Flor del Carmelo: la devoción que florece en Salamanca cada julio

El cariño del pueblo salmantino por la Virgen del Carmen se expresa en novenas, procesiones y celebraciones como las de Villoruela, Alba de Tormes o Ledesma

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Flor del Carmelo: la devoción que florece en Salamanca cada julio
El autor esTeresa Sánchez
Teresa Sánchez
Lectura estimada: 3 min.

Cada 16 de julio, la Virgen del Carmen convoca corazones en toda la Diócesis de Salamanca. La conocida como Flor del Carmelo, una de las advocaciones marianas más queridas por el pueblo cristiano, vuelve a llenar de fe, tradición y esperanza calles, templos y orillas del río Tormes. Desde Villoruela hasta Alba, desde Peñaranda hasta Ledesma, la devoción se transmite de generación en generación y se convierte en una celebración profundamente sentida.

La devoción a la Virgen del Carmen nace en el Monte Carmelo, en la actual Israel, donde un grupo de ermitaños inspirados por los profetas Elías y Eliseo se consagró a la Virgen María. De allí surgió la Orden del Carmen, que se expandió por Europa en el siglo XIII. En 1251, la Virgen se apareció a San Simón Stock, prior general de la orden, y le entregó el escapulario como símbolo de protección.

Ese escapulario, aún hoy muy presente en Salamanca, representa el compromiso cristiano con una vida de fe, servicio y oración. Como recuerda el carmelita Fr. Javier Beauvais desde el convento de San Andrés, "no es un amuleto", sino un signo de consagración a María y seguimiento del ejemplo de la primera discípula.

Villoruela: un voto nacido del cielo

En Villoruela, la Virgen del Carmen no solo se celebra: se honra con un voto. Todo comenzó en 1885, cuando una tormenta amenazaba con arrasar el pueblo. Los vecinos sacaron en procesión a la Virgen y, según la tradición, el temporal se desvió. Desde entonces, cada 16 de julio, el pueblo cumple su promesa.

La fiesta se celebra en unión con el Cristo de la Esperanza. El 15 de julio se realiza la ofrenda floral, y el 16 tiene lugar una misa solemne y una procesión con ambas imágenes, en un ambiente que mezcla recogimiento y alegría popular.

Alba de Tormes: la Virgen que navega

En Alba de Tormes, la devoción se vive también sobre el agua. La Virgen del Carmen, patrona de marineros y pescadores, recorre en procesión fluvial el río Tormes. Durante la travesía, un grupo de vecinos saca del fondo del río un escapulario como símbolo de protección renovada.

Los Carmelitas Descalzos organizan una intensa novena en el convento de San Juan de la Cruz, que culmina el día 16 con varios actos: Rosario de la Aurora, misa solemne y, por la tarde, una eucaristía presidida por una imagen de la Virgen atribuida a la escuela de Gregorio Fernández. Después, la comunidad comparte dulces y limonada en la plaza del convento.

Peñaranda y Ledesma: fe que permanece

En Peñaranda de Bracamonte, la devoción se vive en el silencio del convento de las Carmelitas Descalzas. Allí se celebra una novena con rezo del Rosario y eucaristías diarias, y el 16 de julio, la misa solemne congrega a numerosos fieles.

Por su parte, en Ledesma, la Virgen del Carmen es la patrona del municipio. La celebración incluye la tradicional subida de la imagen desde su ermita hasta la iglesia de Santa María Mayor, donde permanece hasta el 20 de julio. Durante esos días, se celebra la novena, y el día grande, la imagen recorre en procesión las calles del pueblo antes de regresar a su ermita.

Fuente: Diocesis de Salamanca 

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