorano David Muñoz presentó este martes 'Entre las hojas escondido', el relato de un niño salvaje criado en la Sierra de la Culebra antes de ser acogido
Los niños salvajes y la Sierra de la Culebra: "Sin la civilización ni la educación, ¿seríamos eso?"
El zamorano David Muñoz presentó este martes 'Entre las hojas escondido', el relato de un niño salvaje criado en la Sierra de la Culebra antes de ser acogido
¿Quién no pensó de pequeño -o siendo adulto- en vivir rodeado de los animales? ¿De vivir en el monte? ¿De ser un niño salvaje al ver películas como 'El libro de la selva' o leer relatos como el de Víctor de Aveyron? Por ello, el zamorano David Muñoz decidió abordar estas vidas fascinantes a través de su novela 'Entre las hojas escondido', una obra que relata la vida de Samuel Carvalho, un niño criado en la Sierra de la Culebra y que fue acogido en una familia en Santa Cruz de los Cuérragos. Un relato que ya ha presentado en su ciudad y en la provincia vecina, Salamanca, después de ser 'bendecido' por un pilar de la literatura española como Enrique Vila-Matas.
- El libro cuenta la historia de Samuel Carvalho, un niño que se cría directamente en la Sierra de la Culebra. El apellido y el choque con la naturaleza muestran dos conexiones claves de la zona.
- Claro. Samuel está en la frontera en muchísimos sentidos. Está en la frontera entre el ser humano y la naturaleza, está en la frontera entre España y Portugal y luego también, algo que me interesaba mucho, es que está en la frontera entre la ficción y la realidad.
Entre el ser humano y la naturaleza, porque es un niño salvaje, que se cría, supuestamente, durante un tiempo indeterminado que nadie sabe exactamente cuánto es. Se cría él solo, abandonado en los bosques de la sierra. Él afirma que tiene contacto con animales, que incluso algunos animales, los lobos, le acogen como uno más y, a partir de ahí, él desarrolla unos rasgos de carácter o de personalidad que tienen mucha relación con los rasgos de los niños salvajes, en esa frontera entre lo humano y lo animal.
Pero luego está la frontera entre la ficción y la realidad, porque, en primer lugar, en todas las historias de niños salvajes, nunca sabemos cuánto hay de cierto y cuánto hay de falso. Y a Samuel le pasa igual, tenemos su testimonio, pero en el testimonio hay muchos errores y muchas cosas que no están claras. Entonces, el narrador nunca sabe cuánto creerse y cuánto no creerse. Y el lector, supongo que le va a pasar igual, porque está luego en la otra frontera, ficción-realidad, que es decir, ¿Samuel existe o no existe? ¿Cuánto de lo que me están contando en este libro es verdad o no? Porque muchas de las cosas del narrador, que cuenta el narrador, que pasan a su alrededor, pues, son reales.

- En el primer capítulo el narrador y Samuel empiezan a hablar, se han criado juntos desde que a Samuel lo acoge la familia del narrador, pero el propio Samuel le dice directamente que para él siempre ha sido un extranjero dentro de la sociedad.
- Él es muy consciente de eso, es muy consciente de esa extranjería, de no ser como los demás. Él dice que ha ido a especialistas toda su vida, es decir, a psicólogos, pedagogos, gente que le analizaba y veía que no es como los demás y que el idioma que habla no es como el idioma de los demás, sino un idioma, él dice que es un idioma propio. Y lo vemos en el lenguaje pues, por ejemplo, el uso del así constantemente; los verbos siempre en presente, como si todo le sucediera una y otra vez, los acontecimientos del pasado que cuenta y los planes del futuro es como si estuvieran sucediendo todo el tiempo en el presente; y el uso del pronombre reflexivo, en vez de llueve dice 'me llueve', como si todo le pasara a él. Con ese lenguaje particular, claro, él se da cuenta que es un lenguaje distinto, que su manera de pensar y de ver la realidad es distinta, quizás por el tiempo que pasó con los animales, y entonces el narrador lo que tiene que hacer es traducir ese lenguaje a un lenguaje comprensible, o interpretar a Samuel y darle una interpretación al lector de quién es Samuel, de por qué habla así, de por qué se comporta así, etc.
"En todas las historias de niños salvajes, nunca sabemos cuánto hay de cierto y cuánto hay de falso"
- Has explicado que hay una teoría de que todos estos niños salvajes eran niños autistas a los que se había abandonado, que esa teoría se recoge en las páginas de la novela, y vuelve a esa contraposición naturaleza-ser humano. Eso demuestra que el ser humano puede ser incluso más cruel que el reino animal.
- Lo del autismo, sí, hay autores que dicen que los niños salvajes son niños autistas, y que han sido abandonados por su autismo, y que los rasgos que ellos tienen no es por haber pasado tiempo en la naturaleza, sino rasgos congénitos.
En el siglo XVIII, cuando se encuentra a Víctor de Aveyron, uno de los niños salvajes más famosos en Francia, en el sur de Francia, el primer médico que lo estudia no usa la palabra autismo porque en esa época no existía ese término, pero ve que hay algo, él piensa que hay algo congénito, piensa que hay algo incurable, de hecho lo califica como un idiota incurable. Mientras que el otro médico que lo acoge, quien escribe sobre él y que hace un estudio sobre él, que es llamado Jean Guitart, dice que el problema ha sido la falta de socialización y el tiempo que ha pasado en la naturaleza y que, entonces, si se le socializa de nuevo, podrá volver a reintegrarse en la sociedad y ser una persona normal y corriente. Él lo intenta, el resultado no es concluyente, no consigue hablar del todo, pero hay ciertos progresos. Entonces, siempre está esa duda de si era así por naturaleza, de si es algo que han sufrido después, es decir, ¿cuánto ha tenido que ver la naturaleza? ¿Cuánto ha tenido que ver el nacimiento? Y luego, claro, pues lo que se plantea en la novela es que el único hogar para Samuel posible es la naturaleza. Samuel intenta vivir con los humanos, él intenta reintegrarse en la sociedad, no lo consigue, en parte porque la sociedad es cruel hacia él, en parte porque hay algo dentro de él que se lo impide. Entonces, el hogar final, pues es la naturaleza.

- ¿De dónde surge esa curiosidad por los niños salvajes? ¿Hay algo de un ligero deseo de haber explorado esa situación?
- Bueno, hay dos cosas. La fascinación me surge, yo creo que ya desde adolescente me acuerdo de leer en el libro de ética de cuarto de la ESO la historia de este Víctor de Aveyron y fascinarme y decir que cómo es posible que un niño sea criado por lobos. Y las historias del 'Libro de la selva', de Mowgli, todo esto. Primero las historias ficticias, pero luego darme cuenta de que había casos reales y decir, 'pero ¿esto cómo es posible?'
Luego está el hecho de que yo empecé a escribir esta novela y a pensarla, antes que escribirla. Estaba viviendo en Irlanda y quería escribir, estaba traduciendo, yo soy traductor y traducía muchos libros sobre naturaleza, sobre naturaleza salvaje y sobre el regreso de lo salvaje, del lobo al panorama que nos rodea. Estaba asistiendo también a lo que pasaba en Zamora, a la despoblación, al vaciamiento de los pueblos y cómo la naturaleza regresaba y cómo el lobo regresaba y ganaba terreno. Entonces, había un interés por ese lugar, un interés por el colegio donde yo estudié, que se habla en la novela, que fue un colegio público donde hubo un programa de integración de niños con necesidades educativas especiales, había un interés también por las máscaras que aparecen en la novela.
Todo eso, como que de repente cristalizó en la figura del niño salvaje y justamente conecté con esa fascinación que había tenido ya desde pequeño y con esa idea que tú dices de la envidia o del deseo de ser, un deseo oscuro, de ser un salvaje, de ser un niño feral, un niño criado en la naturaleza. Cuando me puse a escribir a Samuel lo que hice fue dar rienda suelta a mis sueños más oscuros, de quien no soy, una especie de doble, una especie de doppelgänger que iba conmigo de pequeño.
"Cuando me puse a escribir a Samuel lo que hice fue dar rienda suelta a mis sueños más oscuros"
- El autor es los dos personajes.
- Sí, soy el narrador, muy claramente, no soy exactamente así, pero he exagerado ciertos rasgos de mí quizás, pero el narrador se identifica muy claramente conmigo y me interesaba mucho hacer eso. Lo que quería, y mi objetivo último con esta novela era incrustar a Samuel en la realidad, es decir, que la gente dudara de si esto es verdad o esto no es verdad, ¿cuánto hay de verdad en esto?, ¿Es posible que exista un niño salvaje en mitad de la Sierra de la Culebra y que nosotros no nos hayamos enterado?
Quería que todo lo que lo rodeaba fuera real para ver qué pasaba, qué daba de crear un relato, pero de nuevo es lo mismo que sucede con el resto de niños salvajes, que no sabes cuánto es verdad y cuánto es mentira. Entonces quería seguir esa tradición de jugar entre lo real y lo ficticio y que la gente dudara y que se preguntara si esto podía haber sido verdad.

- Lo que es real es que viviste cinco años mientras escribías en la zona de la Sierra de la Culebra y la historia se enmarca, aparte de en el monte, en Santa Cruz de los Cuérragos, un pueblo muy pequeño de la provincia de Zamora. ¿Es más difícil escribir de lo que se tiene cerca, aunque sea como paisaje?
- Sí, sí, claro. De hecho, yo en realidad estuve diez años con esta novela. Los primeros cinco los pasé en Sanabria, cerca de la Sierra de la Culebra y los siguientes cinco en París. Hasta que no me fui a París no fui capaz de escribir la novela. Los primeros cinco le di vueltas, busqué maneras de empezar, busqué el enfoque, exploré los paisajes, me recorrí la sierra de un lado a otro, pero no fue hasta que no me marché, hasta que no me alejé, que pude empezar de verdad por varias cosas.
En primer lugar, porque el narrador tiene un tono de por sí melancólico, nostálgico. El narrador es alguien desarraigado que intenta enraizar en ese lugar, que es el lugar de su familia, de sus antepasados, y no acaba de conseguirlo, y envidia de Samuel que él sí sea capaz de enraizar en ese lugar. Samuel es casi la identificación de la sierra, entonces, ese tono nostálgico, distante, melancólico, me costaba mucho crearlo cuando vivía ahí.
"Samuel es casi la identificación de la sierra"
En segundo lugar, porque relacionado con esto, el narrador habla de un lugar, de la sierra y, de los pueblos de la sierra que están prácticamente en proceso de desaparición, donde no hay niños, donde toda la gente es mayor, donde en 15 o 20 años va a ser difícil que haya alguien en muchos de esos pueblos. Y, claro, cuando yo vivía allí, justamente trataba de lo contrario, trataba de escribir la vida en esos pueblos, entonces era un poco esquizofrénico tratar de darle vida en la práctica a esos pueblos, pero luego escribir sobre su defunción.
Y, por otro lado, por una cuestión que es curiosa, que, claro, estar cerca, estar en el lugar del que quieres hablar, o el lugar que te interesa, está muy bien en términos políticos, sociales, pero a mí me costaba mucho en términos literarios, es decir, me costaba hablar de mis vecinos desde cerca, no porque hable mal de ellos, pero sentía que no tenía libertad para hacer eso cuando estaba cerca, cuando estaba viviendo allí, y es una pena, me hubiera gustado ser capaz de hacer eso, ser capaz de tener esa libertad, pero no lo conseguí. Tuve que irme y estando en París, desde lejos, con el recuerdo de esos lugares, con esa libertad para hablar de diferentes personajes, de paisajes, de cosas que han pasado en la sierra, etc., pues ya pude, durante los cinco años siguientes, escribir.

- Los personajes tienen muchas cosas de ti, pero esa fascinación por la naturaleza es universal y en este libro pueden identificarse muchas personas.
- Creo que sí. Me interesaba que los personajes fueran concretos, sobre todo el personaje de Samuel fuera muy concreto, pero claro, el deseo de conectar con la naturaleza, el deseo de reconciliarnos con nuestra parte salvaje, eso está ahí, y cada vez más, porque cada vez estamos más lejos. Me parecía que podía hablar a todo el mundo, y que en ese hecho del niño salvaje o el narrador en su viaje fallido de vuelta a la naturaleza podía identificarse mucha gente, más allá de que tampoco busque la identificación, sino más bien lo que te decía antes, que la gente se pregunte si esto podría ser verdad. Lanzarnos al monte a ver si existe de verdad el niño salvaje, escucharlo hablar, tener su voz en la cabeza. Es también una forma de enriquecer la experiencia humana, es decir, eso es lo que nos dan los niños salvajes, cuando nos miramos, cuando nos observamos, cuando leemos sobre ellos, nos hacen preguntas sobre qué somos, sobre que si no tuviéramos la civilización y si no tuviéramos la educación, ¿seríamos eso? Qué miedo y al mismo tiempo qué fascinante, ver al ser humano tan desvalido al carecer de lenguaje, al carecer de socialización, lo poco que somos, y al mismo tiempo lo capaces que somos de sobrevivir, todo eso es fascinante. Y bueno, me parece que permite pensarnos como mucho más de lo que nos creemos habitualmente, pensar al ser humano como algo mucho más grande, mucho más distinto de lo que podemos pensar habitualmente.
- Por último, este martes presentó la novela en Salamanca, ¿qué supone hacerlo fuera de la provincia y de la Sierra de la Culebra?
- En Zamora está funcionando muy bien el libro y me alegro un montón, pero al final también es un libro que he escrito para fuera de Zamora, sabiendo que hay un componente muy universal, que justamente el análisis minucioso que hago del territorio sirve como una forma de entender el territorio que se puede aplicar a muchos otros territorios y a muchos otros lugares. Con un poco de inquietud de saber cómo se lo va a recibir la gente, pero al mismo tiempo, pues con mucha emoción, porque en Salamanca estudié Filología Hispánica, la persona que me presenta, Paqui Noguerol, fue profesora mía durante la carrera, así que muy emocionado.
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