El biólogo Raúl Rivas explica cómo los microorganismos modifican el comportamiento de humanos y animales, y por qué son esenciales para la vida y la salud
Microbios que nos controlan: cómo parásitos y bacterias pueden influir en nuestro comportamiento
El biólogo Raúl Rivas explica cómo los microorganismos modifican el comportamiento de humanos y animales, y por qué son esenciales para la vida y la salud
Existen microorganismos capaces de modificar el comportamiento animal -y el humano- en beneficio propio pues "su objetivo es sobrevivir, y si para ello tienen que cambiar nuestra percepción de la realidad o nuestro comportamiento, lo intentan" aunque "no sobreviviríamos sin ellos", explica en una entrevista con EFE el biólogo de la Universidad de Salamanca Raúl Rivas.
Este doctor y catedrático de microbiología pasa revista a la secreta influencia de parásitos, microbios, bacterias y virus sobre sus especies anfitrionas en su última publicación, 'Microorganismos, cerebro y control mental' (editorial Guadalmazán), en el que precisa cómo "nos utilizan como vehículo" y son capaces de "volvernos más agresivos o hacer que tomemos decisiones no del todo correctas" empleando para ello diferentes estrategias químicas o físicas.
Un ejemplo es 'toxoplasma gondii', un parásito "relativamente conocido para la población por su capacidad para afectar sobre todo a mujeres embarazadas con riesgo de aborto si las infectan" y que propicia comportamientos de riesgo en humanos y animales, basados en un arrojo excesivo.
Así, en los lobos "promueve que lleguen a ser los miembros alfa de la manada, tanto hembras como machos", mientras que en los seres humanos "puede motivar el emprendimiento pero también las malas decisiones", como sucede con algunos accidentes de tráfico porque "las personas infectadas conducen de manera más agresiva o toman peores determinaciones en momentos críticos".
El parásito perfecto
Rivas describe entre otras especies a la 'Sacculina', un tipo de crustáceo incluido entre los rizocéfalos que infecta a cangrejos, como "el parásito perfecto, porque confunde absolutamente a su anfitrión" al instalarse en su zona genital y "hacerles creer que es su descendencia pues externamente parece igual que si fuese su puesta de huevos".
Los cangrejos cuidan de este huésped disimulado y le ayudan a dispersarse, a costa de sufrir "la castración parasitaria, la reducción en el crecimiento de las características sexuales secundarias, la feminización de los cangrejos machos y la alteración general de su comportamiento".
Este tipo de infecciones afecta además a los negocios de acuicultura porque los ejemplares de cangrejo parasitados no sólo pierden capacidad reproductiva sino que tienen un peso y un tamaño corporal inferiores a lo normal y, al no existir ningún tratamiento específico, la única opción es eliminar a toda la población cultivada de cangrejos.
Una película de terror
Algunos tipos de parasitismo son especialmente tenebrosos, como el de la avispa joya 'Ampulex compressa', que inyecta con su aguijón en el sistema nervioso de las cucarachas un auténtico cóctel químico "en el que parecen están involucrados diferentes neurotransmisores" que las convierten en insectos dóciles y a su servicio.
"La cucaracha hace entonces lo que quiere la avispa, que la conduce como si la estuviera paseando, como si fuera su mascota, hasta un agujero en el suelo", apunta Rivas, donde "le coloca un huevo en una pata y cierra luego la madriguera".
Del huevo emergerá una larva de la avispa que crecerá alimentándose de la cucaracha viva hasta llegar al estado de adulto.
Estos cócteles químicos, que utilizan distintos parásitos, producen efectos "semejantes a los de algunas setas alucinógenas" en los anfitriones, como sucede también con un hongo del género 'Cordyceps' que coloniza a hormigas de las selvas tropicales hasta convertirlas literalmente en zombies.
Forzada por el hongo, la hormiga abandona su colonia, trepa a una hoja, muerde su nervadura central y muere en posición fija, a partir de la cual el primero se desarrolla y dispersa sus esporas para infectar a otros insectos.
Y sin embargo...
Son muchos los parásitos que pueden penetrar en el ser humano "ya sea como hospedador final o como hospedador intermediario" y con distintos efectos, como los tripanosomas que causan la enfermedad del sueño, transmitida por moscas y que resulta "una carga inmensa para el continente africano".
De hecho, "casi la mitad de todos los animales conocidos en la tierra son parásitos", desde los piojos hasta las lombrices o las sanguijuelas, entre otros.
Sin embargo, este biólogo recuerda que "el planeta no podría sobrevivir sin ellos porque son absolutamente necesarios por ejercer distintas funciones clarísimas como el del control de poblaciones" y son bioindicadores útiles de la salud de los hábitats.
A ello hay que sumar que el cuerpo humano posee "una buena cantidad de microbios en su interior, que necesitamos" como sucede con "la muy de moda últimamente microbiota intestinal" aunque también existen otras como la microbiota bucal o la vaginal.
"Muchos de estos microorganismos son importantísimos para nuestro bienestar físico y mental", insiste, y sólo ahora "estamos empezando a vislumbrar todo su potencial".
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